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Cine

Arabia Saudita y el surgimiento de su industria cinematográfica

11-04-2019, 10:20:27 AM Por:
Arabia Saudita

El Reino invertirá 35 mil millones de dólares para la creación de salas de cines alrededor del país y lanzará el Festival Internacional de Cine del Mar Rojo en 2020.

Arabia Saudita es jugador económico clave a nivel global, por ello, las compañías y las naciones más poderosas del mundo están dispuestas a pasar por alto las constantes violaciones a los derechos humanos del régimen del rey Salman bin Abdulaziz al Saud. El reino de Medio Oriente atraviesa por su mayor transformación económica en 70 años, encabezada por su heredero al trono, el príncipe Mohamed bin Salmán (MBS), quien ha impulsado reformas cosméticas sobre las restricciones más conservadoras de esta nación, así como ambiciosos proyectos de entretenimiento con fines propagandísticos para promover una imagen progresiva que pueda transformar la percepción internacional, incluyendo el reciente anuncio de una inversión de $35 mil millones de dólares para la creación de salas de cines y el lanzamiento del Festival Internacional de Cine del Mar Rojo en 2020.

Para entender el poderío económico de este país asiático solo necesitan saber que durante 2018, Arabia Saudita mantuvo su puesto como el primer exportador de petróleo a nivel mundial, de acuerdo con un informe reciente de la Organización Mundial de Comercio (OMC), asimismo, la estatal Saudi Aramco, la mayor empresa petrolera del mundo, es también la firma más rentable del planeta, superando casi dos veces en valor a Apple, la empresa pública más valiosa del planeta, con un beneficio neto que ascendió a $111 mil 100 millones de dólares, según informaron las calificadoras Moody’s y Fitch Ratings.

Sin embargo, el ambicioso proyecto Visión 2030, presentado en abril de 2016 por el príncipe MBS, pretende terminar con la dependencia del “Oro Negro” (cuyos precios van en picada) y desarrollar los servicios públicos bajo el impulso de los siguientes ejes: “una sociedad vibrante, una economía boyante y una nación ambiciosa”. Esto implica atraer nuevos inversionistas y transformar el modelo económico del país en las próximas décadas, apostando por las nuevas tecnologías, el turismo y los visitantes extranjeros. Pero, en aras de logar este objetivo, los mayores cambios estructurales deben provenir desde el interior, en un Reino donde las estrictas regulaciones sociales, religiosas y políticas abogan por la segregación sexual y la limitación a las libertades de expresión y asociación.

La industria cinematográfica saudí ha sido inexistente (tanto en su producción, como en su exhibición) durante las últimas cuatro décadas. La estricta prohibición comenzó a principios de la década de los 80 cuando la monarquía saudí, alarmada por la revolución islámica de Irán y la revuelta de la Gran Mezquita, decidió reforzar sus lazos con el ultraconservador estamento religioso wahabí, al cual concedió un enorme poder de decisión en materia educativa y de regulación social que derivó en la restricción de las libertades individuales y un sistema que desterró cualquier forma de entretenimiento masivo justificando sus acciones en razón del “carácter conservador de la población”.

Sin embargo, la tecnología ha complejizado el problema para las autoridades en las últimos años. Primero, a través del mercado negro de los videos y, ahora, dos tercios de los usuarios de internet en Arabia Saudita ven películas en línea de forma regular. Adicionalmente, los cinéfilos llevan años viajando a Dubái en los Emiratos Árabes Unidos y a Bahréin para ver los últimos grandes éxitos de Hollywood.

Sin duda, una de las proezas más grandes conquistadas durante este lapso de censura fue la producción de La bicicleta verde (Wadjda), el primer largometraje filmado por completo en Arabia Saudita y, por si fuera poco, la ópera prima de 2012 fue escrita y dirigida por una cineasta: Haifaa al-Mansour, en un país donde hasta año y medio las mujeres tenían prohibido manejar y acceder a estadios de futbol o conciertos de música. La entrañable historia gira en torno a una niña de 10 años que tiene el deseo de comprar una bicicleta verde; una rebelde que reta el statu quo de la conservadora sociedad islámica.

Cinco años después de aquel hito para la naciente industria cinematográfica saudí, el gobierno pretende resucitar la escena cultural del Reino. Para ello, en diciembre de 2017, se autorizó la reapertura de salas de cine y el Ministerio de Cultura e Información empezó a conceder licencias de forma inmediata. Los primeros beneficiarios fueron la cadena AMC, propiedad del conglomerado chino Dalian Wanda Group, quienes abrieron su primera sala el miércoles 18 de abril de 2018. Aquellos asistentes a una función de Black Panther en el Centro Financiero Rey Abdalá de Riad, se convirtieron en los primeros espectadores de una proyección comercial en Arabia Saudita en 35 años.

Como parte de su agenda, el príncipe MBS ha prometido toda clase de incentivos gubernamentales para la producción, distribución y exhibición cinematográfica, despertando el interés de la industria a nivel global. Pero su proyecto sufrió un duro golpe tras darse a conocer los primeros reportes sobre la desaparición y, posteriormente, la confirmación del brutal asesinato de Jamal Khashoggi, periodista de The Washinton Post y una de las voces más críticas del régimen saudí. El pasado 2 de octubre, a unos minutos de su llegada al consulado saudita en Estambul, el columnista fue asfixiado y descuartizado por agentes que habían aterrizado durante la madrugada procedente de Riad y quienes se marcharon de Turquía tras cumplir su misión.

