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Alfonso Cuarón

Por:

18-12-2008

El cineasta y produtor habla de Rudo y Cursi y su complicidad con Carlos.

Por Antonio Camarillo

Uno de los pocos cineastas mexicanos que se ha ganado un lugar en el cine internacional, el también productor habla en exclusiva para Cine PREMIERE sobre Rudo y Cursi, su añeja complicidad con su hermano Carlos… y la “puta con el corazón de oro” que es el cine en México.

Has tenido oportunidad de moverte entre Hollywood y México, como productor y director… ¿De qué manera concilias las distintas formas de hacer cine?
Es que no concilio… A mí lo único que me importa es el cine; lo demás son calificativos. Son adjetivos: Hollywood, México… A mí, la verdad, me tiene sin cuidado y no me interesa en lo más mínimo el cine mexicano. Y no me interesa en lo más mínimo el cine de Hollywood, ni el cine europeo ni el cine chino. A mí me interesa el cine. Ahora, en mi rollo personal, resulta que soy mexicano. Y yo no creo ya en las identidades nacionales; creo en las identidades culturales, y estoy muy identificado con mi identidad cultural como alguien que nació en este país. Y, desde ese punto de vista, hay muchas temáticas que son orgánicas en mí, que son inherentes, y que siento la necesidad de regresar y hacer cosas aquí.

Como productor, ¿qué historias estás buscando?
La verdad, para mí es algo que va más allá de la historia, es el creador. Yo puedo apostar en un creador, más que en una historia, puedo apostar en un concepto. Y para mí, en el cine, la historia es un elemento más de la visión de un cineasta.

¿Dirías que la historia es un pretexto?
Casi. De hecho, cuando me pongo radical digo que la narrativa es el veneno del cine. Y yo sí creo que la historia es un elemento más, como la música lo es, y los actores… Yo apuesto a las visiones. El cine en sí no es historia. Al final quizá tenga un elemento narrativo, que no tiene que ser literario. Yo creo que tú puedes hacer cine sin música, puedes hacer cine sin sonido (se hizo por muchos años), puedes hacer cine sin actores, puedes hacer un cine sin guión. No puedes hacer cine sin una cámara, y sin una visión de alguien que está detrás de esa cámara.

Rudo y Cursi es de hecho una historia muy sencilla, cuando en México muchas películas apuestan antes por ser grandes eventos, ¿no crees?
Una cosa es la industria y otra es el cine. A mí me da gusto el éxito de un cierto cine de público comercial, y que el público mexicano quiera ver esas películas… No es necesariamente el cine que a mí me interesa. Pero me da gusto que existan.

¿Cual sería entonces ese otro cine?
Hay un cierto cine, el cine de Reygadas, que es quizás mi cineasta favorito, que no necesariamente es uno de grandes públicos. Y hay otro cine donde yo sí pongo Rudo y Cursi junto con Y tu mamá también, o Amores perros, un cine que está hablando de visiones, que tiene una visión personal. Tú dices, ¿qué es lo que hace la diferencia? Muchas veces las películas que han sido éxitos taquilleros no necesariamente son buenas. Y es bueno que existan. Pero sí me interesan las cintas que son muy fieles a la visión de un creador.

Y me entusiasma mucho cuando esas películas también conectan con el público, como sucedió con Y tu mamá también. Y yo espero que suceda con Rudo y Cursi; estoy seguro que va a suceder. Creo que Rudo y Cursi es casi, casi como un lobo en piel de oveja; es una película que aparentemente es una comedia, pero en realidad es un dramononón. Sin embargo, la experiencia que hemos tenido en cada una de las proyecciones que hemos hecho es que la gente sale de muy buen humor, sale de buenas, porque es una película que también es muy generosa y llena de luz. Y tiene que ver con ese tono de Carlos donde hay un sentido del humor, un sentido de la ironía muy presente.

Entiendo que tu complicidad con Carlos viene desde chicos…
Viene desde chavitos… Él era el gran literato; él escribía cuentos, entró a estudiar letras. Y yo me sentí muy culpable mucho tiempo porque, mientras estaba todavía en la universidad, yo lo invité a participar conmigo a escribir unos guiones para que sacara una lana. Y lo que siempre digo es que él estaba casado con esta gran mujer que era la literatura, y yo le presenté a la puta de los blowjobs que es el guionismo… Y abandonó a su mujer para irse con la puta de los blowjobs. A mí me da gusto que a la puta de los blowjobs resulta que la juzgué mal, y es una chica que maduró y creció y se convirtió en una gran mujer…

La puta del corazón de oro…
Exactamente —dice mientras ríe—. Y creo que no va a dejar a la mujer literatura, porque creo que también, en el futuro, Carlos tiene qué hacer por ahí todavía.

¿Qué crees tú que le hace falta al cine de este país para crecer como industria?
Una vez más, son dos cosas muy distintas, lo que es la industria y lo que es el cine. Digo, se ha hablado muchísimo ya de la 226 y de los estímulos. Y lo que sí te puedo decir es que eso puede ayudar a generar más industria, el que se haga más cine mexicano, y un cine que mientras más refleje una realidad propia, más atractivo será para un público local. Mientras más películas conecten con el público, el público quiere ver más películas como ésa.

Ahora, el que haya éxitos de taquilla y el que la gente se conecte, el que haya más industria, no quiere decir que haya buen cine. Para mí, el cine tiene que ver con las visiones, y los verdaderos creadores van a hacer su cine, su gran cine, con la industria caída, levantada, con poquito o con mucho. Lo que es muy interesante es la generación abajo de 30; ésa es a donde yo creo que hay que apostarle, esta generación que está buscando nuevos modelos, tanto de producción como de distribución…

¿Te refieres al video e Internet…?
A lo que vaya a ser.

¿Tú hubieras querido tener eso cuando empezaste?
¡Uta! Es que no puedo ni imaginármelo, porque todo es una cuestión más holística, más orgánica. No se trata de formato, se trata del chip que tienes en la cabeza. Muchos de estos cineastas, el parto cuando nacieron está grabado en una cámara de video; desde chiquitos tenían la computadora, donde tenían una cosa de edición. El concepto de escuelas de cine es casi irrelevante en ese sentido. Hay un acceso a información que es tremendo. A veces mucha información es desinformación, pero a lo que voy es a que pueden hacer películas con nada, con una camarita de video, y con un celular y sin dinero. Que se hagan muchas no quiere decir que sean buenas; sin embargo, están los de talento, los que realmente tienen una visión, que esa visión, a partir de esos formatos, y de este bagaje, va a crear cosas que son impensables desde los modelos que nosotros conocemos…

Que siguen siendo del siglo antepasado…
Nosotros estamos mucho más cercanos a Griffith que a lo que están haciendo estos chavos. Y eso se va a traducir a los modelos de distribución. ¡Y los tiempos! Fue por una cuestión meramente comercial que se definió que las películas tenían que durar 90 minutos, o dos horas; fue totalmente arbitrario. Todo esto se va a revertir; esta diferencia entre el corto, el medio y el largometraje también va a disolverse. Creo que el cambio que está ocurriendo es tan fundamental, más fundamental que el cambio de blanco y negro a color, y tan fundamental como el cambio de cine mudo a cine sonoro. Y está en las manos de esta joven generación.

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Clara Itzel es una comunicóloga junkie de los animales, TV, cine, libros, tatuajes, pop culture, té & café. La pueden seguir en instagram (@MissClaraItzel) y leer en ElMoodRandom.com

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