Las mujeres hablan en Los Cabos 2022
La edición 11 del Festival Internacional de Cine de Los Cabos fue un termómetro sobre lo que preocupa a las y los cineastas en un momento de despertar social.
El título del filme de clausura del Festival Internacional de Cine de Los Cabos 11 es contundente: Women Talking (Sarah Polley). La cinta presenta a un grupo de mujeres que, en una asamblea, hablan sobre las agresiones que viven a manos de los hombres de su comunidad; cada una presenta las diferentes posturas asumidas frente a la violencia de género. Por primera vez se atreven a enunciarla, en un ejercicio que pide a los hombres la voluntad de escuchar.
Aun así, el hombre sentado atrás de mí –un asistente a la sección de Industria del festival- no deja de hablar en volumen alto: reacciona a la película con risas o bufidos, le contesta a la pantalla, o da órdenes esporádicas a los empleados del cine, sin contar que antes de iniciar la función estuvo explicando –sin ser solicitado- a la mujer sentada en un asiento cercano cómo funciona la industria cinematográfica en México. Una podría pensar que la película en pantalla enfatiza de más en lo necesario que es escuchar a las voces femeninas, pero la insistencia parece no sobrar cuando algunos de los hombres de las butacas no saben guardar silencio.
¿Quién está a salvo?
La pasada edición del Festival de Cine de Los Cabos tuvo una atmósfera particular. Aunque la industria vivió una pausa por el COVID 19 con el cierre de cines y sus consecuencias, los problemas que la ocupan desde antes no descansaron y continúan abriéndose paso, alzando la mano para recordar que ahí siguen. Cinco años después de que el movimiento #MeToo destapara el abuso sistemático que se ejerce detrás del cine, el tema sigue vigente y ahora, en espacios como Los Cabos 11, contemplamos el florecimiento de películas que exploran distintas maneras de representar esa violencia.

Una de las cintas más esperadas de la programación de esta edición fue, por ejemplo, Ella dijo (Maria Schrader), que narra la investigación periodística que dio a conocer al mundo los abusos cometidos por el productor Harvey Weinstein. Fiel a la atmósfera hollywoodense en la cual se gestaron los hechos, la cinta construye un drama lineal de ritmo ágil, con el carisma de las actrices Carey Mulligan y Zoe Kazan interpretando a las periodistas Megan Twohey y Jodi Kantor. La cinta, contada como un clásico relato de buenos contra malos, funciona bien para poner en contexto lo que significó aquel reportaje que tuvo resonancia a muchos niveles. “Si esto les pasa a ellas (las actrices), ¿quién está a salvo?”, nos preguntamos con las protagonistas.
Las estructuras de poder son un elemento de peso en el asunto. De un lado más sombrío, pero ofreciendo más matices y complejidad en la narrativa, estuvo la cinta chilena Blanquita (Fernando Guzzoni), inspirada en un caso real que destapó a una red de pedofilia que involucraba a empresarios y políticos. En esta película, una joven humilde criada en un orfanato se vuelve la testigo clave en una investigación contra hombres poderosos. Contada a manera de thriller, el largometraje permite pensar en el escrutinio sobre las víctimas, en la posibilidad de reparación para las personas en desventaja y en los puntos ciegos de un sistema de justicia que favorece siempre a los mismos. La película lleva también a un conflicto sobre la credibilidad de los testimonios y sobre la verdad.
Otra cinta que abordó la perspectiva de una víctima fue La caída, dirigida por Lucía Puenzo a partir de un caso real que motivó a Karla Souza a levantar este proyecto como productora y protagonista. A diferencia de las películas mencionadas antes, ésta tiene como eje el proceso emocional que vive una víctima en el camino de reconocer el abuso ante ella misma y ante los demás. La proyección de la cinta estuvo acompañada del reconocimiento “Mujeres Fantásticas” por parte del festival, una celebración a los esfuerzos de la actriz por denunciar el abuso en la industria cinematográfica.

Tanto el premio como la gran recepción que ha tenido esta película se distancian de la respuesta que parte de la prensa y el público tuvieron ante la misma Souza en 2018, cuando fue revictimizada al hablar de la violencia que vivió en su trabajo. Sin embargo, debajo del morbo había algo incómodo que su caso nos obligó a ver: que la violencia no se daba solo al nivel de las estrellas mencionadas en Ella dice (como Gwyneth Paltrow o Ashley Judd), sino que era algo que también ocurría aquí, en la industria de casa.
Desde entonces y hasta ahora las denuncias siguen llegando cada cierto tiempo. En 2019 fue la ola de señalamientos en redes sociales; apenas el año pasado se publicó un tendedero virtual con testimonios de estudiantes del Centro de Capacitación Cinematográfica. Varias de nosotras nos hemos atrevido a finalmente a hablar de violencias que vivimos como mujeres en nuestros círculos sociales y laborales relacionados con el cine. Pareciera que el tema ya no es tabú y, por el contrario, se volvió tendencia… ¿Será que el mensaje ya está claro?
Aún falta camino por recorrer
Women Talking, la cinta de clausura de Los Cabos 11, se desarrolla en una comunidad profundamente religiosa y patriarcal. Las mujeres que la protagonizan discuten una decisión a tomar de forma colectiva: quedarse en su pueblo o marcharse. Los personajes, más que eso, son las personificaciones de las reacciones ante la violencia de género: están las que prefieren ser discretas y callar, las que optan por retirarse y protegerse, las que se guardan la rabia, las que ya no pueden más, las que prefieren quedarse.

La puesta en escena de Sarah Polley es más que evidente y puede resultar hasta didáctica en su discurso. Después de la función leo algunas reseñas que coinciden en esto; sin embargo, llama mi atención una en la que un colega asegura que a estas alturas ya hemos aprendido todo lo que teníamos que aprender sobre el Me Too. Que ya hablamos demasiado sobre el tema. Ese mismo reclamo se escucha cuando, por ejemplo, un festival selecciona a una mayoría de directoras o cuando, como en el caso de esta edición de Los Cabos, son varias las películas que siguen subrayando el asunto.
Pienso en los casos que inspiraron a las películas que vi, o en los señalamientos que seguirán apareciendo. Y creo que los festivales son una especie de termómetro sobre lo que preocupa a las y los cineastas en un momento determinado. Si la violencia de género es un tema recurrente en las pantallas, es porque es un problema que no ha desaparecido. Y porque no hemos aprendido todo lo que había que aprender.
Es extraordinario que el dedo siga sobre el renglón, que sigan abriéndose espacios para discutirlo y películas que (con mayor o menor destreza) exploren cómo representar el machismo, el abuso, la impunidad, hasta que el problema deje de ser nuestra cotidianidad. Quizá solo entonces habremos hablado demasiado del tema.