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Ana y Bruno: así se logró la animación mexicana más ambiciosa

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22-06-2019

Hace diez años, el director Carlos Carreras tuvo un sueño. Hoy es la película animada mexicana más grande que se haya hecho jamás.

El 9 de noviembre de 2017 fue un día importante para el cine mexicano. En la clausura del 15º Festival Internacional de Cine de Morelia se proyectó una cinta de la que se había oído desde mucho tiempo atrás. Tanto, que ya desde 2008 hablábamos de el nuevo proyecto del director Carlos Carrera: Ana, su primer largometraje animado. El cineasta mostraba deseos de estrenarla pronto, pero, desde entonces, no supimos más. “Eso quería, pero el proyecto se colgó un poco”, nos dice entre risas. “Mi primer corto animado en el CCC fue Malayerba nunca muerde. Me tomó cuatro años hacerlo y duraba 8 minutos. Así es la animación”, nos dice sonriendo. “Yo ya sabía que Ana y Bruno en algún momento se iba a desatorar”.

Además de ser responsable de El crimen del padre Amaro –la última película mexicana en ser nominada al Oscar en 2003–, Carrera es un pionero de la animación en nuestro país. En 1994, el cineasta ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes por El héroe, cortometraje animado que se convirtió en un halo de esperanza para un género que, en nuestro país, ha sufrido todo tipo de adversidades y cuya industria lleva poco de haberse desarrollado.

A pesar de aquel triunfo –que, hasta ahora, no se ha repetido en la animación–, Carrera tuvo que empezar a trabajar en Ana y Bruno como si se tratara de su primer proyecto. “En México, trabajar en tu siguiente película es como hacer tu ópera prima”, nos confiesa. “A pesar de todo lo que ya hayas hecho, no importa nada. A menos que hagas una comedia romántica sonsa. Esas sí se hacen fácil y rápido”, afirma entre risas. 

Un cuento de amor, locura y muerte

Aquel día en Morelia, un silencio sepulcral invadió la sala en donde Ana y Bruno fue proyectada por primera vez en México. En la pantalla grande corría una interminable fila de créditos mientras algunos asistentes se enjugaban unas cuantas lágrimas. Si en El héroe Carrera había sorprendido a todos con la historia de una mujer arrojándose a las vías del metro, en este largometraje animado nos presenta ahora una mirada única al amor, a la locura y a la muerte, tal como establece el título de aquel libro de Horacio Quiroga.

Al igual que aquella obra, Ana y Bruno nos lleva por un viaje desolador, pero también a ratos divertido y conmovedor, sobre una pequeña de apenas siete años (con la voz de Galia Mayer) que atestigua con sus propios ojos cómo Carmen (Marina de Tavira), su madre, es internada en un hospital psiquiátrico.

Inspirado en la novela Ana de Daniel Emil –también guionista de la cinta–, el cineasta muestra a unos extraños personajes que le dieron “la posibilidad de jugar con lo que es normal y con lo que no lo es”, nos dijo. Un simpático ser verde de orejas puntiagudas llamado Bruno (Silverio Palacios), así como otros seres extrovertidos y alocados con las voces de Regina Orozco, Damián Alcázar, Héctor Bonilla y Julieta Egurrola, entre otros, le dieron la oportunidad a Carrera de encontrar una sensibilidad distinta,“de experimentar con la realidad y con la imaginación, para jugar con las emociones del espectador”, nos confesó.

Para él y su equipo, guardar el equilibrio en Ana y Bruno fue el reto más grande. “Desde la planeación pensamos en una película que pudiera gustar a distintos niveles. Para los niños pequeños tenemos una trama tierna, con chistes y acción. Y para los adultos, tenemos una historia más profunda, que habla del dolor, de la locura, la pérdida y el duelo”.

Sin embargo, estos temas –la columna vertebral de la cinta– se convirtieron en su peor enemigo. Con la mitad del trabajo realizado y cuatro secuencias ya terminadas, a la producción le fue retirado el dinero que la financiaba. “Me decían que la historia no era para niños; que era muy compleja”, recordó el director.

Tras este duro golpe, el equipo a cargo de Ana y Bruno se disolvió. Carrera dirigió en 2010 De la infancia y la mayoría de sus animadores “afortunadamente para ellos, desafortunadamente para México, se fueron a trabajar al extranjero”, nos dijo. Un par de años después, los productores Mónica Lozano y Alex García rescataron el proyecto. A partir de ahí, Ánima Estudios –responsable de la trilogía de Las leyendas– se encargó de coordinar a una larga lista de artistas ubicados en todo el mundo para que la cinta se terminara en un estudio de animación en la India. El costo final de la cinta fue de poco más de $90 MDP.

Casi once años después de haber anunciado el inicio de la cinta –nominada a tres premios Ariel 2019 (Mejor guion adaptado, largometraje animado y música original)–, Carlos Carrera se muestra feliz. “Hicimos magia mexicana”, nos dijo con una enorme sonrisa. “Ana y Bruno es el sueño de toda mi vida. Yo entré al cine porque quería hacer animación. Y tuve que esperar muchos años para que se hiciera realidad. Ya lo logré. Ya estoy haciendo lo que siempre quise. La vida me llevó por otro lado, pero ya estoy aquí”.

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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