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Dolores del Río: La gran diva del cine mexicano

Por:

03-08-2017

Recordamos a una de las estrellas más grandes del cine mexicano a más de un siglo de nacimiento.

Hubo una época en el cine mexicano en que la palabra
“estrella” no era suficiente para describir a un puñado de personas tan
talentosas e imponentes que engalanaban las pantallas nacionales. Ahí, el
llamado star system, se conformaba
por nombres como Mario Moreno “Cantinflas”, Jorge Negrete, María Félix, Arturo
de Córdova, Pedro Armendáriz y Dolores del Río.

Todos lograron colocar el nombre de México en lo más alto.
Pero de entre todos ellos, hubo alguien que consiguió enamorar a todo aquel que
se atrevía a mirarla a los ojos. El estado de Durango vio nacer a su más grande
estrella un 3 de agosto de 1906. La llamada “tierra de cine” –donde John Wayne
encontró las locaciones ideales para más de un centenar de películas– fue el
hogar de Dolores del Río durante
toda su infancia; un periodo lleno de comodidades y lujos que, al estallar la
Revolución Mexicana, se terminaría y la obligaría a huir a la Ciudad de México.

Ahí, Dolores Asúnsolo y López Negrete de Martínez del Río se
toparía con una realidad que sus penetrantes ojos negros no habían visto antes.
Los estallidos de los cañones, los rostros de toda una nación luchando y las
historias de la gente más valiente que sacrificó todo por un país mejor se
quedarían para siempre en el alma de Lolita –como le decían sus seres queridos–
y que, más adelante, la llevarían por el camino del éxito.

Luego de un breve pero exitoso paso por Hollywood –donde
destacan títulos como el filme silente Ramona (1928) o El ave del paraíso (1932)
producida por el legendario David O. Selznick– Dolores volvió a México que,
aunque ya era muy distinto a como lo había dejado, descubrió que el corazón
revolucionario de su gente todavía seguía latiendo. Flor Silvestre (1943) marcaría su debut en el cine mexicano y a
partir de ahí, su filmografía se llenaría de historias inspiradas en la
valentía y la humildad de una nación que la consolidarían como una de las
mejores actrices de nuestra historia.

“En sus papeles sucesivos de campesina afectada por la
revolución, de indígena lapidada, de prostituta y madre despojada en tiempos
revolucionarios y de señorita provinciana de la alta casta hacendaria, Dolores
del Río ganó un prestigio de gran actriz que nunca tuvo en Hollywood, donde fue
vista sobre todo como una belleza exótica; su galán, el emotivo y recio
Armendáriz, pasó con ella a la primera fila de los actores del cine nacional”,
afirma el destacado historiador Emilio García Riera en su libro Breve historia del cine mexicano.

El responsable de este rápido ascenso al paraíso fue el
legendario cineasta Emilio “El indio” Fernández. Él conformó un equipo con el
que trabajó en su época más laureada, que incluía a Mauricio Magdaleno como
guionista; a Gabriel Figueroa tras la lente y a Pedro Armendáriz junto a
Dolores como protagonistas de sus historias como la mencionada Flor Silvestre (1943); María Candelaria (1943); Las abandonadas (1944); Bugambilia (1944); La malquerida (1949) y Reportaje
(1953).

En su vida en el celuloide, trabajó bajo la dirección de
otros grandes de nuestro cine como Alejandro Galindo en Doña perfecta (1950);
Roberto Gavaldón en ese gran clásico del film
noir
mexicano llamado La otra (1946)
y con Ismael Rodríguez en la cinta que, quizás, tenga uno de los repartos más
impactantes de nuestra filmografía: La
cucaracha
(1958), donde compartió crédito con otra legendaria estrella
nacional –y su gran rival– María Félix.

Dolores fue la primera en recibir el premio Ariel a Mejor
actriz. En la noche en que La barraca
–de Roberto Gavaldón– fue la gran ganadora de la primera entrega de los premios
de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Dolores recibió
la estatuilla por su papel en Las abandonadas.

Más adelante, la AMACC le daría los premios en la misma
categoría por sus papeles en Doña
perfecta
(1952) y El niño y la niebla
(1954) y recibió dos nominaciones más por su participación en La otra (1947) y La casa chica (1951). Si bien sus grandes actuaciones no fueron
reconocidas por un Ariel –en parte debido a la suspensión de actividades de la
Academia durante un largo periodo de tiempo– fue en 1975 cuando se le concedió
el Ariel de Oro como homenaje a sus 50 años de destacada trayectoria.

(En la foto: María Félix, Emilio “El Indio” Fernández y Dolores del Río. LIFE) 

Hablar de Dolores del Río es recordar más 60 títulos
nacionales e internacionales, en los que ella no sólo compartió pantalla con
los actores más talentosos e importantes de su época, sino que logró cautivar a
todo un público mexicano con esas grandes interpretaciones que ahora, a más de
un siglo de su nacimiento, han quedado inmortalizadas no sólo en miles de
rollos de películas sino también en la memoria fílmica de toda una nación.  Hoy, a 113 años de su natalicio, la estrella
de Dolores del Río sigue y seguirá brillando más que nunca.

mm

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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