Berlinale 2017 – Uno año más político que de costumbre
Arranca la Berlinale en un año en el que la sombra de Trump y su radical y pesimista visión del mundo permea por todos los rincones.
De todos los festivales de cine Clase A que existen en el mundo, la Berlinale siempre ha sido considerado el más político. Sin embargo, al menos durante el último lustro, la combinación entre filmes de, llamémosle “contenido” y aquellos otros en los que figuraban estrellas de Hollywood y similares había sido bastante equilibrada. Para esta edición, sin embargo, la balanza se ha decantado de manera considerable hacia los primeros. Eso no hace sino reafirmar lo que ya sabemos: de un año para acá las cosas han cambiado, y mucho. Para empezar, hablamos de un mundo donde la sombra de Donald Trump y su radical y pesimista visión del mundo permea por todos los rincones. Y si hablamos de Berlín, es indudable el ataque terrorista perpetrado en un mercado navideño en el diciembre pasado aún se halla fresco. Hay dolor. Y hay miedo. Tanto es así, que por primera vez –al menos en los 13 años que quien escribe ha cubierto el festival– es necesario mostrar el contenido de la mochila o bolsa que se lleve consigo como requisito para poder entrar al área del hotel Hyatt que cada invierno es acondicionada para la prensa. El propio Dieter Kosslick, director del festival, aseguró en la presentación del evento a los medios que el programa de este 2017 describiría de alguna manera la “pesadilla diaria” por la que vivimos. En pocas palabras, al parecer poco espacio habrá para el cine optimista o conscientemente creado como vía de escape. Su lugar será ocupado por una cinematografía más crítica y reflexiva, que quizá buena falta hace.
El horror de los otros
Fiel a lo descrito en el párrafo anterior, Django fue el filme encargado de abrir la sección de competición del festival. Ópera prima de Étienne Comar, esta producción francesa ahonda en la vida de Django Reinhardt, un músico prodigio que, dado su origen gitano, por poco y termina como una víctima más del porraimos, que es como se conoce al genocidio contra el pueblo romaní perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El encargado de dar vida a Reinhardt es el actor Reda Kateb, cuyo rostro es muy bien conocido en Francia y quien se preparó durante un año para el papel, lo que incluyó clases intensivas de guitarra. Desde el punto de vista exclusivamente cinematográfico la cinta es correcta y de seguro tendrá un éxito decente en la taquilla europea y en casas de cine de arte de todo el mundo, pero más allá de ello se trata de una apuesta loable, pues en realidad se sabe poco sobre el terrible destino que hallaron cientos de miles de gitanos en tiempos de Hitler. Aun sin ser una película de denuncia, Django expone de manera clara las vejaciones a las que fue sometida la gente de esta etnia y en la secuencia final del filme realiza un claro homenaje a las víctimas. Eso sí, en todo momento a través de la vida este virtuoso que se atrevió a decir algo como: “yo no sé nada de música, pero la música sabe todo de mí”.
Ya veremos si el jurado presidido por Paul Verhoeven y en el que también participan, entre otros, Diego Luna y Maggie Gyllenhaal, la juzga merecedora de algún premio.