Revsita del Mes Suscríbete
Podcast de Cine PREMIERE #206 – Zapata Story

Marriage Story y Esto no es Berlín

December 2019

Suscríbete a la revista Media Kit

Síguenos Social

Suscríbete al Newsletter Newsletter

Recibe las mejores noticias de cine, series, trailers y críticas

CRÍTICAS Cine

La casa lobo – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 4
Calificación usuarios: 5
Votar ahora:

Por:

30-07-2019

Más que explicarnos una psique dañada, Cociña y León la imaginan frente a nosotros.

Capturar La casa lobo (2018) en palabras equivale a embotellar un sueño. Mejores experiencias que recuerdos, las imágenes que destapa la noche son por lo general engañosas, extrañas, potencialmente tan perturbadoras como felices pero celosas siempre con su significado. Hay que acudir a un terapeuta para descifrar los sueños pero no a la crítica para entender el cine. ¿Qué significa La casa lobo (2018), con sus paredes parlantes y su fábula incierta? No me corresponde definirlo sino a sus espectadores especularlo. Además, el filme de Joaquín Cociña y Cristóbal León puede ser tan literal como su anécdota —una muchacha de una hermética comunidad alemana en Chile se refugia en una casa abandonada— o tan diversa e inagotable como sus imágenes enemigas de lo real.

Pero a pesar de mis limitaciones puedo dar un contexto importante que la película elude hasta cierto punto. Maria, la protagonista, huye de una comunidad que existió a partir de los años 50 en Chile, llamada Colonia Dignidad. Fundada por Paul Schäffer, un perverso fanático nazi sentenciado en 2006 por decenas de casos de abuso infantil, la colonia fue hogar de migrantes alemanes, y santuario deforme de torturas y asesinatos. Maria (Amalia Kassai), una tierna voz que habla el español con acento alemán, dice huir del castigo por haber perdido unos cerdos, pero su temor más grande lo encarna un lobo que ronda el bosque. Nunca la vemos propiamente, ni al lobo, pero lo oímos tentarla como el diablo, y a ella resistirse como una figura mesiánica. También la oímos dar nombres a unos antropomórficos cerdos en su nueva casa como si fuera la deidad en un texto sagrado, sin embargo el mundo que narra Maria, imposible, alucinante y finalmente ingrato, no es una creación divina sino un símil del trauma, cuidadosamente construido como ficción.

Más que contarnos o explicarnos una psique dañada, Cociña y León la imaginan frente a nosotros. Empezando por un satírico video quizá narrado por un Schäffer ficticio, los directores se preguntan qué clase de mundo era la Colonia Dignidad y nos responden no con un retrato minucioso y documental sino fantasioso, distorsionado. La realidad es sólo una base para sus inventos, y su filme es un intento de representarlos con una libertad asombrosa. A partir de animación en stop motion, La casa lobo nos muestra un recorrido en el refugio de Maria mediante lo que parece un solo plano secuencia. La toma continua permite explorar cada habitación y, al mismo tiempo, cada evento nuevo en el liberador aislamiento de Maria. El resultado es casi terapéutico en cuanto a que se parece al hipótetico dibujo de una víctima de Schäffer. Entre lo ingenuo y la oscuridad insondable del abuso, las animaciones de la película revelan con cada vez más claridad las imágenes grotescas que alberga Maria. En un principio, infantiles garabatos de los cerditos juegan desde las paredes con una pelota, pero hacia el final un árbol le crece en el cuerpo a un niño y un macabro coro formado por él, una niña mayor y Maria, nos sugiere el mundo que ella dejó. Quizá la esvástica que se hace ventana nos sugiera el pasado de Schäffer.

Atiborrada de símbolos, la verdadera protagonista es la casa, que en sus muros narra más que las palabras de Maria. Los colores, las texturas y la destrucción en ellos revelan un combate entre lo que Maria quiere decir y lo que no puede contarnos. Esta tensión es el centro de la película, y en vez de utilizarlo para educarnos sobre la existencia de Schäffer, los directores representan con ella la necesidad agobiante de guardar silencio. Por vergüenza, por miedo a las represalias o por el simple dolor de recordar las heridas —no lo sabemos— Maria evita el testimonio y con ello nos esclarece no la maquinaria sino los síntomas de la victimización. Su historia no ahonda en el contexto, quizá porque difícilmente ella sea la única que teme a un ominoso lobo. Cuando el mundo nos falla, ni la fantasía puede consolarnos.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • Street of Crocodiles, de Stephen Quay y Timothy Quay
  • Waltz with Bashir, de Ari Folman
  • Watership Down, de Martin Rosen

Notas relacionadas

También podría interesarte:

Comentarios