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REVISTA Columnas

Gracias, Ray Bradbury

Por:

07-06-2012

Cuando pienso en Ray Bradbury la imagen mental es siempre la misma: el autor de ciencia-ficción con unos gruesos lentes de pasta, un reloj retro-futurista y y un gato negro en sus manos. El gato mira a la cámara como intentando descifrar qué es ese aparatejo. Por alguna razón pienso que el gato negro que […]

Cuando pienso en Ray Bradbury la imagen mental es siempre la misma: el autor de ciencia-ficción con unos gruesos lentes de pasta, un reloj retro-futurista y y un gato negro en sus manos. El gato mira a la cámara como intentando descifrar qué es ese aparatejo. Por alguna razón pienso que el gato negro que se muestra intrigado tiene dentro de sí una parte de la esencia de Bradbury, quien sonríe plácidamente unos cuantos centímetros arriba de la mirada del gato. Como los felinos, Bradbury tuvo una curiosidad que lo llevó, a lo largo de los 91 años de su recién extinta vida, a explorar dos de los misterios más grandes que han cautivado por siempre a la humanidad: el espacio exterior y esa etapa tan poco explorara por la literatura, la infancia. Bradbury, junto a autores como Harlan Ellison y Arthur C. Clarke, sacó a la sci-fi del baúl de los géneros menores, uniéndola, además, al mundo del cine y la televisión.

Leí por primera vez a Bradbury durante la preparatoria. Fue un cuento fascinante de las Crónicas Marcianas en que alguien preparaba una maleta para marcharse de su hogar. Recuerdo que leerlo a esa edad, la edad en que uno le dice adiós a tantas cosas y le da la bienvenida a tantas otras, me inundó de un sentimiento de nostalgia. Luego leí todo el libro y encontré en esas páginas, en esa obra de un género "menor" como lo es la ciencia-ficción, una pieza de literatura magnífica e inconmensurable. Todo el drama humano estaba ahí: la desesperanza, la soledad, el amor y los sueños rotos. Luego, cuando compré la edición en español, me di cuenta de que Borges la prologaba y encontraba, como yo, literatura pura, de esa que cada vez escasea más. Bradbury supo encontrar la aguja en el pajar: las dudas existenciales que resultaban de la alocada carrera espacial de los sesenta, los cuestionamientos filosóficos producto de darnos cuenta de que ahora sí comprobado científica y vivencialmente, no somos más que un punto aislado en el universo.

Luego leí el que hasta ahora es uno de mis libros favoritos: El vino del estío. Ahí, Bradbury construye el imaginario de los suburbios en que muchos crecimos. Los juegos en las calles, el descubrimiento de la amistad, los misterios de la edad adulta. Más que con El guardián en el centeno, con El vino del estío me di cuenta de qué carajos se trataba esto llamado vida.

Por estas y muchas cosas más, gracias, Ray Bradbury. Acá en la Tierra se te extrañará. Aquí, una pequeña entrevista con el autor, ya en su vejez, también con un gato, el sucesor de aquel gato negro:

Stanley Kubrick alguna vez dijo "Para tener una visión más amplia, no sólo vean cine bueno, también el malo" obvio le hice caso en lo segundo y es muy divertido.

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