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Análisis del cine independiente mexicano: ¿Qué culpa tiene el público?

Por:

17-05-2016

La lucha constante del cine independiente en México.

La conexión con el público no está en el presupuesto. Está en la historia y en cómo la cuentas”,
dice el productor mexicano Francisco González
Compeán
. “Me acuerdo de la escena del choque de
Amores perros y de cómo dio la vuelta
al mundo. La gente decía: ‘¡Es impresionante!
¡Qué madrazo se pusieron! ¡Qué bien logrado
está!’, y es porque se hizo con mucho cuidado y
algunos recursos. No por el dinero, sino porque
se hizo con mucho amor y dedicación”. 

Esta cinta, la ópera prima de G. Iñárritu –que
en ese entonces todavía detentaba el apellido
González– empujó de nuevo a una industria que,
como si de una montaña rusa se tratara, iba de
nuevo en ascenso después de una –o varias– caídas en picada. Además del reconocimiento internacional y una nominación al Oscar a Mejor
película extranjera,
Amores perros inauguró la
enésima versión del “nuevo cine mexicano” por
varias razones: una de ellas era que se trataba de
un filme financiado por completo de manera privada, la cual se abría paso en México y el mundo. 


En 110 años de historia de nuestro cine, el
gobierno mexicano ha sido el principal productor de películas. En mayor o menor medida,
cada sexenio tuvo su particular política cinematográfica, que siempre apoyó la creación de filmes y por lo cual se trata del principal inversor.
De acuerdo con el IMCINE, 2015 fue un año histórico: se produjeron 140 películas, la cifra más
alta en nuestra historia. De ellas, sin embargo,
sólo 46 fueron realizadas de manera independiente. Es decir, poco más del 32% de la producción total del año pasado se filmó prescindiendo
de los más de $800 mdp que anualmente invierte el Estado mexicano en la industria fíl
mica, a través de los estímulos como Fidecine,
Foprocine y Eficine (189) que están destinados
a apoyar la realización, postproducción, distribución y exhibición del cine mexicano. 

En esta lista encontramos la comedia romántica ¿Qué culpa tiene el niño?, cuyo presupuesto
es de los más elevados del año para su realización: casi $33 mdp, los cuales fueron aportados
por la productora mexicana Mónica Lozano, a
través de su compañía Alebrije Cine y Video y la
distribuidora Diamond Films, quienes debutan
como productores. 

“Para que yo recupere el costo de producción
y pueda seguir haciendo otra película del mismo
tamaño, ésta tendría que estar recaudando alrededor de $200 mdp”, nos cuenta Lozano. ¿Suena
a algo imposible? No tanto. En México sólo hay
cinco películas que lo han logrado. La más taquillera es
No se aceptan devoluciones –con más de
$600 mdp– y fue producida por ella. 


CINE INDEPENDIENTE EN
MÉXICO = INVERSIÓN PRIVADA

“Los proyectos de cine son de altísimo riesgo”, nos cuenta Lozano, “y, evidentemente, cuando invitas a inversionistas privados a participar,
tienes que hablarles de cómo estás minimizando
riesgos, procurando que sí haya una recuperación del capital y eventualmente una ganancia.
Este proyecto, desde el diseño de la producción,
tiene las cualidades para ser un éxito”.

Algunas de las razones que impulsaron a
Lozano a producir esta cinta fue el éxito que
Karla Souza, protagonista de la misma, ha tenido en los últimos años, así como la confianza
que tiene en el director Gustavo Loza, con quien
realizó las cintas
Atlético San Pancho (2001) y
Paradas continuas (2009).

¿Qué culpa tiene el niño? es una película
de puro rifado”, afirma Loza. “Cuando escribí el
guion, se la llevé a una productora gringa a la
que le encantó el proyecto… tanto que la tuvieron nueve meses en un escritorio y yo me desesperé. Entonces fui con una mexicana a la que
también le gustó, pero querían esperar a los fondos de IMCINE. Pero como yo estaba muy convencido de lo que tenía en las manos fui con
Mónica Lozano… y de inmediato se abrieron todas las puertas”. Ambos coinciden en que, en estos tiempos, no es normal que haya gente que
le meta dinero a una película independiente.
“Claro que hay películas
indies más baratas y
muy bien hechas, cuenta el director, pero noso
tros no queríamos hacer una a la que se le viera
el
zipper. Ya suficiente teníamos con cinco semanas de rodaje, porque era el tiempo que tenía
Karla Souza para filmar. Ni un día más. Pero la
queríamos a ella y asumimos el reto”.


