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FICM 2018: Tenemos que hablar de Lynne Ramsay

Por:

26-10-2018
Lynne Ramsay

En una charla, la directora escocesa y presidenta del jurado del FICM 2018 nos revela los consejos que le daría a su yo del pasado, por qué Joaquin Phoenix la volvió loca, y cuál es el filme que le voló la cabeza en 2018.

La presencia de Lynne Ramsay genera en el interlocutor lo que la cineasta escocesa suele negarle a sus personajes: una sensación de que, no importa qué tipo de anterioridad haya o de donde se venga, el presente es ligero y disfrutable. La pintora, fotógrafa y directora mantiene una energía alegre e incansable, a pesar de que llegó al 16 Festival Internacional de Cine de Morelia con dos tareas que la han tenido ocupada toda la semana: por un lado, es la presidenta del jurado que calificó la competencia oficial –la primera mujer con ese puesto en la historia del encuentro–, y por otro, ha presentado en persona las funciones especiales que se han hecho de sus películas anteriores. Desde su ópera prima Ratcatcher Morvern Callar,  hasta Tenemos que hablar de Kevin y la reciente You Were Never Really Hereprotagonizada por Joaquin Phoenix como una suerte de salvador atormentado y violento–.

Su paso por las salas como juez y presentadora –me dice al inicio de la plática– la ha encontrado con un ambiente de aspirantes a cineastas.

¿Ver todos estos trabajos te ha recordado tu experiencia en Ratcatcher, tu ópera prima?

Sí… es decir, tienes que empezar en algún lugar, ¿sabes? Yo solía pensar que sabía lo que estaba haciendo (ríe) Tenía algunas ideas…  Es chistoso porque el otro día estaba sentada en una sala y tenía a un estudiante de cine a mi lado que me dijo que mis cortos le habían inspirado mucho. Y fue verdaderamente hermoso. Me dijo que iba a hacer su primer corto. Fue un gran momento para mí.

El festival le ha dado la oportunidad al público de ver tus trabajos anteriores con una retrospectiva. En este sentido, ¿qué tipo de relación tienes con tu trabajo anterior, con tu pasado como cineasta?  ¿lo revisitas?

¡No! ¡No había visto Morvern Callar en 17 años hasta hace dos semanas! Y algo que me gusta mucho es que es más divertida de lo que yo recordaba.  También me gustó la música porque nunca usamos ese tipo de música noventera, estilo rave, que todos estaban usando en esa época, pero que hace que las películas envejezcan. Morvern no ha envejecido realmente, ¡aunque ella usa un walkman! y es por la música. Fue muy divertido verla otra vez. Lo mismo sucedió con Ratcatcher: tampoco la había visto en años y luego la volví a ver en Los Ángeles con unos estudiantes de cine y disfruté mucho escuchar lo que ellos encontraban en ella. Dije: bueno, está bien (ríe). Pero no, normalmente tiendo a pensar en la siguiente película luego luego. Aunque también he tenido muchos momentos en los que, dos años después, me digo: ‘Ah, debí haber hecho esto o lo otro’. Uno nunca termina realmente una película, creo que alguien como Woody Allen dijo eso, que las abandonas. Porque hay cosas que se te ocurren cuando menos lo esperas… cuando vi Morvern Callar dije: ‘Sí debiste haberla hecho un poco más comedia negra, está casi ahí’.

¿Qué consejo le darías ahora a la primeriza Lynne que hacía Ratcatcher?

No seas tan intensa (ríe). [El rodaje] es un proceso de mucha presión y yo siempre me siento aterrorizada cuando hago una película… pero a veces te domina tanto que tus nervios están expuestos. Creo que ahora como tengo una niña pequeña y ya nació, creo que me gusta disfrutarlo más. Le diría: ¡disfrutalo! pero sobre todo ¡juega!

Lynne Ramsay

Foto: Eduardo Islas

¿Sientes que juegas más ahora como directora?

Sí lo hago, me siento más contenta de experimentar. Me siento como una estudiante aún: nunca quiero hacer la misma película dos veces. No quiero hacer lo esperado. Creo que me siento mucho más segura de hacer algunas cosas locas como filmar parte de You Were Never Really Here en cámaras de vigilancia

¿Es el mayor riesgo que has tomado en el set?

Bueno, fue uno de los más difíciles porque dije que quería filmar una secuencia de acción, y nunca he tenido reshoots  ni pick -ups así que solo tenía una oportunidad de hacerla bien. Si no salía, tendría problemas porque no habría escena. Pero hice una prueba y luego pasó una cosa loca mientras editaba la prueba: el sonido se cortó, creo que estaba escuchando música y la quité y corté algunas barras, y tuvo un efecto muy extraño en el subconsciente porque, aunque no se sentía como un corte de la música, pero había algo perturbador ahí. Algunas veces tienes que estar abierta a cosas, no puedes solamente decir voy a filmar el guion. Joaquin [Phoenix] cuestiona todo y te vuelve loca, pero después dices: mmm tiene razón (ríe). El rodaje no es solo recopilar material y juntarlo, siempre debes estar atenta a tu alrededor y a aquello que podría ser incluso mejor de lo que imaginaste.

