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Columnas REVISTA

Berlinale 63: Día dos

Por:

08-02-2013

Opinión sobre la segunda jornada de la edición 63 de la Berlinale

No seré yo quien diga que Promised land no es una película valiente. Detrás de ella se notan las buenas intenciones, el deseo de mover la conciencia del espectador, sensibilizarlo con respecto a la manera en que los seres humanos devoramos nuestra tierra hasta dejarla seca y porosa. En este sentido, y aunque no terminé de conectar con la historia, he de aceptar que toca un tema tan candente como actual. Si nosotros, los ciudadanos de a pie, no nos mantenemos unidos, si no respetamos y defendemos nuestros principios y valores a costa de lo que sea, los de arriba, llamémoslos trasnacionales, bancos o políticos, terminarán por fagocitarnos. Eso me queda claro y además es algo que comparto. Mi problema con esta película es simplemente que le tenía reservadas mayores expectativas. Hay algo en la narración que no acaba de cuajar y que me temo que no ha sido tanto culpa del guión -que, como sea, abusa de sitios comunes- como del trabajo de Gus Van Sant. En la pantalla no vi la cámara atrevida de Elephant ni mucho menos el riesgo valemadrista de My own private Idahoe. Contrario a ello observé la rectitud cansina y medida de Finding Forrester o Milk. Me pregunto si Matt Damon, además de protagonista, escritor y productor de la cinta, le jaló demasiado las riendas al afamado director en aras de ofrecer un retrato natural de la llanura estadounidense profunda, sin experimentaciones, o si simplemente Van Sant optó esta vez por lo convencional en todos los sentidos, incluyendo el manejo de los actores.

En cualquier caso es una película que vale la pena ver y que consigue movernos hacia cierta reflexión.

Una reflexión de otro tipo es la que quizá quiere imponernos Joseph Gordon-Levitt con Don Jon’s Addiction, su debut como director. Allí lo vi apenas hará un par de horas, muy fresquillo y trajeado en la sala de Berlinale Palast donde su película, que compite en la sección de Panorama, fue presentada frente a un copioso público. No dudo que consiga miles de votos y que por ende se lleve un premio a casa. ¿Merecido? Aún es muy temprano para decir eso. Dejémoslo en que sus encantos y su don de gente gustan y así quedó demostrado a partir de la cantidad de chicas jóvenes que había en la sala. Por lo que a mí respecta, su cinta es amena y tiene un par de gags bastante logrados -los que más me diviertieron fueron aquellos en los que participa el gran Tony Danza, que encarna el papel de su padre-, pero me temo que toca con demasiada -y preocupante- superficialidad el tema de alguien que posee una aguda adicción a la pornografía. Por supuesto que no me esperaba esa crudeza descarnada que tiene, por ejemplo, Shame, de Steve McQueen, pero sí que esperaba una radiografía un poco más comprometida o, si se quiere decir, atrevida, del padeciente de este tipo de problema. Pero bueno, si al final lo que se busca -y, de este lado, se encuentra- es frivolidad pura, sin tantos cuestionamenietos, pues también hay de eso. Y mucho, tanto como para decir que lo mejor de la película son las curvas de Scarlett Johansson, retratadas desde todos los ángulos posibles y siempre a punto de reventar las pocas y ajustadas telas que las ciñen.

Mañana, más. Eso aunque sigan bajando alarmantemente las temperaturas. 

 

 

 

mm

Periodista independiente por más de 16 años (en Cine PREMIERE desde 2006). Se especializa en anime, comics, doblaje, tecnología y videojuegos. Sus sagas favoritas: Doctor Who, Star Trek y Star Wars. Batimaníaco, geek ochentero y hardcore gamer.

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