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CRÍTICAS Cine

Agujero negro – Crítica ganadora del taller de OrquídeaLab

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21-01-2019
Agujero negro critica

Carolina Cordero de de Quiqueran-Beaujeu escribe sobre la segunda película de Diego Araujo: una obra ligera, divertida y refrescante, que rebosa referencias al tiempo que evita muchos clichés del género.

Los intereses y las experiencias del director Diego Araujo se reflejan tanto en Agujero negro, su segunda película, como en la personalidad de Víctor, el protagonista de ésta. El filme gira alrededor de un escritor, promesa de su generación, cuya primera novela 9 hits (un guiño a los Nueve cuentos de J.D. Salinger) fue bien recibida y aclamada. Sin embargo, ahora no logra hallar la inspiración para escribir su segunda obra. Su exigencia autoimpuesta –y quizás hasta pedante– es escribir la primera novela de iniciación ecuatoriana, al más puro estilo El guardián entre el centeno. Sin embargo, lo que no le dice a la gente, ni siquiera a su pareja, Marcela, es que no sabe ni por dónde empezar.

La película nos narra una historia que hemos visto ya cientos de veces: el hombre que sufre una crisis de mediana edad, que conoce a una chica más joven que le hace ‘recuperar la chispa de su vida’. En el caso de Agujero negro, este hombre es Víctor, quien se siente estancado en su repentina vida de adulto, pues vive de prestado en casa de su superficial y asfixiante suegra, en una ascética urbanización de clase alta y es prácticamente mantenido por su mujer embarazada. Víctor sufre un estilo de segunda adolescencia cuando conoce a Valentina, una “Lolita” de 16 años, hija de su vecino, que parece simbolizar el último ápice de juventud, al cual él se aferra desesperadamente.

La decisión estilística de Araujo –junto con su director de fotografía Simón Brauer– de rodar en blanco y negro y en 4:3, va de la mano con el aura mumblecore que envuelve a la cinta. Una historia intimista, rodada de una manera intimista, en tan sólo 18 días y con bajo presupuesto. Hasta los detalles, desde los celulares de última generación, hasta un tocadiscos antiguo o una raqueta de madera, dotan a la película de un ambiente anacrónico.

La historia se siente cercana, universal y la dinámica entre Víctor y Valentina nos recuerda a una mezcla de los personajes de Léon y Mathilda de Léon, The Professional (2004) de Luc Besson, con Bob y Charlotte de Lost In Translation (2003) de Sofía Coppola.

El encanto, la inocencia y a la vez la picardía y los juegos de Valentina encandilan completamente a Víctor, como en una entretenida escena de baile entre ambos, que hace pensar en Mia Wallace coqueteando con Vincent Vega al son de “You Never Can Tell” de Chuck Berry en Pulp Fiction (1994).

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La decisión estilística de Araujo de rodar en blanco y negro y en 4:3, va de la mano con el aura mumblecore que envuelve a la cinta.

La infatuación de Víctor se ve traducida poéticamente por el director, en algunas secuencias de fantasía en donde Víctor supura un líquido negro y espeso como la brea desde su pecho, mientras escribe en su máquina de escribir, inspirado por su nueva musa.

No obstante, esto no deja de ser mas que una justificación para el comportamiento descuidado y desconsiderado hacia Marcela, su mujer y futura madre de su hija. Retratada como la única que activamente trabaja para mantener a la familia, aún bien entrado el embarazo, y cada vez que llega a casa, se encuentra a Víctor durmiendo y sin haber avanzado ni una palabra de la novela. Todas estas actitudes hacen que la reacción constante que vemos de ella nos lleve a clasificarla erróneamente como la típica esposa inaguantable. Pero lo que en realidad sucede no es que ella sea así, sino que –como la propia Marcela lo verbaliza–, él la está obligando a ser una persona que no quiere ser.

Él la pasa por alto y la ignora, sin embargo, depende de ella. No sólo económica, sino emocional e intelectualmente. Acaba siendo ella quien le sugiere el nombre para su novela, cuando la tiene finalizada: ‘Para Elisa’.

Es una película ligera, divertida y refrescante, que rebosa referencias que son agradables de reconocer, y que aunque siga cayendo en ciertos clichés del género, procura hacerlo de una manera diferente.

Carolina Cordero de Quiqueran-Beaujeu

 

 

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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