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Cannes 2018: Lars von Trier, el provocador ha regresado

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18-05-2018

Abiertamente agitadora, autoindulgente, incómoda y estimulante, The House that Jack Built provocó salidas numerosas de la sala de cine y furor en redes sociales. Es Lars von Trier divirtiéndose.

Nada complace mas a un provocador que tener éxito; no hay nada que un festival como Cannes agradezca mas que un buen escándalo: The Brown Bunny, Bajo el sol de Satán, Irreversible, las diecisiete proyecciones de El imperio de los sentidos, cuando el programa inicial solo contemplaba tres. Dependientes mutuos de esta relación desde hace más de treinta años, el festival y uno de sus hijos predilectos, Lars von Trier, parecen haberse reconciliado con The House that Jack Built, una cinta fabricada y ejecutada como un artefacto para generar molestias, furias, llamas y barricadas en cada templo de la corrección sociopolítica, tan bien resguardados en estos días.

“¿Por qué los hombres siempre tenemos que ser los malos? ¿Por qué ustedes, las mujeres, siempre tienen que ser víctimas? ¿No te parece injusto?”, dice el protagonista, Jack (Matt Dillon), en la antesala de una de las secuencias mas comentadas, gráficas y denostadas de una película cuyo personaje central diserta sobre el feminicidio como una de las bellas artes; equivalente –son sus palabras– a la música de Glenn Gould, a Picasso y a la construcción de catedrales góticas.

Aunque la ambientación es imprecisa y los detalles son pura anécdota, nos situamos en los EE.UU. de los años 70. Por las carreteras de un estado no identificado, quizá del norte (el lugar se parece a Twin Peaks o, aprovechando a Matt Dillon, incluso a Wayward Pines), deambula un asesino serial con dos objetivos mas o menos claros: matar y construirse una casa. Ha cometido unos 60 homicidios, aunque para fines narrativos, nos cuenta cinco por los que siente algo cercano al afecto. En realidad, nosotros no somos los oyentes, sino Verge (Bruno Ganz), que en el nombre lleva una forma deformada del Virgilio de Dante. Durante buena parte del metraje, es una voz sin rostro que parece ser la consciencia y la razón, un mediador humanista entre los espectadores y la torcida psicología del asesino.

Lars von Trier

Sin un orden claro, avanzando por una cadena de explicaciones que no dejan mucho espacio a la lógica, Jack se confiesa en un monólogo interminable que parece hecho con retazos de Dostoievski, Charles Manson y de la Joe de Ninfomanía, otra arrepentida confesional cuya estructura episódica está calcada en The House That Jack Built, sin demasiado éxito y con huecos evidentes. Un episodio hacia la mitad, que detalla el asesinato de dos niños, hijos del protagonista, sorprende más por su gratuidad que por su carga gráfica. Al final de esos minutos, me queda una conclusión: Lars von Trier se está divirtiendo como nunca, y nada le divierte más que ser el único que se divierte.

En una edición algo escasa de nombres reconocibles para las grandes audiencias, el festival abrió para el danés las puertas que le había cerrado en 2011, pero se ha protegido de un escándalo mayor al exhibir la cinta casi a media noche y fuera de competencia, lejos de la mirada de un jurado con mayoría femenina y agitado por los vientos de cambio de #MeToo. Después de ser seleccionado nueve veces en la competencia oficial desde 1984, el autor de Rompiendo las olas quedó ahora en los márgenes del festival, aunque se las arregló para quedar en el centro: salidas numerosas de la sala, gritos y agitación en redes sociales. Lars von Trier Dio en el clavo.

En un complaciente, brusco y abierto ejercicio de narcisismo y autoindulgencia, el danés parece haber escrito The House That Jack Built como un testamento para ajustar cuentas con sus muchas némesis, incluidas en primera línea las mujeres de su filmografía que han aceptado atravesar sus cuestionables métodos de trabajo para después retirarle el saludo de aquí a la eternidad. La velada acusación de Björk hace unos meses acerca de presuntos acosos durante el rodaje de Bailando en la oscuridad parece tener réplica en el retrato que The House That Jack Built hace de las mujeres, tan irritantes, ingenuos y monocromáticos, que su trazo puede confundirse con un preocupante mensaje lanzado por el cineasta hacia sus colaboradoras: “Ustedes se lo buscaron; el artista soy yo.” No todo es intuición o sospecha: hacia el último tercio de la cinta, una inesperada referencia personal, casi en primera persona, deja claro que los asesinatos que Jack nos ha contado admiten leerse como una fábula sobre cada película de Lars von Trier con mujeres protagonistas.

Sea para justificarse, satirizar su propia figura pública o para divertirse con un desagradable artefacto de ironías, lo ha hecho con una cinta cercana a las tres horas que incluye el asesinato y mutilación de dos niños, varias mujeres, un animal y una ambigua alegoría sobre el fascismo como una forma de grandeza »que, como las catedrales, oculta en sus techos detalles escondidos de manera que queden lejos de la vista de los hombres, donde solo Dios los pueda ver».

Lars von Trier

Y sin embargo, sería injusto calificar a The House That Jack Built de provocación vacua o pedantería reprimible. Detrás de este misógino confeso hay un intelectual incómodo y mutante que se las arregla para lanzar dardos bien afilados y estimulantes incluso en éste, uno de sus trabajos mas débiles. Como ejemplo, la espectacular secuencia final, imposible de describir sin estropear el efecto, pero que revela a un pensador moral mas elaborado de lo que otras secuencias harían pensar.

Difícil de definir y exitosa en su afán algo infantil de agitar a toda costa, The House That Jack Built esta tan lejos de Rompiendo las olas, Europa o Los idiotas como puede estarlo un feminicida de la redención a través del arte: es un intermedio efectista y pagado de sí mismo en una filmografía que nunca ha dejado de moverse en nuevas direcciones. Repulsiva como es, también es una película que incita al debate, que agita ideas e intuiciones mucho tiempo después de que sus imágenes hayan salido del estómago y de nuestros sueños. Aunque esto último, eso sí, lleva su tiempo.

El crítico de Variety reporta la salida de aproximadamente 100 personas durante la proyección de The House That Jack Built.

Periodista, cinéfilo y lector compulsivo, conductor en Mi cine tu cine (Once TV), locutor, jazzero y tragón. Miembro de la Semaine de la Critique de Cannes en 2014 y del Berlinale Talents Press. Estando antes en París, pasaba más tiempo dentro del cine que afuera, así que volví a la Ciudad de México en donde el cine es más barato y, digan lo que digan, se come mejor.

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