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FICG2017: El difícil camino de Everardo Gonzalez hacia La libertad del diablo

Por:

14-03-2017

Llegó a México el desgarrador documental que sorprendió en la Berlinale y que muestra al miedo y a la violencia como nunca antes se había visto.

En un festival de cine, siempre hay una película que es la
gran esperada por todos los asistentes. En Guadalajara, usualmente siempre son
más de una… pero en esta ocasión, la emoción se centraba en el más reciente
documental de Everardo González.

La libertad del diablo –filme premiado en la Berlinale 2017 con el reconocimiento de Amnistía Internacional–
presenta a la muerte vista desde los ojos de quienes la padecen y de quienes la
provocan. Esta mezcla entre la psicosis y el miedo que padece actualmente la
sociedad mexicana provocó que hubiera largas filas en la sala de cine donde se
exhibiría. A pesar de que muchas personas se quedaron fuera de la función, Cine PREMIERE estuvo en la proyección y
pudimos platicar con Everardo. Aquí un fragmento de nuestra charla.

Es la primera vez que en el cine que se ve y que se escucha a las
personas encargadas de crear el miedo en el que vive México actualmente. ¿De
dónde sacas el estómago, la dureza, para escucharlos? Tienes frente a ti a
alguien que ha matado por 200 pesos.

La libertad del diablo llega en un buen momento. Llega
después de 16 años de estar haciendo películas y relacionándome con gente más
compleja que otras. Hay un filtro que se pone. Y ese filtro es la idea clara
que lo que se está haciendo es una película. 
Y eso, de alguna forma, suaviza la información que se recibe. Aunque no
queda uno limpio del todo. Hay muchas cosas que te llevas y te dan vueltas en
la cabeza y que rebasan la construcción cinematográfica. Ver la maldad de
frente es complejo. Y yo soy el primer filtro. Si a ustedes les golpea la
película, pues a mi me golpea más.

¿Pero como continuar una entrevista así luego de las respuestas tan
fuertes que te daban?

Entendiendo que estoy haciendo una película. Respetando a
quien está dando el testimonio; permitiendo las pausas y la calma para reponerse.
No hurgando más cuando no hay necesidad. No pretendo lastimar al otro para que
saque toda la emoción. Sobre todo, permitiendo que esto se convierta en un
soliloquio; que el otro sea el que se vacíe… aunque me toque recibir todo a mi,
con la consciencia de que estoy haciendo una película sobre algo que debe ser
contado. 

¿No tuviste algún problema durante el rodaje ni a la hora de acercarte
a estas personas?

No, porque lo que hay que cuidar es a través de quiénes se
llegan a ellos y las puertas que te llevan a ellos. Si llegas por el camino
correcto, todo está cuidado. Creo que toqué las puertas acertadas. Había
ciertos protocolos que había que cuidar por sentido común.

¿Llegaste a sentir miedo mientras rodabas?

No necesariamente miedo. Por supuesto que me impactaba lo
que escuchaba. Todo el equipo quedaba impactado. Pero hay algo cuando se hacen
películas que eso que te impacta te da también certeza de que la película será
mejor. No por el golpe, sino porque permite una buena construcción dramática.
Impacta pero hay un demonio en el oído que te dice que estás haciendo una buena
película. Tuve un equipo que sabía lo que tenía que hacer. Nadie de ellos
estableció juicios previos. Mi gente trató con el mismo respeto a un sicario
que a la madre de una desaparecida…

Que difícil, ¿no?

Si… y no. Porque finalmente es entender que esa persona es
muy valiosa para lo que estamos haciendo ahí. Venga de donde venga. Mientras
todo el equipo entienda que estamos ahí para hacer una película, ese trato
ayudó mucho a que las cosas fluyeran; a que los demás se sintieran respetados y
escuchados; y a que las cosas se movieran. Claro que había a unos a los que se
les tenía más miedo. Pero no estábamos trabajando con dementes. Estábamos
trabajando con mentes retorcidas que se contratan, que son obedientes. 

Se dice que el documental siempre tiene una tendencia, un sesgo…

Por supuesto que yo tengo una idea o una posición sobre lo
que veo. Por eso hago ciertos temas. Pero me queda claro que, finalmente quien
contará la historia son ellos, y que, aunque yo ponga mis juicios morales o
éticos en la película, quien los va a interpretar o a cuestionar es el
espectador. Por ejemplo, en este caso, se cuestione si alguien que hizo tanto
daño o que quitó tantas vidas, puede merecer el perdón. Hubo muchas discusiones
con producción sobre ese tema, porque entran al juego las historias de vida,
las discusiones políticas, los posicionamientos éticos… pero justo yo defendía
que había que permitir eso para confrontar al público. Y es lo que hace la película.
Confronta a quien la ve y eso provoca catarsis. Que, a veces, es lo más
importante de una película. 

mm

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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