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Q&A: Steve Carell, La gran apuesta

Por:

11-01-2016

“La verdad es que pienso en mí como un actor a sueldo. Yo no busco los proyectos, no tengo esa pretensión”.


Después de su interpretación como John du Pont en Foxcatcher –por la cual demás se llevó una nominación al Oscar–, Steve Carell parece capaz de hacer lo que sea. Ahora, bajo la dirección de Adam McKay, encarna a un líder de un fondo de inversiones que se las encarga para ganarle al sistema bancario en su propio juego corrupto. Este papel, uno de los más divertidos y viscerales en La gran apuesta, le valió una nominación en la pasada edición de los Globos de Oro. ¿Podremos esperar lo mismo el próximo jueves, cuando se anuncien los nominados al Oscar?

A las personas les sorprende que McKay (y el escritor del bestseller, Michael Lewis) hayan decidido tomar un asunto tan serio como la crisis financiera para mofarse de ello de esta forma. ¿Qué opinas de esto?

Creo que se ha usado desde siempre, el humor como una herramienta para tocar puntos importantes y graves. Si uno se fija en Chaplin, por ejemplo, hizo lo mismo con El gran dictador –digo, hablando de temas serios, ¡la Alemania nazi!–. No creo que sea algo nuevo, pero es una forma de ponerle azúcar a la medicina para que podamos tragarla. Lo primero que Adam me dijo cuando me envió el guión fue: “Quiero que sea entretenido, quiero que la gente lo disfrute, que no sea algo seco”. Así que a mí me hace todo el sentido del mundo que este tema se aborde a estas alturas de esta forma.

La película se trata sobre prestar atención o, más bien, sobre lo que sucede cuando no se presta atención. ¿Crees que haya algún tema ahorita que esté pasando un poco desapercibido pero al que debamos seguirle la pista?

Pues ahorita de hecho hay varias películas con temas bastante relevantes. Está por ejemplo, La verdad oculta, que trata sobre los encubrimientos que se hacen en la NFL sobre los casos de daños cerebrales. En primera plana es otra de esas cintas que tocan temas espinosos a los que hay que prestarles atención. Filmes como esos despiertan la conversación, y eso es lo importante. Creo que La gran apuesta también logra eso. Si la cinta cumple con hacer que la gente hable, entonces creo que habrá cumplido su cometido.

El guión es muy gracioso pero también casi imposible. ¿Qué tan difícil fue balancear el drama, la comedia y todos esos términos financieros en el set?

Con Ryan [Gosling] es muy difícil no reírte a la mitad de la escena. ¡Es muy chistoso! Trataba de no reírme para no arruinar la toma. Pero sí fue un reto tratar este tema. Fue diferente. Yo ya había trabajado con Adam, pero ahora la experiencia se sintió como nueva. El trabajo ya no estaba basado en ser gracioso per se, o en inventar diversos chistes alternativos en las tomas. En las cintas de Al diablo con las noticias de eso se trataba, debías improvisar 10 o 20 chistes, porque nunca sabías qué era lo que iba a funcionar. Aquí más bien se trató de desarrollar a mi personaje.

Pero tengo entendido que aún así hubo mucha improvisación, ¿no es así? Incluso con ese lenguaje financiero…

¡Sí lo hubo! Pero no se basaba en “ser gracioso”, sino en explorar lo que ya estaba en el guión. Era como una extensión de las páginas. Y claro, improvisar en estos personajes fue un reto, porque son magos financieros y nosotros no lo somos. Entonces, tuvimos que entender un poco de los conceptos que manejábamos para al menos sonar como que sabíamos de lo que hablábamos. La comedia sale de la situación en la que se encuentran los personajes. De hecho, a mí me sorprendió la primera vez que la vi la cantidad de risas que oí en la sala. Pero el contexto es tan absurdo que no puede más que hacerte reír.

Y uno piensa que sabe del tema, porque lo escuchamos en las noticias en su momento. Pero Adam nos hace sentir como que en realidad no sabemos nada.

Yo no sabía mucho de esto, al igual que muchas personas que ven la película. Para mí fue impactante, el leer el guión y luego el libro y entender mejor la corrupción que había detrás de esto. Uno lee pinceladas generales, pero no, yo no tenía idea.

Este personaje ha sido considerado como uno de los mejores de tu carrera. Cuándo miras tu filmografía, ¿de qué forma destaca para ti?

Nunca lo vi así ni lo veo así ahorita. Sólo sé que estaba muy emocionado de ser parte de esta película que provoca pensamientos. En cuanto a cómo encaja en mi carrera, me gustó que mi personaje tiene un dilema moral y mucho enojo, pero también tiene mucha ambigüedad. Fue diferente, porque me permitió probar cosas que antes no había hecho como actor. La verdad es que pienso en mí como un actor a sueldo. Yo no busco los proyectos, no tengo esa pretensión. Quizá eso venga de mi propia inseguridad, ésa que tengo a veces: eso de no ser quien persiga y pretenda trabajar con este o ese director. Pero siempre me siento honrado cuando alguien quiere trabajar conmigo.

¿Cómo crees que esta película destaque en la filmografía de Adam McKay?

Definitivamente, creo que debería ser un parteaguas. Cualquiera que lo conoce no está sorprendido del éxito que ha tenido con esta película [una de las favoritas para el Oscar]: siempre fue el más listo, el más gracioso. Tiene mucho qué decir y estaba indignado con este asunto. Usa ese enojo en una forma muy positiva. Creo que la película está enojada pero es muy humana y Adam no deja que ese enojo se interponga en su humor y en su alegría.

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Periodista, editora en Cine PREMIERE y bailarina frustrada en sus ratos libres. Gustosa del cine, la literatura, el tango, los datos inútiles y de la oportunidad de desvelarse haciendo lo que sea.

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