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Amores Perros en Cannes: 20 años del triunfo histórico

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13-05-2020

Aquel 13 de mayo, histórico para el cine mexicano, 'Amores perros' se deshizo de ese miedo del cine mexicano a vivir en una realidad donde nadie oía nuestras voces.

La tarde del 13 de mayo del año 2000, el Festival de Cannes aplaudía a Alejandro González Iñárritu y a su equipo al ritmo de una canción que versa sobre la lucha de gigantes que convierte el aire en gas natural. Con aquel momento, hace veinte años, iniciaría el gran fenómeno del cine latinoamericano que fue Amores perros en Cannes y en el mundo.

La revolución, por supuesto, se manifestó para empezar en las salas de cine, en un ciclo que arrancó con aquella ovación de pie francesa y que continuó con los millones de espectadores que confirmaron sus cualidades narrativas rompedoras. De paso, además, fue la primera cinta que dejó entrever la clase de talento que respaldaba a una nueva camada de cineastas mexicanos, mismos que, a la fecha, han sumado múltiples premios Óscar, incluyendo dos por Mejor película (Birdman y La forma del agua), cinco por dirección (para Cuarón, Iñárritu y Del Toro), cuatro por fotografía (tres para el Chivo Lubezki y uno para Guillermo Navarro) y otro más por mejor película extranjera (para Roma).

Alejandro González Iñarritú critica que la violencia se "vea cool" en el cine
Amores perros fue la ópera prima del mexicano Alejandro González Iñárritu.

Hay que decir, sin embargo, que conforme la fiebre cedió poco a poco, fue evidente que el éxito de Amores perros se dio gracias a la combinación de diversos elementos. La música fue uno de ellos y, además, su peso se antoja tan primordial como el del atinadísimo casting o el impecable guion de Guillermo Arriaga, entonces aún amigo de González Iñárritu. En más de una entrevista, el cineasta ha asegurado, por ejemplo, que “Lucha de gigantes” –composición de Antonio Vega que grabaría en 1987 con su grupo, Nacha Pop– fue la primera en incluirse en el hasta entonces inexistente soundtrack de la película que empezaba a armar en su cabeza. 

Filmando con notas musicales

Puede deducirse que el director, pese a no haber tejido todavía buena parte del filme, al menos estaba seguro de que incluiría una secuencia en la que un hombre manda golpear a su hermano y que en ella, forzosamente, debía de sonar de fondo la canción de Vega. Gracias a la sensibilidad y consejo de Lynn Fainchtein, quien fungió como supervisora musical –y quien desde entonces ha trabajado en más de cien producciones de renombre– Iñárritu armó el resto de las piezas con idéntico virtuosismo. 

La lúdica e irreverente “Coolo”, de Illya Kuryaki & The Valderramas, no podía ser mejor tema para ilustrar la atracción habida entre Ramiro (Marco Pérez) y Susana (Vanessa Bauche), y es imposible imaginar un mejor ritmo para acompañar la voraz ambición de Octavio (Gael García Bernal) y de su odiado hermano que el dramático rap “Sí señor”, de los desaparecidos Control Machete. Lo mismo ocurre con el segmento de “el Chivo” (Emilio Echevarría): los acordes de un tema clásico de 1971, como lo es “Long Cool Woman in a Black Dress”, de The Hollies, nos permiten ubicar a dicho individuo en un tiempo y espacio determinados así como la posibilidad de definir el tipo de persona que es; o, al menos, la que fue durante su juventud. 

El score compuesto por Gustavo Santaolalla, por su parte, funciona como excelente contratiempo narrativo, puesto que anuncia con sutileza la catástrofe que anida en cada una de las tres historias cruzadas. Su aparente simpleza es de una melancolía casi inaguantable. La otra parte del soundtrack, digamos, el segundo disco en formato CD, consiste en una compilación de artistas invitados a quienes se les encargó componer un tema inspirado en la película.

Es de suponer que, si es que no pudieron acceder a una proyección previa, al menos a todos ellos se les compartió el guion, pero aun así el resultado es bastante desigual. Es más, para ser francos, en ese segundo disco brilla con luz propia la memorable balada “Aviéntame”, de Café Tacvba, y luego se halla el resto de títulos. En todo caso, el resultado del conjunto es lo suficientemente potente como para que merezca incluirse en la tradición del soundtrack que hubo a finales del siglo XX y en donde se hallan verdaderas maravillas del género, como lo son Trainspotting, The Acid House 10 Things I Hate About You

Aquel 13 de mayo, histórico para el cine mexicano, Amores perros se deshizo de ese miedo del cine mexicano a vivir en una realidad donde nadie oía nuestras voces. Y como aquella “Lucha de gigantes” de Nacha Pop, esta cinta no convirtió el aire en gas natural, sino en una bocanada de esperanza para nuestra industria fílmica, hoy más fuerte que nunca.

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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