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Mantarraya: Los espíritus ausentes – Crítica

23-02-2020, 10:15:24 PM Por:
Mantarraya: Los espíritus ausentes – Crítica

En Mantarraya: Los espíritus ausentes, lo que en un principio parecía un cuento relajante, pronto da pie a un aura tenebrosa y de desconcierto.

Cine PREMIERE: 4
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La historia sobre una mujer que se interpone entre dos hombres es añeja; la visión del realizador Phuttiphong Aroonpheng, no obstante, hace de la anécdota un periplo de suspenso casi con coqueteos al cine criminal. Y es que la presencia femenina es sólo un fragmento del enigma, el trasfondo se enriquece con verdades politico-sociales emanadas del contexto tailandés, desde donde proviene Mantarraya: Los espíritus ausentes.

Pescador de día, recolector de gemas brillantes a la luz de la luna, el protagonista parece ser un hombre ordinario. En una jornada nocturna, sin embargo, se topa con un cuerpo inconsciente, al cual auxilia y trepa a su motocicleta. Le proporciona asistencia médica y luego lo conduce por las calles costeras tailandesas sobre un remedo de camilla rodante, con una mano en el manubrio y otra en el suero que sirve de brebaje nutrimental al desconocido. El protagonista –interpretado por Wanlop Rungkumjad– pronto bautiza a su nuevo compañero: Thongchai, como el cantante.

mantarraya los espiritus ausentes
En un principio, buena parte del lenguaje visual consiste en tomas abiertas y poéticas.

Thongchai se mantiene enmudecido, pero una cosa es cierta: practica el Islam. Conforme recobra fuerzas, entre ambos sujetos surge una relación de amistad y armonía; de gratitud y humanismo, a tal grado que se acompañan hasta en las jornadas de pesca. En una de ellas, Thongchai vuelve, pero su colega no. Parece haber sido devorado por el mar. A partir de este punto, el filme se bifurca hacia otros géneros cinematográficos, no se decanta por el drama, sino por el misterio y la tensión. La ambigüedad de los personajes crea un limbo de intriga e interés armonizado por un predominante lenguaje visual, pues los diálogos son escasos.

Mantarraya: Los espíritus ausentes posee numerosas capas. Por un lado, a través de mínimas señales y detalles –como la aclaración de que Thongchai es musulmán–, Aroonpheng inserta temáticas sociales trascendentes. En la villa tailandesa donde tiene lugar el filme, por ejemplo, miles de refugiados de Rohingya se han ahogado; se trata de un grupo étnico indo-ario, una minoría perseguida. El hecho de que el pescador acoja y asista a Thongchai en la manera en que lo hace edifica la postura del director al respecto.

Poco a poco, la narrativa cambia y la oscuridad cobra fuerza alrededor de los personajes para, entonces, hacer de Mantarraya: Los espíritus ausentes, un misterio en torno a la identidad, a la suplantación, a la pertenencia y, tal vez, hasta la traición. De este modo, la cinta pareciera contar dos historias en una, y cada una con un diseño visual propio. Lo que en un principio parecía un cuento relajante, con una cámara en sincronía con el oleaje marino, y un armado poético –por la manera asíncrona en que narración e imagen se empalman–, pronto da pie a un aura tenebrosa y de desconcierto, donde la ausencia deja más preguntas que respuestas.

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El pescador sin nombre auxilia a un individuo que claramente es un migrante con una historia desconocida detrás.

Mantarraya: Los espíritus ausentes posee numerosas capas. Por un lado, a través de mínimas señales y detalles –como la aclaración de que Thongchai es musulmán–, Aroonpheng inserta temáticas sociales trascendentes. En la villa tailandesa donde tiene lugar el filme, por ejemplo, miles de refugiados de Rohingya se han ahogado; se trata de un grupo étnico indo-ario, una minoría perseguida. El hecho de que el pescador acoja y asista a Thongchai en la manera en que lo hace edifica la postura del director al respecto.

Poco a poco, la narrativa cambia y la oscuridad cobra fuerza alrededor de los personajes para, entonces, hacer de Mantarraya: Los espíritus ausentes, un misterio en torno a la identidad, a la suplantación, a la pertenencia y, tal vez, hasta la traición. De este modo, la cinta pareciera contar dos historias en una, y cada una con un diseño visual propio. Lo que en un principio parecía un cuento relajante, con una cámara en sincronía con el oleaje marino, y un armado poético –por la manera asíncrona en que narración e imagen se empalman–, pronto da pie a un aura tenebrosa y de desconcierto, donde la ausencia deja más preguntas que respuestas.

Título original: Kraben rahu
Año: 2018
Director: Phuttiphong Aroonpheng (Ópera prima)
Actores: Aphisit Hama, Wanlop Rungkumjad, Rasmee Wayrana
Fecha de estreno:21 de February de 2020 (MX)
crítica review
mm Mis pasiones: el periodismo, el cine, los libros, la televisión y todo contenido sobre derechos humanos. Fan declarada de los musicales.
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