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Audrey Hepburn: Sus mejores películas

Por:

21-10-2019
Audrey Hepburn

Aunque todos la conocen por Desayuno con diamantes, Audrey Hepburn fue clave en algunos de los mayores clásicos de todos los tiempos.

Audrey Hepburn siempre quiso ser bailarina, pero las secuelas de la II Guerra Mundial le impidieron concretar el sueño. Esto la hizo apuntar hacia la actuación y no pasó mucho tiempo para que se posicionara entre las actrices más talentosas y queridas de su generación.

Su talento le permitió deambular por distintos géneros con gran éxito, pero su carisma le convirtió en todo un referente de la comedia romántica. No conforme con ello, su porte y su elegancia la inmortalizaron como un símbolo del glamour que imperaba en la industria cinematográfica de la época.

A continuación las mejores películas de Audrey Hepburn.

Romance al atardecer (Dir. Billy Wilder, 1957)
(Vía)
Audrey Hepburn y Billy Wilder se reencontraron tres años después de Sabrina con Romance al atardecer, que inspirada en la sensual Ariane de Claude Anet, relata la historia de una joven enamorada del amor, aunque poco familiarizada con él, lo que le motiva a ayudar a un conquistador en riesgo de ser asesinado por el esposo de su amante. La cinta fracasó en Estados Unidos, no sólo por la controvertida naturaleza de su historia, sino por la marcada diferencia de edades entre la actriz y su coprotagonista Gary Cooper. Su recepción fue considerablemente mejor en Europa, donde se le considera una joya poco valorada muy al estilo del escritor y director Ernst Lubitsch. También se le considera un filme clave para su consolidación de la belga en la comedia romántica, pues ésta y La Cenicienta en París (1957) fueron las cintas con las que intentó retomar el rumbo al año siguiente de su poco memorable adaptación de Guerra y paz (1956).
Un camino para dos (Dir. Stanley Donen, 1967)
(Vía)
Tercera y última colaboración entre Audrey Hepburn y Stanley Donen, quienes tal y como hicieron con La Cenicienta en París (1957) y Charada (1963), jugaron con las variantes de la comedia romántica, esta vez con una tragicomedia que explora los altibajos al interior de una relación sentimental. Esto la obligó a realizar una interpretación más aterrizada y madura, lo que desembocó en una de las mejores actuaciones de toda su carrera, así como en uno de sus personajes más icónicos. Su labor fue brillantemente complementada por Albert Finney, cuyo talento y buena química con la actriz demostraron las razones por las que le ganó el puesto a los más cotizados Paul Newman y Michael Caine. Finalmente, está la presencia de Henry Mancini, un recurrente en la obra de Hepburn y quien consideró que la música compuesta para esta película fue la mejor de toda su carrera.
La Cenicienta en París (Dir. Stanley Donen, 1957)
(Vía)
Se dice que Audrey Hepburn pudo ser todo un referente del cine musical de haber participado en Gigi (1958), título que rechazó en beneficio de Funny Face. Lejos de arrepentirse por la decisión, siempre lo consideró uno de sus proyectos más queridos, ya que le permitió cumplir sus sueños de bailarina y compartir pasos con el mítico Fred Astaire. La actriz interpreta a la intelectual empleada de una librería que termina convirtiéndose en fuente de inspiración de un cotizado fotógrafo, lo que desemboca en el inicio de una carrera como modelo, lo que ella ve como su oportunidad para conocer París y asistir a las pláticas de un prestigiado filósofo. Fracasó durante su estreno e incluso se le consideró uno de los peores exponentes del musical norteamericano, destacando únicamente el trabajo de su elenco. El tiempo le hizo justicia, pues sólo unos años después ganó aceptación y hoy es una cinta indispensable en la filmografía de su protagonista.
Espera la oscuridad (Dir. Terence Young, 1967)
(Vía)
Aunque suele ser considerada un referente de la comedia romántica, Audrey Hepburn tuvo un paso memorable por el thriller con Espera la oscuridad, donde interpreta a una mujer que recién se ha quedado invidente tras un accidente automovilístico y cuya tranquilidad se ve usurpada cuando tres criminales ingresan en su apartamento. Su preparación fue intensa, pues tomó clases de lectura en braille y uso del bastón en un instituto especializado, lo que le resultó especialmente útil en el perturbador tercer acto sucedido en una oscuridad casi absoluta. Estos esfuerzos también serían reconocidos por la Academia, que le concedió una quinta y última nominación al Oscar en toda su carrera. La cinta también tiene un lugar especial entre los aficionados de la actriz porque representó su último trabajo en nueve años, un semiretiro para dedicarse a su familia y que terminó con Robin y Marian (1976).
Sabrina (Dir. Billy Wilder, 1954)
(Vía)
Un auténtico cuento de hadas urbano, sobre una modesta joven que debe decidirse entre un hombre desobligado del que siempre estuvo enamorada, pero que sólo le prestó atención cuando se tornó refinada tras un viaje europeo, o su sobrio hermano que siempre la apreció por cómo era. A pesar de la buena química entre la actriz y su coprotagonista Humphrey Bogart, el rodaje fue complicado porque este último se decía incómodo con el género, lo que no afectó el resultado del filme que suele ser considerado uno de los más memorables en las carreras de ambos actores. Como prueba, sus seis nominaciones al Oscar destacando Mejor director para Billy Wilder y Mejor actriz para la propia Hepburn. La cinta también marcó la primera colaboración de la fémina con el diseñador Hubert de Givenchy, una alianza que sería determinante para que la belga se convirtiera en todo un emblema del glamour hollywoodense.
