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Cannes 2018: La Costa Azul después de Harvey Weinstein

Por:

15-05-2018
Cannes

Una marcha de realizadoras, películas con personajes femeninos complejos y el deseo de debatir qué significa la era post-Harvey Weinstein han marcado la edición 71 de festival.

Hace doce meses exactos encontré a Harvey Weinstein por primera –y supongo que última– vez, en el pasado festival de Cannes, en las escaleras laterales del Palacio que conducen a la sala Debussy. Eran los últimos dos o tres días del festival, y aunque uno, sea quien sea, nunca puede estar seguro de regresar aquí al año entrante, un Cannes sin Weinstein era algo difícil de imaginar. Su presencia era obligada cuando menos desde 1988, cuando  Cinema Paradiso y, un año después, Sexo, mentiras y video pusieron a su catálogo en el centro del Mercado del festival. Después vinieron las compras grandes, todas sus Palmas y Premios del jurado, de Roberto Benigni a Pulp Fiction, de Kieslowski a El piano.  Este año volví al festival. Él no. C’est la vie.

El apellido del magnate del arthouse cinema es una sombra perpetua en esta edición del festival, y no para mal. El sábado, un grupo de ochenta y dos mujeres reunido por Cate Blanchett y Agnès Varda marcharon sobre la alfombra roja del Palacio, evidenciando las cifras de la disparidad en la industria. Cannes es un visor de esto en miniatura: 82 mujeres cineastas han caminado sobre la misma pasarela para presentar una película en la competencia; en la otra portería, un total de mil 688 cineastas varones han hecho lo mismo en siete décadas (este año,  la selección oficial solo cuenta con tres películas dirigidas por una mujer). En el mismo tiempo, solo dos mujeres han recibido la Palma de Oro (una de ellas, Varda, de forma honoraria, sin película de por medio), mientras que solo doce jurados han sido presididos por una mujer. No, esperen: once. Jeanne Moreau lo hizo dos veces.

Cannes

82 realizadoras marcharon por la alfombra roja para mostrar la inequidad de género que ha caracterizado el festival.

Una conocida revista americana, que se reparte a diario y gratis a los asistentes del festival, publica este año entrevistas con mujeres relacionadas con el festival (una cada día) en donde destaca una pregunta: “Para ti, un mundo post-Harvey Weinstein es…”, pero nadie parece tener una respuesta exacta, clara o definitiva. Por unas tres décadas, el festival de Cannes, como nicho paradigmático de la industria, cobijó con mimos a un monstruo, y digerir esa verdad no es algo que se resuelva de una edición a otra. Pero la marcha de las mujeres de la industria surgió como una ocasión precisa y necesaria para, por fin, empezar a hablar del tema y ponerlo sobre la mesa. En los altavoces del Palacio, Whitney Houston cantaba “I’m Every Woman”, porque seguía siendo una fiesta. Caminaron ahí mujeres que, desde un ángulo u otro, desarrollan visiones distintas de la condición femenina en películas que no podrían ser más distintas entre sí.

Cannes

Las 82 marchantes representan una estadística: a las 82 mujeres que, en 70 años de Cannes, han sido seleccionadas para competir en la selección oficial.

La Semana de la Crítica, por su parte, exhibió la extraordinaria Women at War, dirigida por Benedikt Erlingsson (Historia de caballos y de hombres, 2006), una comedia de dolor de barriga, feminista, ecologista, surrealista y cuanto “ista” le quede bien en un coctel de humor nórdico. Marion Cotillard presentó la ópera prima de la francesa Vanessa Filho, Angel Face, relato de una madre alcohólica que intenta hacerse cargo de una hija de cinco años; finalmente, las delicadas y extraordinarias películas japonesas Shoplifters, del bien conocido Hirokazu Koreeda, y una revelación, Asako I & II, de Ryusuke Hamaguchi, ponen en el centro de sus universos a mujeres complejas, universales, mezcla de fragilidad y potencia.

El programa de actividades paralelas Women In Motion ha funcionado en esta edición como un marco adicional para reflexionar sobre los matices de género en la industria global: en esta ocasión, embajadoras como Salma Hayek o Emilia Clarke protagonizan un programa por el que ya han pasado Isabelle Huppert, Jane Fonda, Juliette Binoche, entre otras. Un Cannes sin Harvey Weinstein es, después de todo, una oportunidad para abrir puertas y ventanas, dejar entrar el aire y regresar al cine como un espacio perpetuo de diálogo y propuesta. Un festival de esta magnitud no puede cumplir mejor función que esa.

Periodista, cinéfilo y lector compulsivo, conductor en Mi cine tu cine (Once TV), locutor, jazzero y tragón. Miembro de la Semaine de la Critique de Cannes en 2014 y del Berlinale Talents Press. Estando antes en París, pasaba más tiempo dentro del cine que afuera, así que volví a la Ciudad de México en donde el cine es más barato y, digan lo que digan, se come mejor.

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