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El depredador, Locamente millonarios

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REVISTA Columnas

¿Cierre de cines?

Por:

30-04-2009

Leo que, como consecuencia de la epidemia de gripe porcina que asola México y crea psicosis en medio mundo gracias a un relato periodístico global más próximo a un guión de serie B que a lo que algunos entendemos por información, las autoridades políticas de nuestro país (y digo nuestro pues a pesar de ser […]

Leo que, como consecuencia de la epidemia de gripe porcina que asola México y crea psicosis en medio mundo gracias a un relato periodístico global más próximo a un guión de serie B que a lo que algunos entendemos por información, las autoridades políticas de nuestro país (y digo nuestro pues a pesar de ser español y residir acá siento México como una segunda patria) han resuelto precintar las salas de cine como potenciales focos de contaminación.
 
Vaya por delante que puedo entender dicha medida pero no deja de producirme una infinita tristeza más por lo que tiene de oscuro presagio antes que por su carácter puntual y preventivo. En una época en la que la gente ya no acude a las salas y aquellos grandes cines de antaño intentan sobrevivir convirtiéndose en minisalas o bien terminan por desaparecer ante la imposible competencia que plantean los grandes centros de ocio en superficies comerciales, solo hacía falta una alarma sanitaria de estas características para reforzar esa mirada de desconfianza hacia nuestros semejantes, ese miedo al otro, que cotiza tan al alza hasta terminar por aislarnos en nuestra ámbito de seguridad más inmediato, en nuestra particular burbuja despreciando toda manifestación colectiva, ocio incluido.
 
Esa inseguridad termina por resultar un argumento de peso para aquellos que se preguntan para qué acudir a los cines y pagar desplazamiento mas parking mas boleto, pudiendo quedarse en casa visionando en la computadora algunas de los últimos mainstreams que ilegalmente ha descargado de internet. La evidencia de la comodidad que procura el hogar trata de ocultar el pavor creciente que nos genera el tener que compartir un mismo espacio de manera simultánea con un número X de seres desconocidos. Preferimos, en todo caso, vivir en una realidad virtual y cuando hablamos de “compartir archivos”, estamos hablando realmente de la impunidad que procura el no ser ni visto ni reconocido.
 
No podemos besarnos por miedo al contagio, no podemos disponer de nuestro ocio en restaurantes, ni ir al cine, hemos de hacer acopio de alimentos en el Superama más cercano (esto sí no lo clausuran) armados con mascarillas. Y mientras compramos miramos desconfiadamente a quienes nos rodean evitando su contacto presas del pánico.
 
Cuidado, amigos, con las consecuencias de esta epidemia, el miedo nos hace más vulnerables y cuanto más vulnerables somos más fácilmente podemos ser manipulados. La vía de escape a la fantasía, a los sueños, al conocimiento, quedó clausurada con el cierre de cines. ¿Qué será lo próximo?
 
Plántenle cara al miedo y cuando los cines vuelvan a abrir hagan el favor de acudir raudos a ellos exigiendo compartir sensaciones con sus compañeros de butacas mirando a estos como seres afines y no como amenazas en potencia.
 
Yo por mi parte no sé si me da mas miedo el futuro o el presente, porque la imagen con la que acompaño este texto, no me digan que no parece sacada de una de esas apocalípticas cintas de ciencia ficción sobre las amenazas del mañana que no hacen sino referirse a las consecuencias de las acciones del hoy.

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