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Cine

Encanto – Crítica de la película

Encanto – Crítica de la película

A pesar de resoluciones gratuitas y un desenlace que no desafía ninguna expectativa, Encanto triunfa como un divertimento familiar de animación cautivadora, montaje enérgico y secuencias musicales que invocan un insaciable ambiente festivo.

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“No hay lugar como el hogar”, diría Dorothy, exhausta de aventuras en la lejana Tierra de Oz y habiendo entendido que la mayor dicha es abrazar una vida ordinaria en la granja de sus tíos. Pero, ¿qué tal si la aventura y el hallazgo de mundos increíbles sucediera no más allá de los confines hogareños? ¿Y si ella fuera infeliz al tratarse de la oveja negra de una familia extraordinaria? Por mucho que haya enfrentado monos voladores, la chica de El mago de Oz se lo pensaría dos veces si en Kansas aguardaran conflictos similares a los que plantea la película Encanto.

En esta nueva producción de Walt Disney Animation, no hace falta salir de casa para atestiguar oleadas de magia, pues éstas estremecen cada escalón, teja y adoquín. Incluso sus residentes poseen habilidades excepcionales que incrementan la atmósfera fantástica en un entorno paradisiaco. Sin embargo, cuesta sentir esa noción de hogar, dulce hogar, cuando eres la pieza que aparentemente no encaja en la totalidad del rompecabezas.

En la película Encanto, la joven Mirabel es la única descendiente de los Madrigal que carece de magia. Cincuenta años atrás, la matriarca de esta familia, la abuela Alma, vio nacer milagrosamente una casa viviente en medio de la selva colombiana, y esa misma fuerza divina —responsable de darle animoso refugio— le otorgó a sus tres hijos un don para ayudar a la comunidad que se establecerá alrededor del “encanto”. Tiempo después, las y los nietos de Alma asimismo fueron bendecidos con una capacidad mágica, todos menos Mirabel, a quien por esta condición de desencantada, en la actualidad la excluyen de fotos familiares y básicamente le aplican el proverbial “más ayuda el que no estorba”.

No obstante, la protagonista está lejos de guardarle rencor a su parentela. A partir de empatía y devoción —sin olvidar su “don de vivir en negación”, en palabras de un chiquillo bromista— Mirabel se asume como protectora del milagro que los demás Madrigal sí recibieron, el cual emana de una vela mística cuyo fuego nunca perece. Por eso, cuando ella sospecha que “casita” y sus habitantes corren grave peligro, siente el llamado a la aventura… Pero, ¿a dónde irá? De nuevo, es en la mansión familiar donde la magia y sus misterios encuentran espacio suficiente para afincarse. Dentro de esos muros yace el problema y probablemente también la solución. En consecuencia, el viaje de Mirabel será más bien al interior del hogar, plagado de sorpresas por descubrir y secretos por develar.

Semejante travesía cuenta con escenarios de colorido deslumbrante y encantadora vibra rústica. Hay todo un pueblo alrededor de la casona Madrigal, donde la gente vive al amparo de las montañas, ajena a los peligros del exterior. Esta cualidad marginal e impenetrable recuerda, por supuesto, al mundo ficticio de Macondo: un paralelismo que no es accidental. En su intención de homenajear a la cultura colombiana, Disney evidentemente apeló al imaginario del novelista Gabriel García Márquez y prestó especial atención al libro Cien años de soledad. Las mariposas amarillas son un motivo recurrente en la historia de Mirabel, pero además —en un tono humorístico— se habla del árbol genealógico del personaje como una maraña de ramificaciones confusas. Y si bien no es tan complicado entender qué Madrigal es prima, hermano, tío, mamá, etcétera, deviene divertida esa alusión a la genealogía auténticamente inescrutable de los Buendía en la novela de Gabo.

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La película Encanto.

En 2020, cuando la Casa del Ratón anunció que Encanto estaba en desarrollo, se aseveró que el universo de la película tomaba inspiración del realismo mágico. Uno de los ejes fundamentales de dicha corriente literaria es estructurar narrativas terrenales, con absoluta afinidad al mundo real, con la excepción de eventos que comúnmente catalogaríamos como mágicos o sobrenaturales, pero que en este caso, no precisan de explicaciones y sencillamente se incorporan a una cotidianidad. ¿Será que la novedosa producción animada, en efecto, logra beber de ese manantial?

Es cierto que los pueblerinos normalizan el don fantástico de la estirpe Madrigal. Sin embargo, podría argumentarse que el guion de Charise Castro Smith (La maldición de Hill House) y Jared Bush (Moana) desdeña un grado satisfactorio de misticismo. Con tal de volverla amena o comprensible, la magia de aquella familia primeramente asemeja a superpoderes que se obtienen a través de una lógica ritualista. Así, Encanto sacrifica el enigma y la espontaneidad en los elementos extraordinarios que fundamentan su historia.

Quizá haya más realismo mágico en aquella memorable secuencia de Up: Una aventura de altura donde un anciano con problemas mundanos —alguien viudo, solitario, asediado por una gran corporación y encaminado a un asilo— infla de la noche a la mañana miles de globos que, sujetos a la chimenea de su residencia, la levantan del suelo y la hacen volar por los aires. De no ser por los indiscretos materiales promocionales de aquella cinta ganadora del Óscar, el impacto de ver esa nube multicolor alzarse y flotar entre los edificios, arrastrando consigo una vetusta casita, hubiera sido exorbitantemente mayor en el público. A fin de cuentas, ninguna de las escenas previas (hasta cierto punto realistas) sugería que algo tan insólito pudiera ocurrir, por mucho que fuera una película de Disney Pixar.

Por otro lado, nada se aproxima a las bases del realismo mágico del modo en que lo hacen innumerables musicales. Sin importar la crudeza del argumento, obras como Los miserables interrumpen o tergiversan el curso lógico de la historia en aras de introducir mágicos momentos de canto y melodioso espectáculo. Obvio, la película musical Encanto cumple con esos requisitos, mediante las vivaces partituras de Germaine Franco y las letras del célebre Lin-Manuel Miranda. Al respecto, cabe señalar que los versos del neoyorquino exhiben mayor pulcritud en la animación de Disney que en la cinta En el barrio. Es perceptible que —posterior a la impecable Hamilton— hoy en día hablamos de un letrista de enorme talento cuando se trata de canciones destinadas a delinear a los personajes y exponer los puntos de inflexión en la trama. El largometraje Vivo, de Netflix, es también un gran ejemplo de ello.

A pesar de resoluciones gratuitas y un desenlace que no desafía ninguna expectativa, Encanto triunfa como un divertimento familiar de animación cautivadora, montaje enérgico y secuencias musicales que invocan un insaciable ambiente festivo. No, no tiene la emotividad de Coco y poco probable es que consiga emular su éxito. Pero será el público colombiano quien tenga la última palabra a la hora de evaluar esta reciente incursión de Disney en pos de representación y celebración latinoamericana.

Debido a la crisis sanitaria por COVID-19, en Cine PREMIERE te recomendamos revisar con las autoridades de salud las medidas sanitarias necesarias (especialmente el Lineamiento general para la mitigación y prevención de COVID-19 en espacios públicos cerrados) antes de acudir al cine a ver una película.

autor Tengo muy mala memoria. Por solidaridad con mis recuerdos, opto por perderme también. De preferencia, en una sala de cine.
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