Con el tiempo medido, pero con un elenco
que incluye a la actriz de
How to Get Away With
Murder
y a Ricardo Abarca (estrella de Cumbia
Ninja
), las ganas de consolidar este proyecto
fueron decisivas. Sin embargo, para Lozano han
existido momentos y circunstancias que, a veces, bajan los ánimos. “Sí me desalienta a veces.
Luego me siento como en una carrera de obstáculos, pero la verdad es que a lo largo de 20
años me ha dado enormes satisfacciones. He podido conocer a muchísima gente y cuando tengo
un proyecto mío, como éste, lo único que recibo
de ellos es su apoyo total. Y es recíproco, porque
cuando está en mí apoyar o asesorar a un tercero, lo hago con muchas ganas”.

Al cuestionarle si el cine mexicano es dependiente del dinero gubernamental, Mónica
responde que “el Estado está obligado a apoyar la producción audiovisual. Y no deberíamos
preocuparnos en un número, sino en qué y para
quién lo hacemos. El cine es parte de la cultura,
de la identidad y de la soberanía de México y es
reconocido y valorado en el mundo. Es como nos
hemos dado a conocer y debería ser visto como
una actividad estratégica. A veces me cuestiono si el gobierno entiende cuál es el objetivo de
apoyar esta industria y cómo consolidarla”. 


EL PROBLEMA DE SIEMPRE

¿Pero qué tan redituable es el cine para
nuestro gobierno? En 2015, de las 286 millones
de personas que fueron al cine, 17.5 asistieron a
ver una película mexicana: las ganancias que
tuvo México fueron de $131.6 mdp por el IVA
de la venta de esos boletos. Pero esa cantidad
está muy alejada de los $800 mdp que anualmente IMCINE le otorga al cine mexicano. Y es
aquí donde nos topamos con ese otro monstruo
contra el que se lucha desde hace años sin éxito:
la exhibición justa.

Para Bertha Navarro, productora de grandes
películas como
Cronos, Cabeza de vaca, El laberinto del Fauno y muchas otras, “lo más difícil
es la exhibición. Y es muy peligroso porque 
los nuevos directores no tienen un diálogo con el público y entonces ¿para qué se
hacen las películas? Uno las hace para
que se vean. Y si se corta ese circui
to, estás afectando la capacidad de
los realizadores. Yo no hago una
cinta para mí o para el director. Yo
hago películas para el público”.
Lozano afirma que “el merca
do no te da la posibilidad
de recuperar las inversiones porque no hay compet
encia. Es decir, cuando hay un oligopolio en los
medios de comunicación, cuando hay dominio
en los medios de exhibición y en la distribución,
son unos pocos los que definen qué va a ver el
público, qué dimensión, con qué inversión y qué
temas… y es ahí donde están limitándose la diversidad, la pluralidad y la posibilidad de los retornos de inversión para un proyecto que no se
acomode a la visión particular de estos monopolios o empresas dominantes”. “Hemos avanzado mucho”, afirma Mónica. “Tenemos grandes
historias y gente que las realiza de manera increíble. Pero su acceso al mercado y distribución
correcta es donde siempre estamos tambaleando y donde hay que trabajar muchísimo, además 
de revisar lo que hemos estado haciendo bien
y mal para mejorarlo y perfeccionarlo”.

Y es justo en este punto donde, si no
se toman acciones, pronto nos golpeará una nueva crisis en el cine mexicano, que bien podría ser ilustrada con
esa secuencia de
Amores perros de
la que hablamos al inicio de esta
historia. Y si eso sucede, nadie,
ni la iniciativa privada, podrán
mantener a flote a nuestra
lastimada industria fílmi
ca mexicana. 

mm

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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