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CRÍTICAS Cine

Los dos papas – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3.5
Calificación usuarios: 4.5
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21-12-2019

Los dos papas apuesta por el sentimentalismo, pero las actuaciones de Anthony Hopkins y Jonathan Pryce y la dirección de Fernando Meirelles la vuelven una película sólida.

Título original: The Two Popes
Año: 2019
Director: Fernando Meirelles (360)
Actores: Anthony Hopkins, Jonathan Pryce, Juan Minujín
Fecha de estreno:20 de December de 2019 (Netflix)

Aunque las reuniones entre el Papa Benedicto XVI y el cardenal Jorge Bergoglio que vemos en Los dos papas son producto de la imaginación del guionista Anthony McCarten (cuya filmografía en el rubro incluye Bohemian Rhapsody y Las horas más oscuras) y el director Fernando Meirelles (el mismo de Ciudad de Dios y El jardinero fiel), no hay duda que la ejecución, los diálogos, pero sobre todo las actuaciones de Anthony Hopkins, como el papa alemán, y Jonathan Pryce, como el cardenal argentino, las vuelven no solamente interesantes sino también posibles y, encima de todo, creíbles.

No importa que por momentos la película apueste por el sentimentalismo, que cojee en su falta de postura que parecía clara al principio y luego se deje de lado, que sea irregular en dedicar una parte al pasado de Bergoglio pero no al de Ratzinger (finalmente se llama Los dos papas y no El Papa Francisco). Y no importa porque las actuaciones de Hopkins y Pryce, ya ambos con nominaciones a los Globos de Oro, subsanan gran parte de todo con humor e indulgencia. Además, el trabajo de Meirelles y su habitual colaborador, el cinefotógrafo uruguayo César Charlone, es bastante efectivo en el uso de los close-ups que permiten una exploración de la expresividad de ambos actores en lo que parecería un homenaje al sueco Ingmar Bergman.

El galés Jonathan Pryce no tiene una carrera tan notoria como la de Hopkins, pero sin duda alguna quien diera vida recientemente al Gorrión Supremo en Game of Thrones, a Sir Stuart Strange en Taboo y a Joe Castleman en La buena esposa se comporta a la altura de un personaje demandante.

Porque si Hopkins dota a su Ratzinger/Benedicto de un carácter severo y reaccionario, poco propicio al diálogo según parece, tan cariñoso como afable, con los rasgos conocidos del Papa que sustituyera a Juan Pablo II tras su fallecimiento en 2005, Pryce consigue imprimirle mucha cordialidad a su personaje, llenándolo de carisma e inteligencia.

Sus encuentros ficticios, que son el alma de Los dos papas, funcionan a la perfección y son bastante convincentes, en especial cuando sostienen una especie de duelo de ideas, confrontativo pero respetuoso, en el que ponen en evidencia sus opiniones opuestas. El encuentro se da porque Bergoglio viaja al Vaticano para entrevistarse con el Papa Benedicto para presentarle su renuncia como cardenal de Argentina debido a los escándalos en los que se ha sumido la iglesia. No obstante, el Papa no se la acepta justificando que sería algo negativo pues todo mundo supondría que él le estaría pidiendo la renuncia por ser uno de los críticos más severos dentro de la propia iglesia.
Y más bien parece lo contrario. Que Benedicto ha encontrado en Bergoglio al sustituto idóneo.

Meirelles y McCarten lograron dar a entender que el alemán encontró características conservadoras en el argentino aunque también ponen en claro que las posturas antagónicas pueden encontrar en el diálogo la comprensión y la resolución de los conflictos.

Aunque podrían ser escenas inverosímiles las de esos encuentros en los que Bergoglio y Benedicto comparten gustos como el vino, la música y el futbol, en manos de Hopkins y Pryce resultan elocuentes, convincentes y divertidas. Y asimismo potentes como es el caso de ese primer encuentro en el jardín, feroz y puntual, detallado con exquisitez por Meirelles. Es además un rasgo divertido que Benedicto hable latín cuando tiene algo difícil de decir porque así prácticamente nadie lo comprende a su alrededor (lo que pone en evidencia una falta de cultura en la cúpula eclesiástica). La reconstrucción de la Capilla Sixtina es un logro de la producción y es ahí donde ocurre una de las escenas más elocuentes de la película.

La escena final, de los dos papas viendo la final del Campeonato Mundial de Futbol de Brasil, es bastante memorable, y más cuando se muestra pietaje real de ese encuentro. Con esta producción, Netflix sigue mostrando que sus películas son bastante sólidas.

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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