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CRÍTICAS TV

Narcos – Temporada 1

Calificación Cine PREMIERE: 3
Calificación usuarios: 4
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Por:

24-09-2015

Un gran ejercicio en técnica por parte del equipo de Netflix, con algunos fallos en el lenguaje.

  • Título original: Narcos
  • Año: 2015
  • Director: Jose Padilha
  • Actores: 
  • Fecha de estreno: septiembre 2015


Al teclear en Google el nombre “Pablo Escobar”, aparecen 87,800,000 resultados, cifra que supera a la población de todos los países latinoamericanos, a excepción de Brasil y México. La sangrienta saga que convirtió a este narcotraficante en un miembro de la selecta lista de billonarios de Forbes, fundador del Cartel de Medellín y el “Rey de la cocaína” ha sido tratada en decenas de libros, reportajes, películas, documentales y series de televisión.

Así las cosas llega Narcos, serie de Netflix centrada en la figura del delincuente colombiano que sumergió a su país en una guerra con decenas de miles de muertos durante los años 90. Desde el inicio sorprende gratamente la abundancia de recursos técnicos que convierten al seriado en una superproducción.

No es de extrañar cuando sabemos que la dirige José Padilha, cineasta brasileño que con la saga llamada Tropa de Élite demostró que sabía dirigir grandes secuencias de acción con una solvente psicología de personajes en contextos sociales tan complejos como las favelas de Río de Janeiro. En Narcos están las tomas aéreas necesarias, las grúas que pide el guión, las explosiones, los disparos, las persecuciones y osados travellings que denotan un enorme cuidado técnico.

A Chris Brancato y los demás escritores que participaron en la producción le debemos uno de los grandes aportes de la serie: el punto de vista. Siendo Escobar un personaje odiado, amado y reinterpretado hasta la saciedad, el grupo de creativos decidió contar su historia desde el punto de vista de la DEA. Es por ello que el narrador y protagonista es el agente Steve Murphy, encarnado por Boyd Holbrook, quien va contando, uno a uno, los clichés en la historia del narcotraficante.

La mecánica narrativa suele ser: primero se muestran las “hazañas” y múltiples mentiras de Escobar en pantalla y luego el narrador las desmonta mostrando que, como es común en latinoamérica, nada es tan simple como parece. Por supuesto que endilgarle eso al “realismo mágico” fue una licencia burda de los escritores, pero se les perdona el afán mainstream.

Tanto el personaje de Murphy y su compañero llamado Javier Peña, son reales y fungieron como asesores de la serie, punto a favor de la veracidad y originalidad de los productores. Peña, un agente medio rebelde, rumbero y desordenado que no duda en torcer un poco la ley para atrapar a los malos, es interpretado sólidamente por el chileno Pedro Pascal quien habla fluidamente en inglés y, por supuesto, imposta con facilidad su acento de gringo tropicalizado.

“Tengo un solo objetivo: atrapar a Escobar” dice Peña en unos de los diálogos finales. Y mostrar eso, la desesperación y tozuda decisión de ambos agentes por acabar con el líder del cartel de Medellín es la base argumental de buena parte de la trama. Ese dúo de agentes de la DEA, uno introvertido como Murphy y el extrovertido, mujeriego que es Peña no llega a la magnífica intensidad de la dupla McConaughey/Harrelson en la primera temporada de True Detective, pero tienen sus grandes momentos.

Ahora vamos a lo malo. Padilha quien tantos aciertos en su carrera, cometió un error raro. El director brasileño optó por lo seguro y volvió a trabajar con Wagner Moura, talentoso actor bahíano quien protagonizó los dos filmes de Tropa de Élite, por lo que no resultó sorpresivo saber que iba a meterse en la piel del temido Pablo Escobar. Moura, hay que decirlo, es un gran actor que logra parecerse, caminar, vestirse y mirar como lo hacen los grandes capos mafiosos. La intensidad de su interpretación es tan poderosa que uno se siente subyugado…hasta que abre la boca.

El problema no es que el actor no sepa hablar español, no. La falla emerge cuando intenta usar las expresiones y modismos del dialecto paisa hablado en Medellín. Es entonces cuando, en muchas escenas, en vez de ser atemorizante causa risa. Debemos admitir que, a medida que se alarga la serie, el acento de Moura mejora y en su afán por hacer una gran interpretación en muchísimos de sus parlamentos, baja la voz, susurra, persuade y amenaza en los momentos cruciales. En esos instantes no se le entiende mucho, a veces, casi nada. Y resulta paradójico que haya que leer los subtítulos como si se tratase de un diálogo de los dos agentes de la DEA quienes, huelga decirlo, siempre hablan en inglés entre ellos.

En el duelo actoral de los dos grandes roles de la primera temporada de Narcos, Holbrook gana: tiene la ventaja de hablar su propio idioma y ponerle rostro a esa manida versión del americano impasible-buen chico del midwest, que tanto ha explotado la cultura pulp gringa.

Una de las lecturas más interesantes de la serie es el acercamiento del agente Murphy a la maldad, lo cual provee algunos de los máximos momentos de intensidad de Narcos. En un mundo sin reglas como el de los narcotraficantes, sólo tomando ciertas decisiones cuestionables y evitando la engorrosa burocracia, puede acabarse con el mal. Esa es una de las lecciones que el agente aprende en su estadía en Colombia.

Habrá segunda temporada puesto que los 10 capítulos acaban en la célebre fuga de Escobar de La Catedral, cárcel hecha a su medida que más parecía un apacible y cómodo club campestre que un complejo penitenciario. ¿Qué podemos esperar de lo que viene?, más sangre, ejecuciones, persecuciones, traiciones y muertes porque aún falta por ver lo más cruento del enfrentamiento entre el narcotraficante y el Estado colombiano.

Sabemos que Padilha y los demás productores darán la talla por lo que ya hemos observado. Falta saber si Moura tendrá un buen coach de acento que termine por convertir su actuación en todo lo memorable que debe ser. De lo contrario, la magistral interpretación del colombiano Andrés Parra en Escobar, el patrón del mal seguirá siendo la mejor encarnación artística del terrible capo antioqueño.

 

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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