Historia de una monja (Dir. Fred Zinnemann, 1959)
(Vía)
Historia de una monja no tiene al personaje más popular de Audrey Hepburn, pero sí que tiene la mejor interpretación de su carrera. La adaptación a la novela homónima de Kathryn Hulme explora la historia de una joven que abandona una vida de comodidades para integrarse a la religión y con ello a las misiones europeas que buscaban mejorar las condiciones de distintos pueblos africanos. También se le considera el rol que cambió para siempre el destino de la actriz: su naturaleza dramática reveló una faceta pocas veces vista en su carrera y la afianzó entre las más talentosas de su generación; sus exigencias le enseñaron a usar su propio dolor en la construcción de los personajes que así lo requirieran; sus satisfacciones al momento de ayudar a otros le motivaron a realizar toda clase de ayuda humanitaria en colaboración con Naciones Unidas.
Mi bella dama (Dir. George Cukor, 1964)
(Vía)
Uno de los roles más divertidos en la carrera de Audrey Hepburn, cuya modesta Eliza Doolittle pasa de tener serios problemas de dicción a ser confundida con toda una dama de la alta sociedad británica gracias a la intervención de un profesor de fonética. Una interpretación memorable, pero opacada por la polémica cuando la actriz fue elegida por encima de una poco conocida Julie Andrews quien había interpretado al personaje en la puesta teatral homónima. A esto sumemos el doblaje a la voz de Hepburn para las canciones, una decisión de último minuto que fue devastadora para la actriz y que resultó determinante para su omisión en los Premios de la Academia, que reconocieron a Mi bella dama con ocho estatuillas, incluyendo Mejor actor, director y película.
Charada (Dir. Stanley Donen, 1963)
(Vía)
Audrey Hepburn estuvo cerca de trabajar con Alfred Hitchcock en la nunca realizada No Bail for the Judge, pero rechazó el proyecto porque incluía una escena de violación. Por ello su presencia en Charada es tan curiosa, pues sus similitudes con la obra del Maestro del suspenso le han llevado a ser etiquetada como la mejor película de Hitchcock que no fue realizada por Hitchcock. Hepburn interpreta a una mujer perseguida por un grupo de extraños sujetos que quieren hacerse con una fortuna robada por su recién asesinado marido. Su único apoyo recae en un no menos enigmático sujeto interpretado por Cary Grant, quien curiosamente fue uno de los actores más recurrentes en la obra del cineasta británico. El carisma y la buena química de ambos actores resultó en uno de los thrillers más cautivadores de todos los tiempos, gracias a que sus giros y sus atinados usos de la violencia coexistieron perfectamente con sus numerosos toques humorísticos.
Vacaciones en Roma (Dir. William Wyler, 1953)
(Vía)
Muchos se sorprendieron cuando William Wyler se decantó por una poco conocida Audrey Hepburn por encima de la experimentada Jean Simmons para Vacaciones en Roma, primera película hollywoodense filmada completamente en Italia y cuya protagonista debía ser todo lo contrario de las sensuales actrices italianas de la época. La incógnita se despejó con su brillante interpretación de la princesa Anna, quien dominada por la jovialidad y la inocencia, aprovecha cada minuto de su inesperada libertad al lado del periodista Joe Bradley, interpretado por un memorable Gregory Peck. Su éxito se concretó cuando fue reconocida por el Premio de la Academia, primero y único de su carrera, en una complicada terna donde superó a las míticas Ava Gardner y Deborah Kerr. La cinta también marcó la primera de tres colaboraciones entre Hepburn y Wyler, quienes se reencontraron con La mentira infame (1961) y la muy querida Cómo robar un millón (1966).
Desayuno con diamantes (Dir. Blake Edwards, 1961)
(Vía)
Quizá no sea la mejor adaptación a la novela homónima de Truman Capote pues, aunque la esencia del personaje impreso es respetada durante el primer acto, ésta se difumina con los minutos para desembocar en una comedia romántica al más puro estilo hollywoodense, lo que invariablemente resulta en la pérdida del mensaje original sobre una Cenicienta contemporánea incapaz de vivir feliz para siempre a consecuencia de sus errores y ambiciones. Aun así, la película se ha convertido en uno de los grandes clásicos de todos los tiempos gracias al talento y carisma de Audrey Hepburn, cuya interpretación de Holly Golightly resultó en un cuento de hadas completamente distinto, aunque igual de imperfecto, al cimentarse sobre la inocencia de una joven que lo abandona todo para perseguir sueños de riqueza en la gran ciudad, los cuales son reemplazados por el amor de un hombre tan necesitado emocional y sentimentalmente como ella. Y como toque final, la exquisita Moon River que se mantiene firme entre los grandes temas musicales de todos los tiempos. Se dice que el autor nunca estuvo satisfecho con la protagonista y que siempre vislumbró a Marilyn Monroe en el papel. Quizá habríamos visto un filme más fidedigno, pero difícilmente tan querido como el que tenemos hoy en día.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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