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FICM2017: Guillermo del Toro y La forma del agua llegan a México

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25-10-2017

El galardonado cineasta mexicano llegó a Morelia a presentar su película más premiada desde El laberinto del Fauno.

10 de la mañana en Morelia. Sala de cine llena por miembros de la prensa… y una larga lista de colados que querían ver La forma del agua. Una hora y 59 minutos después, corroborábamos algo que ya sabíamos: Guillermo del Toro es un maestro de la cinematografía actual.

Poco después de terminada la función hubo que correr apenas empezaron los créditos finales. La conferencia de prensa iniciaría pronto en otro punto de la ciudad y debíamos asegurar los mejores lugares. De camino al lugar, una luz roja detuvo una camioneta negra en la esquina. En el asiento del copiloto, se encontraba un rostro familiar. Era Guillermo, se le veía emocionado. Hoy se proyectaba por primera vez en México su película más premiada y aplaudida desde El laberinto del Fauno.

“Es un genio del cine contemporáneo”, afirmó Daniela Michel, directora del Festival Internacional de Cine de Morelia, al darle la bienvenida al escenario. Los fotógrafos aprovecharon el momento y el cineasta ganador del León de Oro en Venecia 2017 estuvo de pie frente a ellos, por algunos minutos, para complacer a todos.

La conversación con la prensa se fue directo a la política. Y Del Toro afirmó que a lo único que le provoca esperanza es la ciudadanía. “Miren la reacción que provocó el terremoto”, dijo. “La reacción ejemplar que provoca orgullo es la ciudadana. La neta, partidos políticos es como esa locura de repetir lo mismo y esperar algo diferente”.

Ya entrados en materia, Guillermo afirmó entre risas que La forma del agua es la película más optimista ha hecho. “A mi, El espinazo del diablo me derrumba; El laberinto del Fauno es dolorosísima. Y ésta es una declaración de amor al amor y de amor al cine”.

Una reportera preguntó que si con esta película, la Academia de Hollywood “por fin le daría el premio que tanto le debe”. Guillermo reaccionó con una expresión de sorpresa. “Ay cabrón”, expresó riendo. “Lo que se aprenden con los kilos es que los premios son bien importantes cuando los ganas y no tan importantes cuando no los ganas. Para mi, el máximo galardón es que exista la película”.

“Yo soy un devoto a un género que manejo de forma poco convencional: el cine fantástico. Y es un género que conlleva expectativas. Estoy acostumbrado a que a veces las cosas suceden, y a veces no. Soy un gordo raro que hace películas raras y que hace las historias que quiere. No le pido a nadie permiso para hacerlas. Las hago cuando puedo”.

Pero sobre el Oscar, específicamente, afirmó que “ya lo demás será un volado con diez monedas al aire. Si no nos ganamos nada, el premio más maravilloso es llegar a tu casa a cenar y poderse quitar los zapatos porque apretaban un chingo”, dijo con una enorme sonrisa.

Guillermo se ve muy satisfecho al hablar de La forma del agua. Este proyecto vino después de las críticas encontradas de La cumbre escarlata y de una etapa donde el cineasta mexicano tuvo algunos problemas de salud. Afirmó que esa sacudida personal le hizo reflexionar qué es lo que quería para él en su vida profesional.

“[Antes de eso, siempre fue] Guillermo chiquito jugando con monstruos y robots. Guillermo chiquito sintiéndose fantasma en un orfanato. Guillermo chiquito pensando en los cuentos de hadas. Y dije: ¡bueno, y el pinche Guillermo grandote, ¿qué, cabrón? ¿De qué quieres hablar a los 53 años, wey?’ Y el resultado es esta película. Para mí es muy personal. El acto creativo es un acto vital, es algo que te lleva todo el ser. Es lo que hago y es lo que me define”.

“¿Y volverá alguna vez a filmar en México?”, fue la pregunta obligada del día. “Eso lo contesto cada año. Ojalá no se aburran [de mi respuesta]”, afirmó entre risas. “Las películas no se hacen cuando uno quiere. El espinazo me costó diez años; Cronos, ocho. Tu empiezas con una idea y a veces el coche se para. La forma del agua empezó hace mucho, pero no encontraba la manera de entrarle a la historia. Hay una idea que tengo de un luchador retirado, panzón y con una rodilla rota, que se mete de guarura y se da cuenta que los políticos que protege son vampiros. Pero no he encontrado la solución para el último cuarto de la película. La historia está ahí. Tengo como 50 páginas. Cuando la tenga la volveré a ella”.

El cineasta afirmó estar preparando a fuego lento un documental sobre Ayotzinapa; contó que pronto contará de un proyecto nuevo que echará a andar –además del documental de Michael Mann– y que para él, “el cine mexicano es una industria potente y necesario. Debe seguir siendo coherente con su país, con su identidad”.

Tras más de una hora de charla, el cineasta se tomó varios minutos más para tomarse fotos y firmar autógrafos –incluida nuestra edición especial de 21 aniversario–. Pero la emoción apenas empezaba en Morelia. Al oriundo de Guadalajara le esperaban horas enteras de sentir el amor y la admiración de su gente. Morelia quedó enamorada de Guillermo del Toro…

  • Fotografías: Eduardo Islas 

Apasionado de ver, escribir, leer, investigar y hablar sobre cine en todas sus formas. Soy fan de Star Wars, me sé de memoria todos los capítulos de Friends y si me preguntan de cine mexicano, no hay quien me calle. Editor en Cine PREMIERE.

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