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Columnas REVISTA

El innombrable: Adolf regresa al mundo en Look Who’s Back.

Por:

22-12-2016

Cualquier parecido entre esta cinta alemana y la realidad es pura coincidencia…

Hay películas que, sin ser excepcionales, merecen al menos el adjetivo de necesarias. Ésta lo es. Hay que verla y pronto, antes de que las circunstancias nos rebasen. Las señales están a tiro de piedra: NPD (Alemania), BNP (Reino Unido), FN (Francia) o, si se prefiere, con nombre y apellido: Le Pen, Hofer, Trump… y es justo ahora, en este momento del mundo, cuando ÉL tiene la “ocurrencia” de volver. Llega, claro, a Alemania y lo hace en plan Terminator, nube de vapor incluida. Han pasado más de 70 años desde el nazismo y aquella guerra en la que ÉL todavía figura como la cara del mal y, sin embargo, el Odio parece germinar con la misma facilidad que siempre.

En la película Er ist wieder da (Look Who’s Back), el vehículo elegido por el director David Wnendt para transmitirnos este mensaje es la sátira. De allí que no nos encontremos con el tirano monstruoso que interpreta Bruno Ganz en La caída, aunque tampoco hay ecos del retrato agridulce de El gran dictador, de Charles Chaplin. Gracias al estilo documental en que a ratos es puesta la cámara, y a la propia sordidez que todo Él –en sus gestos, voz y ademanes– representa, la cinta apela a esa misma sensación de incomodidad que, por ejemplo, provoca Borat.

Nos reímos, pues, con angustia, inseguros, lo cual no demerita a la película sino que le otorga un sentido especial: al no poder colgarnos sólo del humor, echaremos mano de otras cosas, entre ellas la reflexión. Eso puede leerse ya en el planteamiento general del relato: en un país donde no hay un solo infante que se llame Adolf, y donde la ley prohíbe utilizar cualquier simbología nazi, nadie es capaz de concebir que Él sea efectivamente Él. Por tanto, el camino casi natural de este personaje, con guiños claros a Desde el jardín es convertirse en figura mediática, en el bufón de la corte que es erigido como tal no por su agudeza, sino por exponer sin tapujos lo que mucha gente piensa pero no se atreve a decir.

La ironía se transforma entonces en drama –¿quizá horror?–, pues entre la inclusión de metrajes en la película cuya veracidad no alcanzamos a dilucidar –y que evidencian la morbosa fascinación que Él todavía provoca en la gente–, y el propio caer en cuenta de lo arraigados que están actualmente los discursos xenófobos y nacionalistas urbi et orbi, nos toparemos frente a una realidad aterrorizante. “Con todo eso podemos trabajar”, dice Él, a sabiendas de que, más allá de los avances en materia democrática, de las computadoras y de la revolución informática, incluso por encima del propio peso de la Historia, 1933 no es demasiado diferente a nuestros tiempos. Quizá menos que nunca.

mm

Periodista independiente por más de 16 años (en Cine PREMIERE desde 2006). Se especializa en anime, comics, doblaje, tecnología y videojuegos. Sus sagas favoritas: Doctor Who, Star Trek y Star Wars. Batimaníaco, geek ochentero y hardcore gamer.

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