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CRÍTICAS Cine

Carnívoras – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3
Calificación usuarios: 5
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05-04-2019

Aunque está realizada con mano sólida, los hermanos Renier se esforzaron demasiado en las actuaciones y no lograron trascender el thriller convencional.

Voracidad fraternal carcomida por la envidia, el engaño, el ansia de éxito, la depresión y el abandono a partir de una mezcla de géneros que van del drama familiar a la road movie y el suspenso. El debut como directores de los hermanos actores Jérémie Renier y Yannick Renier, el primero actor en algunas de las películas de los hermanos Dardenne que producen el filme (por ejemplo, La chica desconocida), tiene toda su fortaleza en tres actuaciones sobresalientes que, sin embargo, ensombrecen la trama.

Mona (espectacular Leïla Bekhti) es la hermana mayor de las Berni, eterna aspirante a actriz en permanente búsqueda de papeles que no obtiene y que vive con su hermana menor y su familia, Samia “Sam” (Zita Hanrot), ella sí estrella del cine francés pero con problemas en su relación con su esposo Manuel (Bastien Bouillon), cansado de hacerse cargo del hijo de ocho años de ambos Tom (Octave Bousset) ante las reiteradas y prolongadas ausencias de Sam mientras filma una versión de Justine, del Marqués de Sade, bajo las órdenes de Paul Brozek (Johan Heldenbergh), un director arrogante que la saca de sus cabales hasta que, rebasada por sus insostenible relación familiar y las exigencias del personaje, simplemente abandona el set y desaparece, ya con Mona como su asistente.

Así, la hasta entonces sumisa Mona, acostumbrada a observar todo desde unos pasos atrás sin decir nada, como en aquella violenta escena de la discusión marital, decide quedarse con Manuel y Tom hasta que un año después el primero le pide que se vaya y se desata un vendaval detonado más que nada por una noticia que la hace buscar a Paul y, cuando todo parece acomodarse para ella, llega la llamada de la hermana que cambia la perspectiva de la película hacia una road movie de suspenso que se adivina desde el principio, en aquella escena en que la voracidad fraternal de Mona mira por la puerta abierta a su hermana teniendo sexo con su marido.

Los Renier hacen que esta historia de voracidad fraternal, escrita por ellos mismos y Agnès de Sacy y Bulle Descarpentries, funcione por una serie de ambigüedades que van sembrando en el camino. No sólo hay un cambio de género, sino de ritmo y de colores, de movimientos de cámara y de apariencias de los personajes. La primera parte de Carnívoras pondera la gestualidad y la introspección de las actrices, con abundantes close ups y un detenimiento constante en sus miradas, especialmente en las de Mona, que Bekhti resuelve con desasosegante encanto para llamar la atención hacia aquello que se oculta en el inconsciente; además, la historia transcurre en espacios cerrados, oscuros, con planos que echan mano de la profundidad de campo cual obvios comentarios de la condición de los personajes. Para la segunda parte, la película se vuelve luminosa, transcurre en planos abiertos y el detenimiento ya no está en el detalle, sino en los movimientos corporales. Hay incluso una escena en la que Sam canta “Sarà perché ti amo”, de Richi e Poveri, al pie de la carretera con una alegría que contrasta con la ambigua y visceral reacción que tiene con esa misma canción en una reunión familiar con su madre mientras ven viejos videos caseros, tal vez detonante de su radical decisión de desaparecer. Ahí es indudable que la voracidad fraternal se desatará inexorablemente para que estas hermanas se coman entre sí como alude el título de la película.

Pero los Renier se esforzaron demasiado en las actuaciones y no lograron trascender el thriller convencional. Hay la intención de hacer un cine intimista que mire la sociedad no desde la óptica de la depauperación económica de sus personajes y su entorno, sino desde la depauperación moral, como ocurre digamos en el cine de Claude Chabrol, pero quedaron muy lejos de conseguirlo aunque se trata de un esfuerzo aceptable.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • Voraz (Julia Ducournau, 2016)
  • Siamesas diabólicas (Brian de Palma, 1972)
  • Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999)

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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