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Gangsters y Gabriel García Márquez: las influencias de Ciro Guerra

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17-10-2018
ciro guerra entrevista

La nueva película de Ciro Guerra y Cristina Gallego, Pájaros de verano, formará parte de las secciones Competencia Los Cabos y México Primero en el próximo Los Cabos International Film Festival.

Dirigida por los colombianos Ciro Guerra y Cristina Gallego, Pájaros de verano es una inusual cinta de gangsters que cuenta una historia épica situada entre finales de los 60 y principios de los 80, justo antes del auge de Pablo Escobar. Estos años se conocen en Colombia como la bonanza marimbera, un periodo que ya habían abarcado Guerra y Gallego en Los viajes del viento (2009). Perdidos en los márgenes de la sociedad colombiana, en Pájaros de verano (2018), el capitalismo los encuentra. Los wayuu se habían mantenido intactos pero, tentados por los consumidores estadounidenses, deciden entrar al negocio de la mariguana y recibir las primeras grandes ganancias en dólares generadas por el narcotráfico. Después del éxito que obtuvieron como director y productora con El abrazo de la serpiente (2015), la pareja de cineastas se prepara para presentar su nueva película, Pájaros de verano, en Los Cabos International Film Festival. El filme –que ya participó en Cannes en la Quincena de Realizadores– forma parte de Competencia Los Cabos, al igual que la sección de México Primero. Al momento, la película cuenta con nueve nominaciones a los Premios Fénix y es ya la elegida de Colombia para participar en la carrera por el Oscar.

Conversamos vía telefónica con Ciro Guerra sobre la película, sus subversiones del cine de gangsters tradicional, la figura de la mujer en la sociedad matriarcal que representa y los temas en las cintas dirigidas por él y por otros cineastas latinoamericanos. Al inicio de la conversación nos cuenta que una de sus influencias es el novelista Gabriel García Márquez. Resulta inesperado pero lógico, así que partimos de ahí para hablar de todo lo demás.

¿Cuál fue la influencia de García Márquez?

El imaginario wayuu (la tribu indígena al centro del filme) fue una gran fuente para García Márquez. Él cuenta en su autobiografía que en su infancia fue criado por mujeres wayuu y tú notas una gran influencia de ese imaginario en su literatura: su relación con los muertos, con lo onírico, su manera de abordar el tiempo. Para nosotros Pájaros de verano es muy cercana a Cien años de soledad.

En cuanto al cine de género, ¿estudiaste alguna película? Hay elementos que evocan un poco a Coppola o las amistades masculinas en el cine de Scorsese. ¿Tenías esto en mente o es algo que nació de manera más espontánea, o quizá bajo esta influencia de García Márquez?

Nos interesaba mucho la manera en que el cine norteamericano de los años 70 abordó y replanteó los géneros. Para mí, personalmente, fue una influencia el cine de Sam Peckinpah (Los perros de paja) y el cine de Michael Cimino (El francotirador).Fueron grandes referentes a la hora de visualizar e imaginar la película.

Pájaros de verano entrevista

Ciro Guerra cita a Sam Peckinpah y Michael Cimino como grandes influencias en su cine.

Mencionabas el elemento de una sociedad patriarcal. ¿Buscaban Cristina y tú subvertir la representación usual de la mujer en el cine de gangsters?

Lo que nos interesaba es que esta historia (que era como un terreno natural para una película de gangsters o de género), nos parecía muy peculiar el hecho de que ocurriera en una sociedad donde las mujeres tienen un papel tan importante, donde son las que dan el apellido. Es una sociedad matrilineal. Nos parecía que eso convertía esta historia en algo muy diferente de lo que hemos visto antes y le da una vuelta de tuerca al cine de género.

Hay otro elemento muy atractivo en la película, que es más bien visual. Es el uso de la ropa, de las telas, los colores, que era algo que habíamos visto un poco en Los viajes del viento. ¿Para ti tiene una significación especial la representación de la ropa de los pueblos indígenas colombianos?

El vestido tradicional del pueblo wayuu, sobre todo de las mujeres, es muy impactante, es muy colorido. Es muy rico a nivel de diseño, y queríamos que la representación que hacemos del vestuario tradicional sea lo más fiel posible pero en este caso teníamos una materia prima muy especial. La diseñadora de vestuario Catherine Rodríguez hizo un trabajo realmente muy profundo de investigación para potenciar al máximo el impacto visual que tiene. Además los colores tienen un significado muy fuerte para el pueblo wayuu y el vestuario en la película es completamente fiel a la significación que tiene cada color. Todo el vestuario está confeccionado por las mujeres wayuu. Trabajamos muy de cerca con la comunidad. Ellos hacen parte del equipo técnico. Más o menos el 30% del equipo de la película pertenece a esta etnia. Ellos tienen una participación muy activa.

