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Entrevista con Ben Affleck por Argo

Por:

08-11-2012

El actor y director platica en exclusiva con nosotros de su tercera película como cineasta y confiesa qué directores le dejaron una gran enseñanza.

No nos sorprende que Ben Affleck sea capaz de dirigir una película. Sin duda sus filmes Desapareció una noche (Gone Baby Gone) y Atracción peligrosa (The Town), ambos thrillers enfocados en los personajes, que emanan autenticidad, lo establecieron como un director legítimo instalado en el grupo de actores convertidos en directores, al que pertenecen Clint Eastwood, Robert Redford y Warren Beatty.

Sin embargo, el alcance, complejidad y humor de su más reciente película, Argo, eleva la altura del listón. El filme está basado en una historia demasiado loca como para ser cierta, que ya no está clasificada, sobre la crisis de los rehenes en Irán en 1979. Es una de las mejores películas del año y Affleck es uno de los directores más de moda en Hollywood.

Esto fue lo que nos dijo el actor convertido en director en nuestra entrevista:

Tu personaje, un operador de la CIA que se especializa en rescates secretos está solo en esta misión. ¿Alguna vez te sientes de la misma manera como director?
Bueno, te puedo decir que paradójicamente el dirigir películas es una labor muy solitaria. Estás rodeado de personas, pero eres el único con una responsabilidad. Eres el único que carga todo sobre su espalda. Y sientes que nadie comprende todas las cosas que tienes que considerar. Hay algo que quieres. Puede que no entiendan qué es. Uno de los dos será infeliz. Es difícil y extrañamente solitario. Y cuando hablo con otros directores, a menudo me dicen que es el trabajo más solitario del mundo. Una de las cosas que me atrajo de interpretar a Tony es que para ser un espía e ir a estos países, tenía que ser tan olvidable como fuera posible. Su objetivo era que si él estaba dentro de un elevador y tú entrabas, y luego te salías en tu piso, no fueras capaz de describirlo. Quería interpretar a un tipo taciturno, muy sencillo, muy callado e introvertido. ¿Qué es lo que lo motiva? Creo que servir a su país. Pienso que cree que las cosas que hacía eran las correctas, aunque entendía que no siempre nos salen las cosas necesariamente. Y creo que saben que él jamás pensó en el reconocimiento… que es lo que está obteniendo ahora con la película.

¿Y dirigirte a ti mismo, se vuelve más fácil con el tiempo?
Es difícil ver las pruebas diarias… es difícil verte a ti mismo porque lo único que percibes es “Híjole, mis ojos se ven raros” o “¿Por qué se ve así mi nariz?” o “¿Por qué respiro así?”. Y te metes en una onda vanidosa y autocrítica… Sabes, todos tenemos cosas que cuando nos vemos en el espejo nos enloquecen. Es difícil no ver esas cosas. Lo que hago es que me dirijo a mí mismo en la sala de edición. Filmo muchísimas tomas y mucho pietaje e intento hacer todo un espectro de cosas. Y luego cuando estoy en la sala de edición soy muy duro conmigo mismo, así que lo más fácil es deshacerme de esto y de aquello… y me quedan 2 o 3 tomas con las que digo “OK, estas están bien… ahora hay que unirlas a ver qué tal”. Una gran lección es asegurarte que tengas el suficiente material de ti mismo. Porque existe la tentación de decir “OK, vamos a hacer un acercamiento de este actor. Hay que hacer un montón de tomas”. Y tienes mucho material con ese actor. “Ah, y hay que hacer únicamente una de mí”. Y terminas en la sala de edición sin material suficiente para cortar tu escena con los demás actores. Así que muchas personas me brindaron consejos. De Gus Van Sant aprendí a ser responsable de mi propia actuación. De Kevin (Smith) aprendí a amar a las películas por lo que son. Hicimos Mi pareja equivocada (Chasing Amy) de la nada… la emoción que eso implica. Con John Madden aprendí a respetar el guión, y dejar que la escritura llevara las escenas en Shakespeare apasionado. Hay muchísimos. De Terrence Malick aprendí a dejar que una escena te sorprenda. Sabes, mientras que yo hago películas que tienen escenas y diálogos, la película que hice con Terry (To the Wonder) es muy silenciosa. Es como una especie de poema tonal.

¿Crees que trabajarás con tu esposa alguna vez?
No lo pensaría ni un poquito: trabajaría con Jennifer. También la dirigiría. Pero creo que el público ya es muy inteligente como para ver a una pareja casada en la pantalla y pensar que son alguien más. No he tenido muy buenas experiencias en las películas en las que actúo y estoy en una relación con mi coestrella –ríe–. Pero sería todo un gozo dirigirla, y ver cómo vive una interpretación, porque tiene un talento enorme. Sería maravilloso. Como con mi hermano, siempre sabía cuando la actuación no era sincera y me daba cuenta cuando hacía señas con los ojos… porque cuando conoces a alguien de toda la vida, sabes cuando están diciéndote patrañas y cuando no. Ya la conozco lo suficiente y sé si está diciendo o no la verdad. O tal vez me ha engañado por completo. Así que si encontrara una película con un protagonista femenino fuerte, me encantaría dirigirla. Es un talento colosal y me apoya en la casa también. Es una mujer extraordinaria y tengo mucho que decir sobre ella porque es muy especial y porque tenemos ese tipo de sociedad en la que puedo dedicarme a esto. Somos afortunados.

¿Y qué hay de los rumores de que podrías tener un futuro político?
Sabes qué, realmente no me gusta la política. Cada vez se trata más, y aquí yo tengo algo de culpa porque he participado… se trata más de juntar dinero, juntar dinero. Es lo que estos cuates hacen cada día. Al final es en lo que se convierte y los ricos tienen un mayor acceso que los que tienen menos dinero. Y vas estos eventos y comes sándwiches malos, o juegas boliche o andas en bici de montaña y todas estas tonterías en una gira de relaciones públicas. La política es una profesión noble. Acabo de ver algo sobre los Kennedy y me di cuenta de lo noble que es, o que debe ser. Pero la realidad es que ahora todo depende de qué tanto les gustes a los que te ven en la tele y qué tantos amigos ricos tienes. Creo que no soy la persona adecuada para ello. Jack Kennedy dijo que: “Toda madre quiere que su hijo crezca y se convierta en presidente, pero no quieren que sea un político”.

Es escritora, fotógrafa, cineasta y vive en Hollywood con su esposo y su traviesa cachorrita Airedale. Promete estar más activa en Twitter y espera que el guión que escribió con su hermano se convierta en película.

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