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BERLINALE 2019: Grandes películas fuera del mainstream

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09-02-2019

A pesar de la poca presencia de Hollywood, la Berlinale estremece con la primera película de Netflix en el festival y proyectos como System Crasher.

Más allá del mainstream

Es cierto que la Berlinale 69 huele poco a Hollywood. No vino en esta ocasión George Clooney, uno de los consentidos del festival, y quizá la proyección fuera de competición de El vicepresidente: más allá del poder sea lo más cercano que tendremos a lo que conocemos como mainstream.

Aun así, nunca es aconsejable subestimar a una fiesta de cine como la Berlinale: las joyitas que oculta bajo su aparente careta antisistema pueden convertirse, al tiempo, en verdaderos fenómenos cinematográficos. Por volver a mencionar a Dieter Kosslick, el director del festival que dejará sus funciones luego de esta edición, mencionemos algunos títulos que ganaron el Globo de Oro por Mejor Película durante su era: Contra la pared, de Fatih Akin; Tropa de élite, de José Padilha; La teta asustada, de Claudia Llosa; Una separación, de Asghar Farhadi, ello por no citar a docenas de títulos que se llevaron premios en otras categorías o que se exhibieron con éxito en otras secciones.

En todo caso, en este año no faltarán apellidos que, si bien no son sinónimo de un explosivo número de entradas vendidas, cuentan con el respaldo de un trabajo sólido que goza del favor de una innumerable cantidad de cinéfilos en todo el mundo. Tal es el caso del mencionado Fatih Akin, que viene con un peculiar retrato de un asesino en serie (The Golden Glove), o de Francois Ozon, quien vuelve al festival con un duro retrato sobre el abuso sexual de miembros del clero católico a niños (By the Grace of God).

Ello por no dejar fuera a Zhan Yimou, quien contará una historia íntima en tiempos de la revolución cultural china (One Second), o Isabel Coixet, situada a la cabeza de la que será la primera película producida por Netflix que se presentará en el festival (Elisa y Marcela). Al respecto diría el propio Kosslick en una entrevista: “Estamos en un momento en el que los parámetros de negocio del cine y de los productos audiovisuales están cambiando… estamos peleando por preservar el cine, pero no podemos excluir a Netflix como empresa que impulsa la realización de películas”.

El rostro infantil de la ira

La alemana Systemsprenger (titulada provisionalmente al inglés como System Crasher), es justamente una de esas películas de origen aparentemente modesto que al cabo de los meses podría estar en boca de medio mundo. Se trata del primer largometraje de ficción de Nora Fingscheidt, quien se suma así, y de manera instantánea, a una nueva generación de cineastas que han dado bríos renovados al cine alemán, suceso en el que además las mujeres han adoptado una voz indispensable, como pudo verse ya con Maren Ade y su aclamada Toni Erdmann. Ello, por demás, va en consonancia con las características propias del festival, ya que de los diecisiete títulos que se encuentran en competición, siete están dirigidos por mujeres.

Systemsprenger sigue a la atribulada e inestable vida de Benni -interpretada por una Helena Zengel que podría llevarse el Oso de Plata por Mejor Actriz- una niña de nueve años que no halla manera de controlar su ira. De hecho nadie parece capaz de encontrar la fórmula para darle sosiego a sus ataques de furia, a su dolor. No lo consigue la gente de los servicios sociales que intenta ayudarla, ni los psiquiatras infantiles, ni otros niños. Y, claro, por supuesto y en primer lugar tampoco su descuidada y débil -y seguramente también víctima contante de abusos- madre. Aun así, pese a su rabia ciega y el aparente regodeo que Benni posee de su irracionalidad, incluso por encima de esos gritos que pega todo el rato y que ponen en riesgo el óptimo estado del tímpano, el espectador no puede sino compadecerla, desear su salvación, orar por el fin de su tortura. Es luego, minutos -u horas- después de la función, que uno se da cuenta de lo poco que se necesita para joderle la vida a un niño para siempre, de la maldad, casi banal, que existe tras los abusos físicos y psicológicos que hay de los adultos hacia los infantes. Fingscheidt hace bien en mostrar más que juzgar, pues le da al conjunto una atmósfera auténtica, casi de documental. Es de las películas que dejan mal el cuerpo pero que, de una manera misteriosa, sacuden el alma de una manera que se agradece.

Carlos Jesús (aka Chuy) es escritor y periodista freelance. Desde 2006 radica en Berlín, desde donde colabora para distintos medios. Sus pasiones son su familia, la cerveza, escribir relatos y el cine de los setenta.

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