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Goyas 2008: en el pais de los ciegos el tuerto es el rey

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02-02-2009

  La gala de los Goya, rebautizada por los profesionales del medio como “la gran noche del cine español” transcurrió sin sorpresas. Para un observador internacional tal aseveración puede sonar a disparate. ¿Cómo proclamar que no hubo sorpresas cuando las dos películas con un mayor numero de candidaturas se fueron con un premio de consolación […]

 

La gala de los Goya, rebautizada por los profesionales del medio como “la gran noche del cine español” transcurrió sin sorpresas. Para un observador internacional tal aseveración puede sonar a disparate. ¿Cómo proclamar que no hubo sorpresas cuando las dos películas con un mayor numero de candidaturas se fueron con un premio de consolación cada una? ¿Acaso el próximo 22 de febrero no hablaríamos de sorpresas si en vez de Benjamín Button o Slumdog Millonaire fuera The reader la gran triunfadora de la gala? Pues sí, pero como ya he dicho en alguna que otra ocasión Spain is different.
Si hacemos caso de la lógica parecía incuestionable que siendo la película con mas candidaturas (15) y habiendo sido seleccionada por la propia Academia como representante de nuestro país para los Oscars, Los girasoles ciegos tenia todas las papeletas para imponerse como gran triunfadora de la velada. Pero en el cine español la lógica no impera a veces, como en este caso, por fortuna.
 
En un 2008 en el que la producción cinematográfica española hizo bueno el refrán “en el país de los ciegos el tuerto es el rey” Camino, no podía ser de otra manera, arrasó en la entrega de los Goya. Que es una de las mejores películas del año nadie lo discute, como tampoco que sin ser un filme perfecto atesora cualidades muy notables, desde luego muchas más que la mayoría de los largometrajes españoles estrenados a lo largo de un año de infausto recuerdo para el audiovisual hispano. Citando a Borja Hermoso, jefe de la sección de cultura del diario El país: Si el 2008 ha sido, como ya se ha dicho y repetido, un mal año del cine español en lo creativo, exceptuando tres o cuatro destellos, la gala de ayer fue un excelente reflejo del año”.
 
Porque esa es otra, se empeñan en alentar a los espectadores a que acudan raudos al cine a consumir celuloide patrio y todo lo que tienen que ofrecer son películas tan poco estimulantes como la inmensa mayoría de las que ayer concurrían como candidatas en las diversas categorías y una gala de entrega de premios extraviada en la noche de los tiempos de lo cutre, sosa y ramplona que resultó. Carente de gracia y de ritmo, de la retransmisión televisiva mejor no hablamos: hagámoslo únicamente para constatar soluciones de realización “vanguardistas” como esa que nos ofreció un primer plano de la actriz Verónica Echegui humedeciendo los labios de su galán mientras en el escenario agradecían un premio que nada tenia que ver con la actriz ni con la película que le había llevado hasta la alfombra verde. Este ejemplo podría ir acompañados de otros muchos si no fuera porque es de mal gusto mentar la soga en casa del ahorcado.
 
Y si la gala fue soporífera en el plano formal, también lo fue en su contenido: que desde la Academia se empeñen en torpedear nuestras conciencias sobre lo perniciosa que es la piratería para el futuro del sector, cuando lo cierto es que el cine español es ignorado hasta por los piratas informáticos (si hubiéramos de establecer un ranking de bajadas ilegales a buen seguro ninguna película española estaría entre las 20 mas descargadas), suena a lamento corporativo de un gremio que, incapaz de encontrar justificaciones mas solventes acerca de porqué su audiencia potencial desprecia sistemáticamente su trabajo, se ocupa en ponerse la venda antes que la herida.
 
Dicho lo cual quedémonos con lo positivo aunque esto se manifieste a modo de destellos excepcionales. Camino, película valiente, luminosa, arriesgada en lo que tiene de condena al oscurantismo, pero imperfecta en sus ambiciones narrativas que son superiores a un resultado que si bien disparejo resulta altamente estimulante, es una digna vencedora. Su triunfo, eso sí,  es “el menor de los males” y al menos sirve para maquillar el balance de un año calamitoso en el que cuesta encontrar una decena de películas sin mácula. Tanto es así que los académicos tan recelosos a reconocer el talento foráneo, hubieron de completar el cuadro de ganadores con Benicio del Toro importado para la ocasión desde la multinacionalidad de Ché: el argentino y con Penélope Cruz, tan española como el jamón pero dirigida por un neoyorquino como Woody Allen ignorado en el resto de categorías. Ellos fueron el mejor actor y la mejor actriz de reparto.

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