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Columnas REVISTA

Invítale unas pizzas a tus cuates

Por:

16-11-2012

¿Qué programas de edición me recomiendas para mis videos y cortos? Sé que esto puedo resolverlo fácilmente, pero quería aclararlo con alguien conocedor del tema. He empezado con las herramientas a mano sin importar lo rudimentarias que sean (como Windows Movie Maker) puesto que mis ganas de realizar son muchas. –Javier N.   Hace poco vi el documental It Might Get Loud y […]

¿Qué programas de edición me recomiendas para mis videos y cortos? Sé que esto puedo resolverlo fácilmente, pero quería aclararlo con alguien conocedor del tema. He empezado con las herramientas a mano sin importar lo rudimentarias que sean (como Windows Movie Maker) puesto que mis ganas de realizar son muchas.

–Javier N.

 

Hace poco vi el documental It Might Get Loud y comienza con una secuencia en la que Jack White, usando una botella de Coca-Cola de vidrio, un par de clavos, un pedazo de madera y una cuerda construye una versión simplificada de una guitarra que comienza a tocar. Obviamente el sonido no es el mismo que el del instrumento que usa para grabar sus discos, pero el mensaje es claro: no necesitas un gran equipo para hacer música. Ampliando eso un poco, digamos que las herramientas no hacen al artista. Lo importante es cómo ella o él las utilice. 

Con esta larga introducción lo que intento decir es que realmente no importa qué programa de edición uses, siempre y cuando te permita hacer lo que quieres. Y, si vas empezando, lo único que debes querer es expresarte y aprender. Otra forma de verlo es comparando al blockbuster de reciente estreno que más hayas odiado, con alguna obra pequeña y de producción modesta que ames. Esas megaproducciones podrán tener todos los millones que quieran, pero una buena historia es una buena historia – y todo el equipo tecnológico del mundo no será suficiente para interesar al público en una trama aburrida.

Piensa que hace 15 años (y ya ni hablemos de más atrás) no existían estas herramientas “rudimentarias” de las que hablas. Ya quisiera Peter Jackson haber tenido iMovie mientras armaba esos cortitos en los que homenajeaba a King Kong de chico. Y lo mismo para Sam Raimi, Spielberg, Chris Nolan y todos aquellos que comenzaron experimentando en celuloide y literalmente pegando pedacitos de cinta. Tú hoy tienes la poderosísima herramienta del copy-paste; del “material fílmico” infinito y el glorioso Control-Z. O Manzanita-Z. El undo o deshacer, pues. 

Los profesionales del mundo usan Final Cut o Avid, pero a menos de que tengas una buena y sustanciosa cuenta bancaria (porque aquí no vamos a fomentar la piratería, ¿verdad?) no te recomiendo que gastes tu dinero en eso todavía. Si tienes un pequeño ahorro que le quieras meter a tu arte, mejor invítale unas pizzas a tus cuates por pasar el día ayudándote a hacer un corto. O gástalo en comprar DVDs para quemar tu corto y se lo puedas dar a tus actores, crew y mandarlo a festivales. Nunca subestimes el valor de agradecerle a la gente que te ayuda. O inviértelo en un curso de guionismo – recuerda que nada importa más que la historia. 

El público te perdonará que se vea fea (pero tampoco te pases) si les cuentas una historia que nunca habían escuchado. Eso por sí solo ya es reto suficiente.

Lo que escucho en este momento: “Perfect Day” de Lou Reed.

Manden sus preguntas a: camara.idea@gmail.com

twitter / IvanMorales

mm

Periodista independiente por más de 16 años (en Cine PREMIERE desde 2006). Se especializa en anime, comics, doblaje, tecnología y videojuegos. Sus sagas favoritas: Doctor Who, Star Trek y Star Wars. Batimaníaco, geek ochentero y hardcore gamer.

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