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El legado de James Wan al cine de terror

Por:

15-04-2019
James Wan El conjuro

James Wan se retira de El conjuro. Este es el legado que deja al frente de la franquicia de terror más importante de los últimos tiempos.

El terror es uno de los géneros más añejos y queridos del cine, pero también uno de los más complejos ante la continua evolución de un público cada vez más difícil de sorprender. Esto ha provocado que muchos dejen atrás las viejas fórmulas en busca de historias más sangrientas que apelen directamente a la crudeza del mundo en que vivimos. Sin embargo, hay quienes se aferran a rescatar los horrores de antaño en busca de nuevas y más temibles pesadillas. Tal es el caso de James Wan, quien aprovechó su afición por el género y los combinó con los miedos suscitados tras el 9/11.

Sus primeros esfuerzos llegaron con Saw (2004). El clásico de torture porn se inspiró en una serie de malos sueños recurrentes con los que realizó una dura crítica la retorcida moral de Al Qaeda, pero también de las autoridades estadounidenses con sus métodos de tortura empleados en Abu Ghraib para su infame búsqueda de justicia infinita. Unos años después, el malayo probó fortuna en el campo paranormal con Insidious (2010). La cinta renovó el concepto de las viejas casas embrujadas, con una familia aquejada por una entidad que le siguió por años en espera de una oportunidad para atacar. Una analogía sobre los horrores actuales como una terrible herencia provocada por los errores de generaciones anteriores.

No pasó mucho tiempo para que el cineasta fuera considerado un auténtico maestro del género, lo que le condujo a lo que muchos consideran uno de los proyectos más terroríficos de los últimos tiempos y su gran obra maestra: El conjuro (2013).

Saw James Wan

Viejos demonios

El exorcista (1973) suele ser considerada la cinta más escalofriante de todos los tiempos. Esta etiqueta puede atribuirse a la perturbadora novela de William Peter Blatty, la estupenda adaptación de William Friedkin y la inolvidable actuación de Linda Blair. Sin embargo, también surgió del complejo rodaje que le valió el estatus de película maldita, los esfuerzos de numerosos líderes religiosos por censurarla y la histeria colectiva de las audiencias que se decían poseídos. El tiempo pasó y cada vez parecía más difícil imaginar que alguien pudiera igualar un fenómeno de este tipo, hasta que 40 años después, James Wan lo hizo con El conjuro.

A diferencia del clásico setentero, la cinta inspirada en los archivos de Ed y Lorraine Warren no sufrió ningún tipo de percance en el set, ni padeció la persecución de las autoridades eclesiásticas. En el papel, su historia ni siquiera parece ser muy diferente a muchos otros filmes sobre familias aquejadas por entidades demoniacas. Esto no evitó que algunas salas de los Estados Unidos tuvieran que recurrir al apoyo de sacerdotes luego de que varias personas se sintieran perseguidas por entidades malignas tras ver el filme.

Hay quienes piensan que su éxito radicó en que, lejos de conformarse con la promesa de que todo está basado en hechos reales, se apoyó en la demonóloga Lorraine Warren como asesora y parte fundamental de la campaña promocional, ya que su presencia aumentó el aura de realismo al ofrecer un testigo directo de todos los acontecimientos mostrados en pantalla. Otros lo atribuyen que se apoyó en elementos técnicos como la iluminación, la fotografía y el sonido para sugestionar a la audiencia sobre horrores que nunca aparecen del todo.

Más interesante aún es el carácter histórico que le concedió su director con la inclusión de Bathsheba Sherman, una persona real según los registros del país y que ha inspirado incontables leyendas en la región de Rhode Island. Las más perturbadoras dicen que realizó ritos satánicos con sus hijos en 1863, es decir, en plena Guerra de Secesión. A esto sumemos su presunto parentesco con Mary Towne Eastey, acusada de brujería en los juicios de Salem, uno de los sucesos más perturbadores en toda la historia americana y que, aunque tradicionalmente ha sido atribuido al opresivo estilo de vida de la época, estudios más recientes lo atribuyen al estrés postraumático producido por distintas masacres cometidas por los nativos de la región durante la Guerra del Rey Guillermo (1689 – 1697).

A su vez, esto le concedió una importante carga simbólica, con una unión americana cuyos cimientos están construidos sobre una cultura del miedo que, para muchos, sigue siendo aprovechada por las autoridades para fomentar la histeria colectiva en pos de la dominación. Quizá el mejor ejemplo de la época sea la Guerra de Irak, justificada a partir de la aparente existencia de armas de destrucción masiva.

El conjuro James Wan Vera Farmiga

Un maestro del terror

El retiro de James Wan como director de la franquicia El conjuro es decepcionante para muchos, pues se teme que la historia central pierda la fuerza que tanto le ha caracterizado. Sin embargo, todo apunta a que seguirá teniendo una presencia constante como productor, escritor y quizá hasta como director emergente, tal y como sucediera con La monja (2018), donde apoyó al frente de la segunda unidad.

A esto sumemos que en apenas unos años, ha dejado una interesante generación de cineastas especializados en el terror. Quizá el mejor exponente de ello sea David F. Sandberg, cuya ópera prima Cuando las luces se apagan (2016) fue realizada con el respaldo del malayo, quien poco tiempo después le dio las riendas de Annabelle: La creación (2017). Su labor fue tan destacada, que su mentor también contribuyó a que Worlds of DC le concediera la dirección de Shazam (2019). Ahora las miradas recaerán en Michael Chaves, quien debutará en pantalla grande con La maldición de La Llorona para luego saltar a su prueba de fuego con The Conjuring 3.

Su trabajo al frente de la franquicia también deja un importante legado. No sólo es la saga de terror más fructífera en mucho tiempo, sino también la que sentó las bases del género durante la última década al aprovechar la psicología para ahondar en los miedos culturales más profundos y así demostrar que las peores pesadillas no son las que aparecen en pantalla, sino las que habitan en la mente del público. James Wan logró todo esto a base de talento y una enorme pasión por el miedo, pero también de una lúgubre fuente de inspiración extraída directamente de los archivos Warren. Su deseo por abordar otros campos es comprensible, pues él mismo ha reiterado [vía] que “no sólo soy un director de terror. Soy un director. Punto”. Aun así, parece sólo cuestión de tiempo para que lo veamos de vuelta con un nuevo caso de El conjuro, tal y como sucedió tras su primer retiro a poco tiempo de estrenarse la primera entrega. Ya lo dijo el productor Peter Safran, “uno nunca sabe. Tipos como James, el asustar está en su sangre”.

James Wan El conjuro
Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • El conjuro (Dir. James Wan, 2013)
  • Annabelle: La creación (Dir. David F. Sandberg, 2017)
  • La monja (Dir. Corin Hardy, 2018)

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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