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20th Century Fox: un legado que definió el rumbo del cine

Por:

25-03-2019
Fox Disney proyectos desplazados

Desde sus orígenes hace más de un siglo hasta la transacción Disney-Fox que promete replantear la industria cinematográfica contemporánea.

La incorporación de 21st Century Fox al emporio Disney ha sido motivo de polémica desde que el ratón anunció la transacción el pasado diciembre de 2017. Mucho se ha hablado sobre el interés de este por ampliar su catálogo con títulos y personajes de alto impacto entre las audiencias, las posibilidades que las franquicias abrirán en sus parques temáticos, así como su deseo de probar fortuna con el cine independiente en un esfuerzo por ganar su primer Oscar a Mejor película y dejar de ser el único major que nunca ha obtenido este reconocimiento.

Las opciones de negocios son tantas, que resulta fácil olvidar que Disney también ha adquirido un auténtico trozo de historia cinematográfica. Lo más irónico es que todo empezó con una fusión entre Fox y Twentieth Century, en una operación sin precedentes en la entonces naciente industria norteamericana.

El primero fue fundado por William Fox en 1915, quien emprendió en el negocio de las cadenas de exhibición y no tardó en saltar a la producción. Sus primeros planes de expansión fueron entorpecidos por conflictos de intereses de sus competidores, lo que fue determinante para que el Crac del 29 le llevara a la bancarrota. En sólo unos años, su estudio sentó las bases con un cine espectacular, que debutó a la primera femme fatale en la figura de Theda Bara y realizó las primeras exploraciones del cine sonoro, en una intensa carrera que finalmente fue ganada por Warner Bros. El segundo nació como un estudio independiente fundado por Joseph Schenck y Darryl F. Zanuck, y directamente vinculado con United Artists. Este enlace terminó tras una serie de disputas accionistas, lo que condujo a la búsqueda un nuevo distribuidor. Fue así como, en 1935, nació 20th Century Fox.

Los resultados no tardaron en llegar, pues con un porcentaje de películas muy inferior al de sus competidores, el joven estudio terminó convirtiéndose en un invitado recurrente al Premio de la Academia con títulos como In Old Chicago (1937), Alexander’s Ragtime Band (1938) y Las uvas de la ira (1940) siendo los primeros de la alianza en competir por la máxima estatuilla. La consolidación llegó en 1942 con el Oscar a Mejor película de Qué verde era mi valle (1942) dirigida por el mítico John Ford. Y esto era sólo el principio.

 

Moldeando la industria

La elevada calidad de sus proyectos y el incremento de la audiencia durante la II Guerra Mundial ayudó al posicionamiento de 20th Century Fox como el tercer estudio más rentable de la época. La situación cambió unos años después, ya que el número de asistentes disminuyó con la culminación del conflicto bélico y la popularización de la televisión, lo que le obligó a correr gravísimos riesgos en busca de soluciones. Es sencillo juzgar muchas de estas decisiones en retrospectiva, pero hasta las más controvertidas fueron determinantes para construir su legado y así forjar la historia de la industria.

Sus esfuerzos por impulsar la tridimensionalidad con el CinemaScope han sido fundamentales para Avatar (2009); los dolores de cabeza suscitados por la tortuosa producción de Cleopatra (1963) le prepararon para la no menos desafiante Titanic (1997); las glorias de La novicia rebelde (1965) influyeron en el renacimiento del género musical con Moulin Rouge (2001); la revolucionaria ciencia ficción de El viaje fantástico (1966) y El planeta de los simios (1968) puede rastrearse hasta Alien (1979); la inusual exploración de espacios verticales vista en Infierno en la torre (1974) fue heredada por Duro de matar (1988).

A esto sumemos que la industria contemporánea del entretenimiento sería radicalmente diferente si Fox no hubiera autorizado la realización de Star Wars (1977) y el acuerdo con el que George Lucas mantuvo los derechos sobre la franquicia y su merchandising; si su división televisiva no hubiera visto el enorme potencial de Los Simpson (1989) tras su debut en The Tracey Ullman Show; o si el estudio no hubiera abierto las puertas marvelitas con X-Men (2000), que además marcó el debut de Kevin Feige en el mundo de los superhéroes.

Una nueva era

La incorporación de 21st Century Fox al emporio Disney ha sido motivo de polémica desde que se anunció la transacción el pasado diciembre de 2017, pues se teme que tenga un impacto primordialmente negativo en la industria. La compra marcará el cierre de divisiones y despidos masivos tal y como ya sucedió con Fox 2000; el impresionante calendario de estrenos de Disney podría saturarse cada vez más; el emporio podría imponer nuevas condiciones de distribución con las cadenas exhibidoras; mientras que su predominio podría obligar a los grandes actores a comprometerse por varias películas o incluso a firmar contratos de exclusividad. Más preocupante es el nerviosismo suscitado ante la posibilidad de que el dominio de este gigante cinematográfico atente contra los estándares de calidad del cine.

Sin embargo, la nueva expansión de Disney también podría resultar benéfica para la industria. El exceso de propiedades debería conducir a un ajuste en el calendario interno para evitar competencia entre sus propios títulos, lo que reduciría la sobreexplotación de franquicias como Star Wars, Marvel o las adaptaciones live-action de los clásicos animados. Esto resultaría en mayores tiempos de producción y el compromiso de crear historias de mayor calidad para las audiencias. No conforme con ello, las otras majors también deberán cambiar su estrategia con proyectos más modestos y arriesgados, pero de gran calidad como Un lugar en silencio (2018), La favorita (2018) o Nosotros (2019), por nombrar algunas. Sobra decir que esto no atentaría contra sus propias franquicias como Rápido y furioso o James Bond.

Finalmente, es importante recordar que el cine es una industria en continuo movimiento. Los llamados “Big Five”, que tantas glorias dieron al celuloide durante la Era Dorada de Hollywood, peligran ante la caída de su tercer integrante, en una tendencia que comenzó en 1959 con la desaparición de RKO y siguió en 1986 con la venta de la Metro-Goldwyn-Mayer. De momento, sólo Paramount y Warner siguen de pie. Por su parte, los llamados “Little Three” de la época, también han sufrido cambios, pues Universal y Columbia se consolidaron entre los nuevos titanes, mientras que United Artists se extinguió en 1981.

Más recientemente, los “Big Six” de la era contemporánea han dejado de serlo para convertirse en los nuevos “Big Five”, un grupo integrado por Disney, Paramount, Sony, Universal y Warner. A pesar de su estabilidad, su hegemonía está en continuo riesgo ante el éxito de las productoras independientes y las oportunidades del streaming. La única certeza es que nada está escrito, pues la historia nos dice que el dominio actual no garantiza la supervivencia a largo plazo. Al final, y como debe ser, la última palabra siempre la tiene el público.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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