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CRÍTICAS Cine

El arte de defenderse – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3
Calificación usuarios: 2.5
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01-11-2019

El principal escenario del segundo largometraje de Riley Stearns es un dojo de karate. En él hay lugar para la venganza y la redención, pero sobre todo para eficaces dosis de humor negro.

Título original: The Art of Self-Defense
Año: 2019
Director: Riley Stearns (Faults)
Actores: Jesse Eisenberg, Alessandro Nivola, Imogen Poots
Fecha de estreno:01 de November de 2019 (MX)

Habría que empezar diciendo que El arte de defenderse no es una película demasiado ambiciosa. Tal hecho se agradece en épocas en las que la asimilación insaciable de la cinematografía del superhéroe que tanto han criticado Scorsese y Coppola –y los que vengan luego– ha causado una suerte de desajuste creativo en ese modo de hacer cine que desde los noventa llamamos “independiente”.

Hoy camadas enteras de jóvenes cineastas parecen sentirse tontos si no echan mano de recursos tan solicitados como el cruce de géneros, una estética pastelosa o temáticas relacionadas con la disfunción familiar o la reivindicación de algún grupo identitario. Desde ese punto de vista, el director Riley Stearns, quien debutaría en 2014 con una película llamada Faults, puede sentirse triunfante con su segundo largometraje, pues no sólo libra las fórmulas antes mencionadas, sino esquiva con gracia las falsas pretensiones y entrega un producto que, más allá de generar la aprobación o el disgusto de quien lo mira, al menos destila honestidad.

Vaya, Stearns ni siquiera sucumbe a la tentación de extender su historia más allá de la hora y treinta y pocos, medida temporal que actualmente va en contra de los preceptos de una buena cinta “indie”. De allí que, si comparásemos El arte de defenderse con un artefacto literario, podríamos definirlo como una nouvelle, incluso como un relato corto que se alarga con sutilidad, como no queriendo la cosa.

Su metraje narra un fragmento en la vida de Casey (Jesse Eisenberg) un oficinista –o “godínez”, según la terminología millennial– que, tras ser víctima de una agresión en la calle, decide apuntarse a un curso en una escuela de karate. Ésta se encuentra dirigida por Sensei (Alessandro Nivola), exigente y riguroso maestro con el que Casey se sentirá cada vez más identificado. Entre los alumnos se encuentra Anna (Imogen Poots), cuya devoción hacia Sensei está por encima de cualquier cosa, incluso de la humillación de la que es víctima con regularidad.

Son estos tres los sujetos principales que Stearns pone a jugar en su peculiar mundo y la verdad es que la dinámica funciona. Funciona incluso más allá de sus limitaciones o defectos, los cuales parecen ser calculados, incluidos a posta. Jesse Eisenberg, por ejemplo, hace sobre todo de sí mismo: es el inadaptado de Red social, el miedoso de Zombieland y el tímido de Adventureland en uno, pero aun así consigue moldear un personaje con el que es posible generar empatía. Nivola, por su parte, da vida a un individuo tan falto de escrúpulos que a su lado el temible instructor Kreese del Cobra Kai (Karate Kid) no es más que un señor regañón. Su misoginia a ultranza, por demás, no hace sino aumentar lo caricaturesco de su maldad. Poots, por su parte, ejecuta a la perfección el papel de un animal herido al que se querría abrazar aun bajo riesgo de terminar desnucado con una de sus patadas circulares.

A partir de la información brindada quizás esté de más decir que El arte de defenderse es una comedia negra, lo es so riesgo de incurrir esa costumbre tan contemporánea de no etiquetar nada. Agreguemos únicamente que consigue salir de la norma –mucho, poco, no importa– gracias sobre todo al interesante nivel de sofisticación que presume. No es de ninguna manera gratuito que el humor del filme debut de Stearns, la mencionada Faults, haya sido comparado con el de los hermanos Coen. Para esta ocasión, sin embargo, su aproximación más clara es hacia Wes Anderson, en específico hacia el sutil y tragicómico nihilismo, digamos, con el que el director de El Gran Hotel Budapest contempla y aborda conceptos como la pérdida y la muerte. Stearns, sin embargo, no abusa de dicho recurso y logra hallar en el conjunto, si no una voz propia, al menos el eco de ésta. Una voz que, si es bien encauzada, podría mostrarse de lleno en su próxima película.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • Karate Kid (John G. Avildsen, 1984)
  • La vida acuática con Steve Sizzou (Wes Anderson, 2004)
  • Un hombre serio (Joel y Ethan Coen, 2009)

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