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CRÍTICAS Cine

En los 90 (Mid90s) – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3.5
Calificación usuarios: 3
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03-05-2019

En los 90 es un relato sobre la amistad y las experiencias de vida, pero sobre todo, de lo que significa pasar de una etapa a otra de la vida.

El debut como director del actor de comedia Jonah Hill, En los 90, está lejos de ser una historia edificante aunque tenga mucho de esa nostalgia tan propensa para ello. Tampoco aspira a convertirse en una historia de crecimiento en la que el protagonista saldrá fortalecido tras una serie de encontronazos con la vida. Es un filme que muestra, recrea, casi describe una época, un momento, a partir de una cuidada estética documental que incluso recurrió al uso del formato de 16 milímetros para conseguir ese aspecto noventero con sus colores, tonos, ambientaciones y anchos de pantalla que remiten a aquellos años de grunge, skaters, alcohol y un acelerado uso de los cada vez más comunes antidepresivos en sustitución de las drogas sintéticas.

La historia, escrita por el propio Hill, sigue al adolescente de 13 años Stevie (Sunny Suljic), quien vive en un barrio angelino de clase trabajadora en una familia disfuncional, junto con su promiscua madre Dabney (Katherine Waterston, la misma que hace a Tina en la franquicia Animales fantásticos) y su violento y sociópata hermano mayor golpeador Ian (Lucas Hedges de Manchester junto al mar).

Necesitado de amigos, o quizá sólo de un poco de empatía, Stevie los encuentra en un grupo de skaters. Su acercamiento primero es a la distancia, hasta que logra que Ruben (Gio Galicia), el menor de los cuatro, le hable y lo integre al grupo que complementan Fourth Grade (Ryder McLaughlin), quien debe su apodo a que según tiene el entendimiento de un niño de cuarto grado a pesar de rondar los 20 años; Fuckshit (Olan Prenatt), un habilidoso skater valemadrista que sólo busca las fiestas, y Ray (Na-kel Smith), el afroamericano del grupo que busca convertirse en profesional patrocinado de la patineta.

A partir de ahí, Stevie comenzará la construcción de su propia identidad, alimentada hasta entonces de los gustos de su propio hermano (lo cual se muestra en una escenita con un dejo de suspenso), a partir de un sentido de pertenencia al fin conseguido.

Sin embargo, el grupo lo integran seres de múltiples carencias, a excepción del sentido tribal que se resquebraja pero parece inquebrantable, como se muestra en aquella alusión metafórica de los cinco patinando en medio de la avenida atestada de autos en ambos sentidos.

En los 90 es un relato sobre la amistad y las experiencias de vida, sobre la soledad y los golpes de la vida, sobre la familia más allá de un sentido consanguíneo. Pero, sobre todo, de lo que significa pasar de una etapa a otra de la vida, algo que experimentan todos los personajes en diferentes momentos, resumidos en aquel final en el que Fourth Grade al fin muestra aquello que filma todo el tiempo. Y Hill lo aborda sin prejuicios ni exaltaciones. No juzga ni glorifica, tan sólo describe. Y por eso mismo resulta todo tan cercano, porque su verosimilitud se siente real. El trabajo de ambientación, en el que confluyen la fotografía de Christopher Blauvelt, el diseño de producción de Jahmin Assa, el score de Trent Reznor y Atticus Ross, los decorados de Christy McIrwin y una selección de temas de primera línea, consigue esa percepción.

En los 90 no deja de ser un filme crudo, incluso apologético para algunos. Sin embargo, su crudeza es descriptiva y nunca llega tan lejos ni de forma tan contundente como en Kids, aquel filme de Larry Clark hecho justo en esa época a la que refiere la película de Hill, en la que los adolescentes simplemente se dejaban ir en los excesos. Aquí hay sexo y drogas y alcohol, violencia y rebeldía, valemadrismo sinsentido, pero también el intento por conseguir una meta, por salirse del círculo vicioso del barrio. Hay actos y consecuencias, pero nadie saldrá transformado, o tal vez sí, pero sin mensajes edificantes de por medio. Ni Stevie terminará convertido en as de la patineta ni Fuckshit dejará la fiesta. Simple y sencillamente porque así es esto.

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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