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¿Por qué las películas en España tienen títulos tan peculiares?

Por:

28-03-2019
Beetlejuice Bitelchus

Mientras nuestro país veía La novicia rebelde, Duro de matar y Juego de gemelas, en España disfrutaban Sonrisas y lágrimas, Jungla de cristal y Tú a Londres y yo a California...

Mientras unos consideran que España debería pedir perdón por la conquista, los mexicanos han bromeado sobre otras disculpas, siendo la traducción de títulos de películas una de las solicitudes más recurrentes. Después de todo, se trata de un mercado famoso por nombres con Jungla de cristal (Duro de matar, 1988), A todo gas (Rápido y furioso, 2001) u ¡Olvídate de mí! (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, 2004), entre muchos otros.

Curiosamente, el público español es muy consciente de este problema, al grado que muchos medios han bromeado en varias ocasiones sobre los peores títulos que han pasado por su cartelera. ¿Entonces cómo explicar la tendencia?

Así se hacen los títulos en España

La empresa de traducción e interpretación CBLingua explica que los traductores pueden presentar algunas sugerencias de títulos para las películas, pero la decisión final corre a cargo del departamento de marketing de las distribuidoras. Esto porque “ellos conocen mejor que nadie qué vende más y esto les lleva, en ocasiones, a ir por libre y no elegir ninguna de las opciones propuestas por los traductores”. Esta práctica se repite en muchos países del mundo, incluido México.

Al respecto, la profesora de Filología Inglesa de la Universidad Complutense de Madrid, Isabel Negro [vía], asegura que «la traducción está determinada por factores culturales y por el objetivo de captar la atención al público». Para ello, se reemplazan los títulos excesivamente sencillos que podrían resultar poco llamativos para las audiencias, como fue el caso de The Notebook (2004) que fue titulada El diario de Noa en España y Diario de una pasión en México. También puede recurrirse a a una expansión metonímica que busca aumentar el valor del nombre original como Jaws (1975), rebautizada Tiburón en México y España, mientras que su nombre literal debió ser Mandíbulas.

También existen casos en que las distribuidoras se ven obligadas a cambiar los títulos por razones meramente comerciales. Zootopia (2016) fue llamada Zootrópolis porque un zoológico danés tiene la marca registrada para todo el continente europeo; Moana (2016) cambió por Vaiana porque una empresa ibérica de perfumería ya tenía los derechos sobre el nombre original. A esto sumemos las imposiciones y exigencias que llegan de algunas casas productoras y agencias de ventas, como sucedió con Nowhere Boy (2009), que en México fue conocida como Mi nombre es John Lennon, mientras que en España no fue autorizada a llevar el nombre del Beatle.

Finalmente están las franquicias, que pueden cambiar con el paso del tiempo en beneficio de un público que quizá no había nacido cuando estrenaron las cintas originales. El caso más famoso es La guerra de las galaxias, que actualmente es comercializada como Star Wars.

Elena Vazquez de Hispano Foxfilm [vía] explica que una vez definida la mejor alternativa, “lo consensuamos con los departamentos de distribución y ventas; otras veces necesitamos la aprobación de la dirección internacional”.

Es así como, superados todos estos problemas, llegamos a cuatro tipos de títulos: original, literal, con subtítulo y libre. El primero respeta el nombre en inglés, como Pretty Woman (1990) o Love Actually (2003); el segundo es una traducción tal cual como El sexto sentido (1999) o El diablo viste de Prada (2006); la tercera lleva un complemento explicativo como Ghost: Más allá del amor (1990) o Creed: La leyenda de Rocky (2015); la última no tiene nada que ver como Desayuno con diamantes (1961) o la siempre recordada Soñando, soñando… triunfé patinando (2005). Este último fue una medida extrema para evitar la sobresaturación de la palabra princesa, ya que sólo unos años antes estrenaron las dos entregas de Princesa por sorpresa (2001), mejor conocida en México como El diario de la princesa.

Mención especial para la famosa Bitelchús (Beetlejuice, 1988), llamada así para ayudar a la adecuada pronunciación del nombre del personaje, ya que los españoles tienen junto con franceses e italianos uno de los niveles de inglés más bajos de toda Europa [vía].

 

Un problema universal

Las diferencias y similitudes lingüísticas pueden hacernos pensar que España es el único país que da títulos tan extraños a las películas. Sin embargo, una recopilación realizada por El País aprovechó el estreno de La La Land (2016) para demostrar que muchos países del mundo viven la misma situación. En Brasil fue La La Land: Cantando Estações (Cantando Estaciones); en Argentina y Perú La La Land: Una historia de amor; en Colombia La La Land: Ciudad de sueños; en Portugal La La Land: Melodia de Amoren; mientras que en la región francoparlante de Canadá fue Pour l’amour d’Hollywood (Por el amor de Hollywood) .

México no está exento de la polémica, al grado que en España tampoco se encuentra mucho sentido a varios títulos que a nosotros podrían sonarnos muy familiares. Después de todo, ¿cómo fue que 101 Dalmatians (1961) terminó llamándose La noche de las narices frías? ¿Qué tiene que ver Home Alone (1990) con Mi pobre angelito? ¿Por qué Be Kind Rewind (2006) se llama Originalmente pirata? Esto también aplica para algunos subtítulos como Thelma y Louis: Un final inesperado (1991) o Jerry Maguire: Amor y desafío (1996).

Lo cierto es que, tanto México como España han dado grandes títulos a muchas películas, pero también otros que nada tienen que ver. Tal es el caso de The Sound of Music (1965) que en México es conocida como La novicia rebelde y en España como Sonrisas y lágrimas, o The Parent Trap (1998) rebautizada en nuestro país como Juego de gemelas y mientras que los ibéricos se inclinaron Tú a Londres y yo a California. Ninguno es mejor que el otro, pues cada uno va enfocado a un público distinto.

Al final, la traducción o elección del título de una película siempre será una apuesta arriesgada, pero que bien planeada puede tener un impacto muy positivo. Tal es el caso de Shaun of the Dead (2004), cuyo título español de Zombies Party agradó tanto a Edgar Wright que lo incluyó en una escena de Hot Fuzz: Súper policías (2007). Duele admitirlo, pero en México no sabemos qué habrá pensado de Scott Pilgrim vs. The World (2010), rebautizada como Scott Pilgrim vs. Los exnovios de la chica de sus sueños.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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