De ese estar consciente de tus alrededores vienen la mayoría de tus imágenes, ¿cierto? Y es por eso que leer la sinopsis de tus películas es problemático e insuficiente para entender siquiera  el 10% de lo que exploran, porque nunca son sobre la anécdota…

¡Por eso hago cine! Creo que las películas son experiencias. Son táctiles, te vas adentro del personaje y sientes. El cine apela a los sentidos, entonces debería ser difícil de verbalizar. Tienes que verlas. Y en cuanto a la construcción de las imágenes, creo que entre más experiencia tienes sí puedes pensar muchas cosas desde el guion, pero es un proceso: sí escribo los sonidos y pienso en la música desde el inicio, y mi diseñador de sonido se involucra en estas etapas. Entre más experiencia tienes, sobretodo, puedes encontrar desde el guion formas económicas para hacer que una historia se sienta realmente épica –porque he leído grandes guiones detallados, pero para los que necesitas el presupuesto de Apocalipsis ahora–. Así que creo que la experiencia sí te permite armar las imágenes con más anterioridad, especialmente después de haber pasado por  Tenemos que hablar de Kevin. En esa teníamos diferentes líneas de tiempo y también teníamos dinero para hacerla en un principio con un guion más largo. Pero entonces el colapso financiero sucedió y tuve que hacerla por mucho menos dinero. Reduje el guion a los huesos: la dibujé en papel y fue cortar y cortar y cortar. Fue muy preciso y aprendí mucho de edición. Entonces algunas veces puedo editar algunas escenas en mi cabeza.

Lynne Ramsay

Lynne Ramsay devela una butaca con su nombre, homenaje característico del Festival internacional de Cine de Morelia.

Kevin me recuerda a algo que dijiste por la época: que todo director es también de cierta forma un psicólogo. ¿Qué has descubierto de los procesos humanos de dolor que tan bien has llevado a la pantalla grande?

¡Dije que psicólogo amateur! (ríe) Creo que solo estoy interesada en la condición humana. Todos estamos doliendo de cierta forma. Mis primeras películas se llaman Small Deaths y son sobre esos momentos de inocencia en que ves al mundo de cierta forma, pero algo pasa y todo cambia. Hay una muerte en ese momento: muere el ser niño. Solo estoy interesada en seres humanos y desinteresada en los malos o los buenos, todos tenemos demonios y humor dentro. Nunca empiezo una película queriendo hacer algo pesado ni nada de eso (ríe), solo me interesan todas las facetas de ser un humano.

Con el personaje de Joaquin continuas tu exploración del dolor pero te acercas también al cine de género por primera vez. ¿Leí que fue terrorífico trabajar con él?

No, yo creo que me malinterpretaron. En realidad lo amé. Nunca nos habíamos conocido. Solo habíamos hablado por teléfono, dijo que solo entendió 40 por ciento de lo que dije por mi acento escocés y que solo me había dicho repetidamente que sí (ríe). Era la primera vez que no conocía al actor, pero me dijo que tenía unos meses libres, y que quizá no era suficiente tiempo. Me preguntó si aún así querría hacerlo con él y dije inmediatamente que sí. Habíamos hecho mucha preparación con mi diseñador de audio, pero –y nunca había visto esto, aunque he trabajado con grandes actores– Joaquin llegó ocho semanas antes de que empezara el rodaje. Yo pensé: Oh por Dios, aun tengo que ver lo de las locaciones… Y como te cuestiona todo sí te vuelve loca. Pero fue invaluable, porque fue escarbar en el personaje que queríamos hacer. Realmente amé trabajar con él. Se interesaba por cuestionar cositas como las diferencias de la novela en la que estaba basada, la forma en que el personaje usa sus guantes o sus “gadgets” a la James Bond: Joaquin dijo que eso era una estupidez (ríe) y tenía razón. Realmente lo disfrutamos. Fue una de las películas más emocionantes que he hecho.

Lynne Ramsay

Lynne Ramsay en sesión de fotos para Cine PREMIERE.

Hablando un poco de la memoria, ¿recuerdas la primera película mexicana o latinoamericana que viste?

Creo que fue El topo la primera que vi. Pero he visto bastante porque tengo bastantes amigos hispanos, mi primer novio fue español (ríe). Me gusta Carlos Reygadas, Alfonso Cuarón… hubo una película llamada Desde allá en Venecia que me gustó mucho. Estuve con el director en un jurado de hecho.

¿Cuál ha sido tu película favorita del 2018 hasta ahora?

No he visto muchas películas de este año pues he estado escribiendo, pero, para serte honesta, la mejor película que vi en el 2018 fue 2001: Odisea del espacio. La vi en pantalla grande, nunca la había visto así. Me voló la cabeza darme cuenta de que a veces es necesario irse al pasado porque ahí es donde a veces se sigue haciendo, paradójicamente, el cine más moderno. Sobre todo, cuando ahora se siente más convencional. Es muy inspirador.

Uno de mis escritores decía en su artículo que 2001: Odisea del espacio sigue siendo el futuro…

¡Oh, dios mío sí! Y luego a veces ves a una película de Hollywood haciendo ciencia ficción y te quedas como mmm. Y la de Kubrick fue popular, sí hizo mucho dinero. También vi un documental ya viejo sobre Aaron Swartz, el que empezó Reddit, es una historia trágica, fue muy conmovedor.

Lynne Ramsay

Fotos: Eduardo Islas

Periodista, editora en Cine PREMIERE y bailarina frustrada en sus ratos libres. Gustosa del cine, la literatura, el tango, los datos inútiles y de la oportunidad de desvelarse haciendo lo que sea.

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