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REVISTA Columnas

La ficción y sus estertores

Por:

18-06-2009

Encuentros cercanos de ficción y la no-ficción La exitosa conclusión de Fidocs 2009 arroja entusiasmo sobre la captura de la realidad a través de una cámara de cine no sólo por el público interesado y los realizadores que mostraron su obra y compartieron con la gente, sino también por los puntos de vista que afloraron […]

Encuentros cercanos de ficción y la no-ficción

La exitosa conclusión de Fidocs 2009 arroja entusiasmo sobre la captura de la realidad a través de una cámara de cine no sólo por el público interesado y los realizadores que mostraron su obra y compartieron con la gente, sino también por los puntos de vista que afloraron en estos encuentros, que sin el adorno de guarismos, plantean de una forma bastante fácil de apreciar en las carteleras mundiales, porqué los documentales están convirtiéndose en un formato tan apreciado.

En el caso de Chile, las estadísticas oficiales dan crédito. El apoyo del Consejo Nacional de la Cultura al documental permitió un aumento sostenido de obras documentales y eso es una muestra del fortalecimiento de este género en nuestro escenario cinematográfico. En 2005, el Fondo de Fomento Audiovisual apoyó 4 largometrajes documentales. En 2006 fueron 5 los escogidos y en 2007 la cifra aumentó a 6 obras; el 2008, de los 14 largometrajes apoyados por el Fondo, 9 corresponden al género documental. En suma, en cuatro años dicho fondo invertió en este género un monto total que alcanza los 1.390 millones de pesos chilenos.

 

Desde México, el joven realizador Luis Rincón vino a competir con El Árbol Olvidado, protagonizado por personas de su país que accedieron a mostrar sus vidas, porque sienten que no las toman en cuenta. El director de 27 años opina que la tendencia al género documental está agarrando fuerza “no sé si sea que esté de moda, pero más bien creo que la gente cada vez más se ha interesado en acercarse a su realidad”, dijo. En lo personal, define paradógicamente al cine comercial como potenciador de este interés. “Cada vez encuentro la ficción más acartonada, y cada vez más veo la ficción intentando imitar el documental, para que la gente tenga un formato que parezca más verdadero, más real, y buscando una forma de llegarle más al público”, agregó.

Luis Ospina, destacado documentalista colombiano y director del nuevo Festival Internacional de Cine de Cali concuerda con el auge de este formato. “Creo que el documental está tomando más fuerza en América Latina y también está viviendo una fusión de la ficción y la no ficción. El tema del próximo Festival de Cali es ‘Encuentros cercanos de la ficción y la no-ficción, precisamente porque en el cine moderno hay hibridación de géneros, lo que es muy interesante y en el cine Latinoamericano se están viendo películas como las de Lisandro Alonso, que tienen muchos elementos de documental”.

Un Tigre de Papel, de Luis Ospina.

La idea de que la ficción parezca realidad a través del formato inquieta al realizador colombiano. “En esa hibridación hay secuencias que no sabes si son o no ficción. Creo que es ese es el gran debate ahora del cine moderno. Las narrativas a las que estábamos  acostumbrados ya están un poco desgastadas, sobre todo el discurso narrativo de Hollywood, que llegó a un agotamiento, porque ya estamos aburridos de tanto remake de remake de remake”, asegura Ospina.

Por otro lado, otras de las paradojas del documental es que a pesar del intento por retratar la realidad, es sabido que ante una cámara (o espectador), la actitud de las personas cambia y hasta se aleja de lo real. Rincón explica que su método para evitar los vicios que esto pudiera encerrar se basa en la paciencia, porque gasta mucho tiempo en estar con los protagonistas, pero al principio se trata casi solamente de material que luego desecha. “Al principio la gente sí se comporta diferente frente a una cámara, pero siento que eso tiende a desaparece en el momento en que la cámara está presente todo el tiempo, luego se vuelven normales, por eso, utilicé mucho tiempo para que la gente se acostumbrara y del primer mes de grabación no metí absolutamente nada en la película”, sostiene.

Pero su método puede demandar mucho tiempo y dinero que si se carece de algo podría resultar poco práctico.

Ospina por su parte tiene otro punto de vista, bastante más radical por cierto. “Es una falacia (decir) que el documental es la verdad o que el documental debe ser objetivo. Yo no creo en eso. Creo en la manipulación hasta el punto que he hecho dos películas que son falsos documentales, que precisamente que cuestionan al (género) documental mismo. Los dispositivos para decir la verdad son los mismos que se pueden usar para decir la mentira, entonces lo que trato de hacer es tender un manto de duda sobre el documental mismo, cuestionarlo”.

Para Ospina el valor del arte documental, sin embargo, sigue impactando en la pantalla. “Yo creo que la realidad que uno capta en un documental, cuando uno prende una cámara, es la realidad que crea esa cámara en ese momento, es decir, como los principios  de física que cuando uno mide las cosas las cambia, cuando uno filma las cosas también uno las está cambiando”. Bajo ese prisma, un momento frente a la cámara es equiparable a un momentum en física. 🙂

 

Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.

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