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REVISTA Columnas

Mi adiós a Chavela Vargas

Por:

05-08-2012

Ayer pasé la tarde escuchando canciones de Chavela Vargas, un hábito sabatino que tengo desde hace varios años. Casi siempre por ahí de la seis, si estoy en casa y el mundo se encuentra en calma, me gusta escuchar “Un mundo raro”, “Macorina”, “La nave del olvido” y alguno de los corridos revolucionarios que tan […]

Ayer pasé la tarde escuchando canciones de Chavela Vargas, un hábito sabatino que tengo desde hace varios años. Casi siempre por ahí de la seis, si estoy en casa y el mundo se encuentra en calma, me gusta escuchar “Un mundo raro”, “Macorina”, “La nave del olvido” y alguno de los corridos revolucionarios que tan bien cantaba Chavela. Vivo en Australia, y su voz aguardentosa, esa voz que envidiaría hasta la versión vieja de Johnny Cash, me hace sentir un poco más cerca de México. Ayer, sin embargo, mi sesión con la Vargas fue diferente: estaba aderezada por la nostalgia. Sabía que se encontraba grave en un hospital de Morelos. Sabía que había dado ya su último adiós, asegurando que, como buena chamana, trascendería con la muerte. Eso me hizo servirme el último chorrito de mezcal que me quedaba, cortesía de Antonio Ponce, uno de los editores de Cine PREMIERE, quien recientemente viajó a Australia. Sin querer G lavó el vaso donde reposaba ese último traguito de elixir oaxaqueño. Yo tomé aquello como una premonición, como una fuente de tristeza anticipada. Fue buena oportunidad para poner “Noche de ronda” y decirle, en silencio, adiós a la chamana, a esa versión mejorada de Edith Piaf. 

Me desperté hace algunos minutos con la noticia. Un insomnio tenaz y un sueño como de película de horror me despertaron a las 4:30 de la mañana. Aún con el vaho del sopor sobre mis ojos consulté Twitter. Adioses a Chavela. Algunos chistes de mal gusto sobre su muerte. Cables de agencias noticiosas. Sí, Chavela había muerto. Tomé su desenlace con temple. Sé que es medio ridículo entristecerse por el fallecimiento de una celebridad, pero Chavela para mí significa muchas cosas. No sólo es la voz de mi tierra (aunque ella era costarricense de nacimiento), también es el símbolo de una mujer que nunca negó lo que es y que siempre mantuvo su integridad como artista. Su homosexualidad abierta es y fue revolucionaria, sobre todo en un ambiente como el de la música ranchera, en que los roles de género se encuentran tan marcados. La muerte de Chavela da un carpetazo final a un pasado que fue, si no mejor, sí más profundo, honesto y apasionado. La noticia sobre su muerte ya no sería sorpresa para muchos. Tras sus 93 años y haber caminado por décadas, como ella decía, en el bulevar de los sueños rotos, su cuerpo había dado de sí.

Carlos Monsiváis dijo de ella: “Chavela Vargas ha sabido expresar la desolación de las rancheras con la radical desnudez del blues”. Y qué verdad hay en esas palabras. Eso es lo que identificó Pedro Almodóvar y lo que hizo que volviera a lanzarla al mundo en las salas de conciertos de Madrid, donde la Vargas vivía y donde había sobrevivido al terrible alcoholismo. Los litros de tequila que bebió con José Alfredo Jiménez son legendarios. También lo son sus romances. Dicen por ahí que sedujo a Elizabeth Taylor y Ava Gardner, y se acostó con ellas. Ojalá sea cierto, ojalá que haya viajado por los cuerpos de esas estrellas y que se haya llevado ese dulce recuerdo hasta la muerte. 

Chavelita se nos fue. No sé qué más escribir sobre ella que ustedes, queridos lectores, no leerán en otros lados. Los dejo con la escena de la Frida de Julie Taymor en que aparece cantando nuestra querida Vargas, honrando a la muerte a la vez que interpreta a la mismísima huesuda.

A propósito, escribe Pedro Almodóvar en una carta de despedida que circula ya por las redes sociales:”Las mejores versiones de “La llorona” las interpretó en sus últimos conciertos. Abordaba la canción con un murmullo, y en ese tono continuaba, recitando palabra por palabra, hasta llegar al épico final. Cantar lo que se dice cantar solo cantaba la última estrofa, de un modo ascendente hasta gritar su última y breve palabra. “Si como te quiero quieres llorona, quieres que te quiera más. Si ya te he dado la vida, llorona, qué más quieres. ¡Quieres MÁS!”  Estremecía escuchar la palabra “más” gritada por Chavela“. 

Amén. 

Y aquí tenemos a Almodóvar presentando a Chavela en Bellas Artes: 

 


Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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