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En memoria de Maurice Jarre (y de David Lean)

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30-03-2009

Hoy se ha muerto Maurice Jarre, tenía 84 años y su carrera como autor de bandas sonoras permanecerá indisolublemente unida a la del cineasta David Lean para el que compuso, entre otras partituras, los inolvidables scores de Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965) y Pasaje a la India (1984) que se tradujeron en tres […]

Hoy se ha muerto Maurice Jarre, tenía 84 años y su carrera como autor de bandas sonoras permanecerá indisolublemente unida a la del cineasta David Lean para el que compuso, entre otras partituras, los inolvidables scores de Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965) y Pasaje a la India (1984) que se tradujeron en tres Oscars a la Mejor Banda Sonora. Hoy en día que se abusa tanto de las canciones para rellenar minutos musicales de película, es justo honrar la memoria de un autor con mayúsculas, uno de esos nombres capaces de asumir las proporciones épicas que conlleva la exhibición de un largometraje en pantalla grande ante una audiencia masiva y trasladar ese sentimiento a su música.

 
Quizá por ello, huelga decirlo, Maurice Jarre era un compositor que pertenecía a otra época, una época en la que el cine tenía consideración de arte y no de simple entretenimiento, de haber vivido en nuestros días, su mentor David Lean, probablemente estaría viviendo una situación de ostracismo profesional, un hombre que entre su penúltimo y último largometraje hubo de esperar la friolera de 14 años para convencer a diversos productores de la viabilidad de su proyecto y que cuando lo hizo fue bajo los auspicios de una compañía independiente y de capital británico, no tendría sitio en el panorama cinematográfico actual, caracterizado por las prisas, los planes a corto plazo, la necesidad de beneficios rápidos e inversiones sobre seguro. Así es imposible alcanzar el status de manifestación artística.
Obertura
Hoy en día Maurice Jarre tampoco tendría nada que hacer, entre otras cosas porque cuando a un productor se le propone grabar una banda sonora orquestada o bien convence al músico en cuestión para que vaya a algún país de Europa del Este donde la mano de obra (léase los componente de la orquesta) sea barata o bien desiste y argumenta la conveniencia de pagar por los derechos de temas ya grabados e incorporarlos a la banda sonora de la película en cuestión.
 
Más allá de estas argucias, muchos cineastas contemporáneos tampoco es que posean una gran cultura musical, como no tienen prácticamente ninguna cultura literaria, su formación es eminentemente audiovisual y no piensan en secuencias sino en planos, dando a sus narraciones un carácter fragmentado realmente aberrante en lo que tiene de inspiración videoclipera. ¿Se imaginan a Maurice Jarre poniendo música a Pulp fiction o Slumdog Millonaire? Hagan un esfuerzo y verán que es imposible. Con este comentario no quiero decir que estas dos películas sean malas (y lo aclaro con pereza pero escarmentado por algunos de los últimos comentarios que me han hecho no queriendo comprender el sentido de mis palabras quienes sólo ven el mundo en blanco y negro).
 
Para que exista un músico como Maurice Jarre tiene que haber un director como David Lean, un cineasta capaz de elaborar secuencias de gran dificultad, de jugar con la luz, con los matices que confieren los actores en sus interpretaciones ante la cámara, con su gestualidad, con las posibilidades que ofrecen unas locaciones concretas y no otras, con los movimientos de cámara (que no tiene nada que ver con la cámara en mano), liberándose en ese juego de las exigencias del guión que nunca ha de ser punto de llegada sino de partida. Hace falta inspiración, voluntad de riesgo, amplitud de miras y que todas esas virtudes sean también las del músico en el que confía.
 

 ¿Qué quieren que les diga? Hoy por hoy únicamente la dupla Tim Burton-Danny Elfman me parecen dignos sucesores del clasicismo expresivo de David Lean y Maurice Jarre, artistas de otra época, cuando el cine era cine y no pirotecnias audiovisuales.

A continuación dos documentos impagables: Maurice Jarre dirigiendo la ejecución de su score para Doctor Zhivago y la maravillosa obertura de Lawrence de Arabia. ¡Que ustedes los disfruten

 

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