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John Malkovich: el más excéntrico de Hollywood

Por:

22-10-2008

Cine PREMIERE conversa con el protagonista de Quémese después de leerse.

Quémese después de leerse.

por Alfredo Troncoso

Lo entrevistamos a propósito de sus últimos filmes: Quémese después de leerse, la bizarra, quizá desconcertante comedia de los Coen donde protagoniza a un exasperado desempleado de la CIA, y El sustituto, drama de Clint Eastwood en el que interpreta a un reverendo que lucha por los derechos civiles en la corrupta Los Ángeles de los años 20. John Malkovich revela aquí no sólo la amplitud de su rango histriónico, sino esa elusiva peculiaridad que lo ha convertido en un favorito para los grandes directores.

Se encuentra en Francia, y antes de comenzar la entrevista telefónica, le da precisas instrucciones al taxista. Ha ganado dos premios Molière por su actividad teatral en Francia, aún así, la fluidez de su francés sorprende. O quizá “fluidez” no sea la palabra adecuada: en francés o en inglés, John Malkovich no le tiene miedo a las pausas, sopesa cada palabra y, como todo aquel que haya visto una de sus películas sabe, logra que cada una tenga su importancia.

Quémese después de leerse y El sustituto son dos películas totalmente diferentes, ¿estás haciendo un esfuerzo consciente para explorar la extensión de su rango histriónico?

No, es sólo que están saliendo al mismo tiempo y son bastante diferentes, en tono, en todo. Es mi trabajo como actor, siempre estás actuando a alguien diferente, con una visión distinta del mundo, quizá una era, una cultura o incluso una lengua distinta. Ya estoy acostumbrado a eso a estas alturas.

¿Hay un hilo conductor en todas estas caracterizaciones bajo grandes directores? ¿Qué buscan ellos? Clint Eastwood alguna vez declaró que siempre le das a las películas una cierta peculiaridad…
No lo sé, “peculiaridad” es probablemente una palabra tan válida como otra, siento que tal vez soy capaz de traer algo inesperado, algo impredecible a un rol… quizá –responde después de una larga pausa, seguida de un suspiro y un resoplido a la francesa–.

¿Cierta ironía, cierta distancia tal vez?
Podría ser ironía, pero también una severa carencia de la misma.

¿Por ejemplo en Quémese después de leerse?

Bueno no, hay ahí una mirada bastante irónica, pero cuando hago cosas como The Glass Ménagerie o De hombres y ratoncitos: Fuerza brutal, no hay ironía.

Volviendo a Quémese después de leerse, tu personaje, junto con el de Tilda Swinton, es el único que parece tener un cerebro que funciona. ¿Crees que la película trata aquí de la estupidez de la administración Bush, de eventos recientes o de la humanidad en general?
Puede que el cerebro de mi personaje funcione, aunque no tengo evidencia al respecto, a menos que lo haga con la ayuda del alcohol. No le va muy bien en el área del pensamiento profundo, para mí es tan sólo alguien que se considera más inteligente que los otros.

Hay una escena particularmente ambigua donde el personaje lleva a su padre parapléjico a un paseo en velero. Una escena muy significativa, ¿cómo la interpretas?
Pienso que establece que la única gente con la cual podemos comunicarnos es la que no puede oírnos. Este personaje no tiene a nadie que se interese en sus cosas, en su vida, en él. En cuanto a la pregunta de la estupidez, no creo que la administración Bush tenga mucho que ver con que el mundo sea estúpido, si fueran capaces de hacerlo estúpido, significaría que el mundo no tenía que ir muy lejos para lograrlo en primer lugar. Yo no pienso en las cosas así. Es decir, cuando la administración Bush se haya ido, ¿quién nos hará estúpidos entonces?

Déjeme ver si lo entiendo. Ésta no es entonces una de esas películas conspirativas, quizá sea incluso una parodia de esas películas, no hay nadie haciéndonos estúpidos, nadie al control.

Pienso que el mundo es fundamentalmente caótico, que hay ciertos sistemas con los cuales tratamos de darle forma, pero no funcionan muy bien, tampoco la gente a cargo de los mismos. Yo no veo que la CIA controle gran cosa, en la película hasta necesitan que venga alguien a explicárselos.

¿La mujer que quiere hacerse una cirugía estética a toda costa?

La CIA no tiene ni su ingenio ni su optimismo, es una mujer que cree que cuando sus senos estén alineados con su ombligo, sus oídos pegados a la cabeza, su cara estirada y su trasero levantado, entonces tendrá una mejor vida. Yo por mi parte mantengo que ella morirá pronto de cualquier manera y su vida no cambiará para nada. Pero al menos está tratando.

El sustituto.

Muy negro y desolador. La otra película en cambio, El sustituto… aunque el contexto es de corrupción, es una historia esperanzadora.
Definitivamente, ésta es una película más política, más social. Hay elementos de poder que tratan de quitarle a la protagonista (Angelina Jolie) lo que es más valioso para ella, le tratan de quitar hasta su salud mental y ella no consentirá a pesar de que el sistema entonces era muy corrupto, muy poderoso.

¿Ese sistema, por oposición al de los Coen, sí ejercía control?
No me atrevería a decir que en algún momento, corrupción o no, no hubiera incompetencia, estupidez… ¿Había acaso más control, hacía más sentido el mundo durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo?

¿Y el personaje, el reverendo? Aparte de su estatura moral, ¿hay algo de esa tradicional ironía tuya?

No, no le veo tanta ironía –dice riendo–, no diría que está desprovisto de humor, pero su papel es el de ayudar a Angelina a encontrar a su hijo.

Ese sentido de distancia que le confiere a sus personajes, mayor altura, inteligencia… ironía. No sé si alguien se te lo ha ofrecido, pero harías el Sócrates perfecto.

No, no me lo han ofrecido todavía –ríe–. Pero mi “distancia”, si en verdad aplica, se deriva de que no soy uno que hace juicios rápidos sobre eventos o sobre la gente. Dejo que la historia se revele no en clips de dos minutos o en la prensa, sino en esa progresión lenta, ese tiempo largo que es la historia. La gente de hace 30 años creía que estaba tan conectada con lo que estaba pasando, cuando en verdad no sabían casi nada. No es, creo yo, porque haya alguna vasta conspiración sionista o algo por el estilo, sino porque ni siquiera la gente “que está a cargo” sabe; en medio de todas esas percepciones y sentimientos ignoran incluso que no están a cargo. Cuando yo era niño y leía libros de historia, aprendía que los alemanes habían masacrado a la caballería polaca, cosa que aparecía impresa en todos lados, pero nunca había ocurrido. También yo he sido culpable de creer saber más de lo que sé, pero menos que la mayoría de la gente.

¿No haría entonces una película para los hermanos Wachowski, directores de Matrix?
No los conozco, no conozco su trabajo.

Me refiero a teorías de la conspiración, películas donde hay gente a cargo y en control de todo.
Como regla general sospecho, de la noticias en particular, creo que en todo siempre hay muchas capas que no podemos discernir tan fácilmente, no conozco su trabajo, pero creo que eso no es historia.
 

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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