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Cine CRÍTICAS

Cómo ser un latin lover

Calificación Cine PREMIERE: 2
Calificación usuarios: 4
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Por:

03-05-2017

Cómo ser un latin lover es un filme acerca de la importancia de los lazos familiares hecha con buenas intenciones pero con una técnica limitada.


  • Título original: How to Be a Latin Lover

  • Año: 2017

  • Director: Ken Marino (ópera prima)

  • Actores: Eugenio Derbez, Salma Hayek, Rob Lowe

  • Fecha de estreno: 5 de mayo de 2017

La parte menos sólida de la más reciente película de Eugenio Derbez, ahora únicamente como productor y protagonista pero en una cinta de capital completamente estadounidense que ha funcionado muy bien en la cartelera de aquel país, es que partió del cliché para hacer una comedia sensiblera y con mensaje edificante. La parte más fuerte es que él y su coprotagonista, Salma Hayek, son dos mexicanos protagonizando una película hollywoodense hablada en español e inglés (en nuestro país veremos versiones totalmente dobladas).

Derbez interpreta a Máximo, un tipo que cuando está en sus veintes (ahí interpretado por su propio hijo, Vadhir Derbez) seduce a una mujer mayor con la cual termina viviendo durante 25 años, hasta que ella lo corre y lo deja literalmente en la calle por el vendedor de los autos que él siempre adquiere. Por eso recurre a Sara (Salma), su hermana, a quien llevaba años sin ver, y quien tiene un hijo de 10, Hugo (Raphael Alejandro), al que él ni siquiera conocía. Así, Máximo deberá aprender a conseguir su sustento y a relacionarse con su familia en tanto vive una serie de infortunios debidos principalmente a su egoísmo y a que es un vividor en decadencia porque su estilo de vida pertenece a una época pasada para la cual su físico y su edad ya no son los adecuados.

Además de Salma, el reparto lo complementan Michael Cera (de Scott Pilgrim), Kristen Bell, Rob Corddry y Raquel Welch, la icónica sex symbol sesentera. Dirigida por el debutante Ken Marino, la cinta aborda cómo los latinos se han insertado en la sociedad estadounidense al contar esta historia sobre hermanos inmigrantes que intentan mantener sus raíces (por lo menos ella), lo cual incluye hablar en español entre ellos y anteponerse a las adversidades que se les presentan, que no son pocas.

La historia se construye a partir de la comedia de situación lo mismo que de diálogos en doble sentido y algunos gags de “pastelazo”, elementos que contrapuntean el drama familiar que va desarrollándose a partir de la irrupción de Máximo en la vida de su hermana y su pequeño. Será precisamente el niño, quien tiene bastante carisma, el personaje catalizador de todos los cambios que se gestan en los adultos más cercanos a su entorno. Derbez, lo dijo en una entrevista, está consciente de que tuvo que bajar sus expectativas luego del tremendo éxito de No se aceptan devoluciones que derivó en un contrato de producción con Lionsgate. Sabe que esta película es un divertimento y que la hicieron tan compleja como la historia lo permitió. Para armar el drama, Marino y sus guionistas (Jon Zack y un misterioso Chris Spain) conjuntaron un cliché tras otro. Así, aparecen los intimidadores (Rob Huebel y Rob Riggle), que provocan el rompimiento familiar, y la chica rara (Kristen Bell), gerente de una heladería que no sólo le da empleo a Máximo, sino que lo admite en su casa llena de gatos.

Cómo ser un latin lover es un filme acerca de la importancia de los lazos familiares y de la aceptación de las responsabilidades hecha con buenas intenciones pero con una técnica limitada. La intención a todas luces es captar un amplio espectro de público con una comedia con mensaje sensiblero y un personaje perteneciente a otra época (que tuvo en Mauricio Garcés a su exponente referencial en el cine mexicano). En ese sentido, no se le puede objetar nada a Eugenio Derbez, sino todo lo contrario: su objetivo está cumplido y su visión comercial es una de las más efectivas del momento.

Si te interesó esta película, Cine PREMIERE te recomienda ver:

  • No se aceptan devoluciones (Eugenio Derbez, 2013)

  • Gigoló por accidente (Mike Mitchell, 1999)

  • La ciudad de las mujeres (Federico Fellini, 1980)

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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