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REVISTA Columnas

Indiana, Indiana…

Por:

05-11-2008

Debo confesarlo, la primera secuencia de la película me emocionó. En cierto modo puedo decir que llevaba 19 años esperándola, aferrándome a los absurdos rumores de que algún día, Spielberg y Lucas resucitarían al mítico personaje. Y déjenme explicarlo mejor: alguna vez quise ser como Indiana Jones. Mis ensueños infantiles se asemejaban a sus aventuras […]

Debo confesarlo, la primera secuencia de la película me emocionó.

En cierto modo puedo decir que llevaba 19 años esperándola, aferrándome a los absurdos rumores de que algún día, Spielberg y Lucas resucitarían al mítico personaje. Y déjenme explicarlo mejor: alguna vez quise ser como Indiana Jones.

Mis ensueños infantiles se asemejaban a sus aventuras y no dejaba de emocionarme con cada videojuego basado en el personaje que aparecía para la consola en turno (siendo el mejor, sin duda alguna, Indiana Jones and the Fate of Atlantis). Por eso el día que un compañero de la redacción me confesó que no le había gustado la película, me preocupé. Luego, me alarmé al escuchar su profecía: “A ti tampoco te va a gustar. Es más, te va a hacer enojar”.

Por eso me dio gusto saberme complacido por la secuencia inicial de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (¡ya está a la renta!). El tono de la cinta me trasladó a otro tiempo, a otro momento. Antes de Kieslowski y sus tres colores. Antes de los teóricos de la comunicación y lo implacable de la crítica que a veces esgrimimos. Antes de buscarle tres pies al gato. Antes de comprender que la mirada ha perdido su inocencia y que juzgas antes de tiempo. Es cierto: la trama al final es difícil de explicar, las actuaciones no son lo que deberían y sobre todo Shia LeBeouf deja mucho que desear. Pero no importa. La cinta te devuelve la inocencia durante un par de horas. Te emociona. Te entretiene. Te hace reír. Te maravilla como si fueras un niño.

Al menos eso es lo que en mí provocó. Y hoy puedo decirlo sin culpa: todavía quiero ser como Indiana Jones.


   
 

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