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Las películas de Emiliano Zapata

Por:

10-04-2019
Emiliano Zapata

A 100 años de la muerte del héroe revolucionario repasamos la todavía insuficiente presencia de Zapata en las pantallas cinematográficas.

Ha pasado un siglo desde el 10 de abril de 1919, cuando Emiliano Zapata entró a caballo a la hacienda de Chinameca para, supuestamente, reunirse con el capitán Jesús Guajardo. Éste, mediante un meticuloso plan, había fingido apoyar al zapatismo en contra de Carranza. Una llamada de clarín –que simulaba recibir a Zapata con honores– fue la señal para que un grupo de francotiradores vaciaran sus cartuchos sobre el líder agrario, quien, al caer boca abajo, clausuró uno de los episodios míticos de la Revolución e inauguró una leyenda.

Dos deudas zapatistas siguen pendientes: una, la situación del campesinado mexicano, el cual enfrenta carencias tan graves como entonces; otra, que el cine sigue sin encontrar el retrato justo, a la altura del caudillo sureño. Cuando Zapata fue asesinado, el cine ya era parte de la vida social mexicana; de hecho, su imagen fílmica más viva es la que interpretó él mismo frente a las cámaras que siguieron a sus tropas. Al estallar siete años antes que la Revolución Rusa, el conflicto mexicano se convirtió en el primero en el mundo en ser filmado. De hecho, las secuencias sin sonido de los funerales de Zapata no sólo marcan el inicio de su filmografía, sino que siguen siendo una de las secuencias más dramáticas de la revolución filmada.

Más de treinta años después, el proyecto ¡Viva Zapata!, de 20th Century Fox, reunió a tres miembros del Hollywood más político: el cineasta Elia Kazan, el escritor comunista y futuro Premio Nobel John Steinbeck y a Marlon Brando en el protagónico. ¡Viva Zapata! (1952) permanece como una cinta interesante que en su día compitió por cinco premios Oscar y ganó un galardón en Cannes, pero es un acercamiento acartonado. A Steinbeck y Kazan, aunque bien intencionados, les interesó más dibujar a un justiciero romántico que conectara con el público estadounidense. Ocuparon más tiempo en una subtrama amorosa y en la relación con su hermano Eufemio (Anthony Quinn), que en entender el entorno social que explique la leyenda. Ni siquiera un titán como Brando –quien tomó este proyecto en medio de dos obras maestras hechas con Kazan, Un tranvía llamado deseo y Nido de ratas– parece llegar al núcleo de esa penetrante mirada con que Zapata nos mira siempre en los retratos.

El cine mexicano no tuvo mejor suerte. Al final de los 60, el cine estatal encomendó al joven Felipe Cazals un proyecto monumental sobre el caudillo, coescrito por Ricardo Garibay y protagonizado por el ídolo ranchero Antonio Aguilar. El resultado, Emiliano Zapata (1970), fue denostado como “subversivo” por las mismas instituciones de gobierno que lo financiaron, pues tuvo la mala estrella de ser filmado entre la masacre de 1968 y el Halconazo de 1971, justo cuando la figura de Zapata pasó de ser un ícono oficialista a un emblema estudiantil. La superproducción, que iba a ser distribuida por Fox en el extranjero, fue abandonada y pasó sin pena ni gloria por la cartelera.

El otro guionista, Mario Hernández, no dudó en señalar a la película como “priísta” y, decepcionado, emprendió por su cuenta otro guion: Zapata en Chinameca (1988), que resultó aún más invisible. Sin embargo, nada de esto parece hoy un descalabro más grande que Zapata: El sueño del héroe (2004), de Alfonso Arau, otro proyecto costoso, plagado de mentiras históricas y con un elenco compuesto por estrellas televisivas: Alejandro Fernández, Lucero y Jaime Camil.

Igual que el propio Zapata, su figura fílmica parece incapaz de encontrar la justicia plena. Sus interpretaciones más interesantes han sido secundarias –como la de Tenoch Huerta, en Ciudadano Buelna, también de Cazals–, en televisión –Manuel Ojeda en la teleserie Senda de Gloria– o como mera evocación en documentales. Pareciera que cuando el Zapata real rechazó sentarse en la silla presidencial, cediéndole el asiento a Villa, su mito también quedó fuera del cine que se merece. La promesa de justicia del zapatismo sigue pendiente en el campo y en las pantallas.

Periodista, cinéfilo y lector compulsivo, conductor en Mi cine tu cine (Once TV), locutor, jazzero y tragón. Miembro de la Semaine de la Critique de Cannes en 2014 y del Berlinale Talents Press. Estando antes en París, pasaba más tiempo dentro del cine que afuera, así que volví a la Ciudad de México en donde el cine es más barato y, digan lo que digan, se come mejor.

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