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Columnas REVISTA

Clint no sabe fallar

Por:

22-12-2009

Lo confieso, soy fanático incondicional de Clint Eastwood y mi percepción sobre sus películas peca de subjetividad. Sin embargo, pocos pueden negar que como actor y director pertenece, de ya, al pantheon de las grandes leyendas de Hollywood, y que a él le debemos que el cine clásico, ése de la época dorada de los […]

Lo confieso, soy fanático incondicional de Clint Eastwood y mi percepción sobre sus películas peca de subjetividad. Sin embargo, pocos pueden negar que como actor y director pertenece, de ya, al pantheon de las grandes leyendas de Hollywood, y que a él le debemos que el cine clásico, ése de la época dorada de los estudios, se perpetúe hasta hoy. Desde 2003, el supuesto final de su vida y carrera, cuando estrenó Río Místico, ha amasado una obra que ya envidiaría cualquier director de esos que la ignorancia masiva y los escandalosos medios celebran por cualquier llamarada de petate (¿Quentin?). Septuagenario, ha demostrado más tino, vitalidad y sapiencia que todos esos directorsuchos a los que cinéfilos y villamelones y críticos no bajan de "genios". Chequen nomás: además de la mencionada Río Místico, ha dirigido Golpes del destino, el díptico enorme sobre la Segunda Guerra Mundial compuesto por La conquista del honor y Cartas desde Iwo Jima (reto a cualquier director joven, a Bryan Singer, digamos, a que realice en un mismo año dos "superproducciones intimistas" de esta envergadura… que lo haga un hombre que, bajo los estándares sociales, debería de estar en su casa apoltronado en una mecedora, es de aplaudirse), Changeling (quizás la más floja, pero que se sostiene y muy bien), Gran Torino, ése regreso al cine de venganza y que supo cuestionar la supuesta armonía de la era Obama, e Invictus, su más reciente filme, que es un estudio de personaje tan agudo como Bird (sobre el jazzista Charlie Parker) y que retrata la personalidad cautivante de Nelson Mandela.

El filme es un drama deportivo que va, sin embargo, más allá: el presidente Mandela tiene que unir a su pueblo, y lo hace en torno al rugby, deporte tan venerado en todo el mundo de habla inglesa (exeptuando a EUA, claro), tanto como el soccer acá. Eastwood sabe abordar el tema del racismo son pericia y discresión, dando roles por momentos casi protagónicos a los guaruras, a los amos y los sirvientes del antiguo régimen racista, a los niños de la calle. Matt Damon es excelente como el capitán del equipo de rugby y quien, de sangre boer, tiene que lidiar con la nueva Sudáfrica. Hay ecos, claro, al momento actual en Estados Unidos, y al discurso de ése otro mandatario de apellido africano. Y predigo que más gente de este lado del charco se sumará a las filas de fanáticos del rugby.

Invictus sonará en los Oscares, y Clint Eastwood sumará otra pequeña obra maestra a una carrera de magnitudes ilógicas.

Quiero ser como él cuando sea grande.

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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