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CRÍTICAS Cine

La caja vacía

Calificación Cine PREMIERE: 3.5
Calificación usuarios: 4
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07-03-2017

La segunda cinta de Claudia Sainte-Luce es un trabajo más introspectivo pero igualmente biográfico con personajes muy bien construidos.


  • Título original: La caja vacía

  • Año: 2017

  • Directora: Claudia Sainte-Luce (Los insólitos peces gato)

  • Actores: Claudia Sainte-Luce, Jimmy Jean-Louis

  • Fecha de estreno: 10 de marzo de 2017

Si en Los insólitos peces gato la protagonista interpretada por una arisca Ximena Ayala era una suerte de alter ego de Claudia Sainte-Luce, en su segundo filme como directora, ella misma es quien interpreta a una fracción de sí misma. Al igual que su ópera prima, La caja vacía es una historia marcada por brochazos autobiográficos que significaron “un proceso de sanación personal”, como reveló a Notimex tras estrenarla en el Festival de Toronto.

No sorprende que sus dos protagonistas guarden semejanzas. Mientas que la Claudia que interpreta Ayala es una joven solitaria que poco a poco baja sus barreras al ser “adoptada” por una familia al borde de una tragedia, la Jazmín a la que da vida Sainte-Luce es una joven independiente, huraña, pero que a la vez busca generar una conexión. Muchas veces raya en lo grosero al decir cosas diametralmente opuestas a lo que desea en realidad. Con ella sí aplica el refrán popular: “Cuando una mujer dice no, en realidad quiere decir sí”. Claro que esta chica es mucho más compleja que eso y es imposible reducirla a un mero cliché. Su Jazmín vive impedida de conectar con alguien, pues se encuentra marcada por el distanciamiento que tiene con su padre Toussaint, un haitiano de 60 años que llega a vivir con ella tras sufrir un accidente. Es así como la protagonista y su progenitor comienzan su propio camino de perdón y redención. 

La caja vacía no sólo plasma el intimismo del proyecto a través de su temática, sino que para la directora hacer el filme implicó una necesidad catártica. Se basa en su propia experiencia de distanciamiento y acercamiento con su padre, que además padece demencia vascular, igual que Toussaint. Este rol recae en manos del actor Jimmy Jean-Louise, quien debajo de todo el maquillaje que sirvió para avejentarlo se esconde el mismo “haitiano” que apareció en la serie Heroes de 2006 a 2010.
Sustentada prácticamente en la relación de estos dos opuestos seres, la historia sobre una familia fracturada es una de muchos silencios y pocos diálogos a causa de la parquedad de sus personajes, por lo que demanda una completa atención del espectador al que gradualmente se le ofrecen las piezas de este rompecabezas narrativo para que la película adquiera sentido. Así que aunque el filme llega a abusar de esta táctica –las pausas pueden sentirse excesivas y la estructura no lineal es confusa en un principio–, al final la audiencia será recompensada con un desenlace contundente, pese a ser un tanto abrupto. 

Pero en donde yace lo verdaderamente interesante del guion es en sus personajes, cargados de un bagaje biográfico que los enriquece. A través de la huraña actuación de Sainte-Luce y la terquedad de Jean-Louise, un hombre muy hecho a su manera, la cual puede resultar frustrante, se desarrolla una relación cargada de tensión –por los yerros del pasado– y un sentido de obligación que vuelven a la audiencia un testigo incómodo de los hechos. Sin embargo, eventualmente vemos la influencia que estas dos personas tienen entre sí y cómo, a regañadientes, construyen su propia dinámica funcional dentro de su disfunción. 

Este drama cotidiano es menos dinámico y conmovedor que Los insólitos peces gato, sí, pero se da el lujo de tener algunos diálogos genuinamente cómicos gracias a la espontaneidad de un padre tratando de entender-regañar a su hija e incluso ofrece un cameo de Lisa Owen, estrella del primer filme de la cineasta. Más allá de las referencias, Jazmín y Toussaint viven enmarcados por la exquisita foto de María Secco, quien consigue que un viaje en el Metrobus se convierta en una postal citadina gracias a la composición y su manejo de la luz y el color. 

Personajes complejos, entrañables y realistas y una historia de sanación hacen de La caja vacía una metáfora sobre los recuerdos. Aquellos que nos definen, nos marcan, se nos escapan o cuyo sabor amargo se desvanece con el tiempo para permitirnos darle la vuelta a la página. Al final nos inyecta un cuestionamiento: ¿y mi caja, en qué estado se encuentra? 

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:

  • Los insólitos peces gato (Claudia Sainte-Luce, 2013)

  • La demora (Rodrigo Plá, 2012)

  • No quiero dormir sola (Natalia Beristáin, 2012)

Diariamente escribo de cine en Enlabutaca.com, portal que dirijo, y coedito noticias de entretenimiento en Terra. Soy cinéfila, seriéfila, melómana. En pocas palabras, me encanta el arte.

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