Y, ¿cómo trabajaron Cristina y tú esta representación tanto de la ropa, el color, como del espacio con el fotógrafo David Gallego? Recuerdo en particular esta imagen de la casa lujosa en medio del desierto. Son imágenes muy fuertes.

Otra manera de trabajar con respecto al género es que el noir es muy oscuro y trabaja las sombras y los claroscuros de una manera muy pronunciada, pero en este caso estábamos contando un noir a cielo abierto y en espacios luminosos. Con David hicimos un trabajo de pensar la película en cuanto a cómo lograr esa expresividad del claroscuro a partir de los espacios abiertos y la luz del caribe, que es tan intensa. Entonces es un noir de espacios abiertos, de colores vivos, que toma esa manera expresionista del noir para retratar los elementos y lo hace desde otra perspectiva.

ciro guerra entrevista

“Nos parecía muy peculiar el hecho de que [está historia de gangsters] ocurriera en una sociedad donde las mujeres tienen un papel tan importante, donde son las que dan el apellido”. –Ciro Guerra

Hay una escena que creo que es la que detona los temas y la trama de la película: el encuentro con los estadounidenses. Por alguna razón me acordé un poco de La sangre del cóndor, de Jorge Sanjinés, esta película donde los miembros del cuerpo de paz esterilizan a las mujeres de una comunidad indígena en Bolivia. Este tipo de temas, de imágenes, que se han explorado antes en el cine latinoamericano, ¿las tienes tú en mente? Es decir, ¿quieres crear un vínculo con la tradición del cine latinoamericano anterior a ti?

Contrario a lo que se quiere creer, el cine latinoamericano tiene una tradición, una historia, muy ricas. Personalmente, realizadores como Leonardo Favio, como Glauber Rocha, como Tomás Gutiérrez Alea, como el Indio Fernández, han sido de gran influencia para mí. Creo que de alguna manera todos los realizadores latinoamericanos estamos conectados. El cine latinoamericano se ha caracterizado por ese compromiso con las historias de nuestros pueblos y se aleja de esa idea del cine solamente por espectáculo y entretenimiento. Creo que esa es una línea que conecta a todos los cineastas latinoamericanos del pasado, del presente y espero que del futuro.

¿Cómo ves el panorama del cine latinoamericano contemporáneo? Me parece que hay una ola de reconocimiento muy notable dentro de los grandes festivales internacionales al trabajo de directores como tú, como Dominga Sotomayer, Pablo Larraín, Carlos Reygadas, Lucrecia Martel. ¿Tú sientes que hay una especie de despertar dentro del cine latinoamericano o crees que lo que está cambiando es su recepción internacional?

Creo que tiene que ver con que Latinoamérica es un continente que tiene mucho por contar. Tiene muchas voces por descubrir que durante mucho tiempo estuvieron de alguna manera reprimidas, tanto por cuestiones del mercado como por cuestiones políticas y existen muchas historias luchando por brotar. Ahora que es más fácil hacer cine los gobiernos se han dado cuenta de la importancia de apoyar el cine. Las tecnologías han facilitado el acceso a los recursos para hacer cine y todo eso ha hecho surgir un gran movimiento latinoamericano del cine. Siento que es una renovación para el cine mundial en un momento en el que el cine hegemónico, como lo han sido el norteamericano y el europeo, han caído en al repetición y en no saber qué más contar. Me parece que todas las ideas se han agotado, los lenguajes se han agotado y hacen las mismas películas que hace 30 años una y otra vez. Creo que el cine latinoamericano ofrece historias personales, historias nuevas. Ofrece personajes e ideas a las que el mundo no ha prestado suficiente atención pero que vienen de una experiencia personal y propia de nuestra realidad. Nosotros no hacemos películas sobre otras películas como pasa tanto en los cines hegemónicos. Realmente tenemos algo por contar, algo que nos duele, algo que nos importa y eso hace una diferencia. Creo que el cine latinoamericano es en este momento el cine que está más vivo, el cine que es más creativo y que tiene el impulso vital más fuerte y más evidente.

 

 

 

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