Como consecuencia, distintos países y empresas se vieron obligados a reevaluar, al menos por un instante, sus relaciones diplomáticas y comerciales. Hablando exclusivamente del Séptimo Arte, la poderosa cadena europea de cines Vue ha puesto en pausa sus planes para abrir más salas en Arabia Saudita, aunque no descarta retomar el proyecto. Por otro lado, la agencia de talentos hollywoodense, Endeavour, devolvió una inversión de $400 millones de dólares provenientes del Fondo de Inversión Pública Saudita, cuyo objetivo era ayudarlos a reclutar a los mejores creadores de contenido y marcas para la región. Finalmente, hay incertidumbre sobre si Arabia Saudita tendrá un pabellón en el Festival de Cine de Cannes este año, pues habían firmado un acuerdo de cooperación cultural con Francia en 2018 para hacer del legendario festival un escaparate mundial para promover el cine saudí.

Los primeros meses de 2019 habían transcurrido sin mayores novedades hasta el pasado miércoles 28 de marzo, cuando en un ostentoso evento desde Riad, la capital saudita, el Reino puso en marcha su nuevo Ministerio de Cultura, encabezado por el príncipe Badr Bin Abdullah Bin Farhan, quien presentó el documento “Nuestra Cultura, Nuestra Identidad”. Las nuevas iniciativas cinematográficas serán supervisadas desde el gobierno, a fin de establecer una estructura de poder clara para encausar los proyectos hacia los objetivos principales, es decir, el Consejo de Cine Saudí y la Autoridad General de Cultura estarán bajo el mando del Ministerio de Cultura gubernamental. El evento causó un gran revuelo en el Golfo Pérsico, con varias figuras prominentes de la industria regional al pendiente de los anuncios.

“Hoy marca un punto de inflexión en la historia de nuestra nación. Es raro que una nación experimente un renacimiento masivo de su cultura. Y eso es exactamente lo que está sucediendo con el lanzamiento de este Ministerio», dijo el Príncipe Badr. “La transformación de las artes y la cultura beneficiará a todos los saudíes, jóvenes y viejos, de todos los rincones de nuestro país. Ayudará a construir puentes de entendimiento. Y para nuestros hijos, construiremos una Arabia Saudita donde sus espíritus creativos puedan florecer, con confianza en su pasado, saliendo adelante hacia al futuro y al mundo», agregó.

Las iniciativas incluyen un fondo para la producción cinematográfica, un esquema de coproducción e incentivos fiscales, pero su anuncio más importante fue la realización del Festival Internacional de Cine del Mar Rojo en 2020, que se convertirá en el segundo evento anual de cine del Mar Rojo después del Festival de Cine de El Gouna, de Egipto, el cual celebró su primera edición en 2017. El festival tendrá lugar en la ciudad de Yeda, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, y se centrará en el talento emergente de Arabia Saudita, el mundo árabe y el «Sur Global», a partir de una incubadora de películas llamada Red Sea Film Lodge. Los organizadores están tratando de forjar vínculos con otros laboratorios de cine de todo el mundo. Su primera edición será presidida por Mahmoud Sabbagh, director de las películas Barakah Meets Barakah (2016) —ganadora del Premio del Jurado Ecunémico en la Berlinale— y Amra and the Second Marriage (2018).

Si eso no hubiese sido suficiente, el pasado jueves la Comisión General de Medios Audiovisuales confirmó la inversión $35 mil millones de dólares para crear complejos cinematográficos en las ciudades de Riad, Dammam y Yeda en 2020, con el objetivo de que abrir unas 2 mil 500 pantallas durante los próximos cinco años. Obviamente, contarán con el apoyo de grandes cadenas de cine occidentales. De hecho, se espera que más de 200 ejecutivos de la construcción y exhibición procedentes de 20 países asistan al Foro Cinema Build KSA del 14 al 15 de abril en la capital saudí.

Al respecto, John Fithian, jefe de la Asociación Nacional de Propietarios de Cines (NATO, por sus siglas en inglés), dijo respecto a esta polémica decisión en CinemaCon: «No creo que sea nuestro negocio hacer política exterior si somos una asociación comercial […] la idea de tener la libertad de ver películas en un país sólo puede ayudar a abrir el pensamiento». Además, reveló que al menos dos cadenas estadounidenses más perseguían licencias para operar en Arabia Saudita.

Otras empresas de exhibición que asistirán al Foro Cinema Build incluyen a Vox Cinemas, con sede en Dubai y, actualmente, el jugador más importante en este mercado con miras a abrir 110 pantallas este año; el expositor y distribuidor libanés Empire Cinemas; Carnival Cinemas de India y Cinépolis. La compañía mexicana confirmó en abril de 2018 su intención de participar en la conquista del emergente mercado de Arabia Saudita en asociación con Al Hokair (líder en los sectores hotelero y de entretenimiento en Medio Oriente y el norte de África) y Al Tayer (uno de los principales minoristas de lujo y estilo de vida en Emiratos Árabes Unidos).

Arabia Saudita y el resto de los países de la península arábiga conforman una de las regiones más importantes a seguir dentro de la industria cinematográfica en los años por venir. El Reino ha demostrado su poderío económico para atraer la atención de algunas de las marcas más importantes en el mercado a nivel internacional, pero hay muchas dudas respecto a qué tan profundo está dispuesto a proceder el régimen saudí en verdadero beneficio de una transformación cultural. Por supuesto, las cintas exhibidas pasarán por una amplia censura y seguramente la gran parte de producciones auspiciadas no serán críticas de los episodios más crudos del gobierno (como en cualquier nación del mundo), así que las preguntas fundamentales hacia el futuro son: ¿Qué tan profundo está dispuesto a ir Arabia Saudita para autopromocionar su plataforma en occidente? ¿Podrán convertirse en uno de los productores clave en Asia? ¿Qué naciones, empresas transnacionales y personalidades cederán al encanto del dulce dinero saudí?

Arabia Saudita cine cinepolis
mm Redactor de Cine PREMIERE y colaborador de Otaku-shi
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