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CRÍTICAS Cine

María Magdalena – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3
Calificación usuarios: 3
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23-03-2018

La película María Magdalena, más que otra película para días santos, es una elegante revisión en clave feminista de un personaje bíblico tan malinterpretado como desconocido.

Título original: Mary Magdalene
Año: 2018
Director: Garth Davis (Lion)
Actores: Joaquin Phoenix, Rooney Mara
Fecha de estreno:22 de March de 2018 (MX)

En contadas ocasiones mi oficio como crítico de cine exige una disciplina más concentrada que cuando se acercan los estrenos relacionados con la Semana Santa, como es el caso de la película María Magdalena en esta ocasión. Nada tiene que ver con convicciones íntimas, con ser o no creyente, ni con prejuicios temáticos: es la solemnidad almibarada de buena parte del cine bíblico, su hieratismo didáctico, su lenguaje impostado y su dramatismo de cera lo que termina por vencerme las defensas. Cualquier cinéfilo, del credo que sea, que en años recientes se haya dejado ver por alguna función de La resurrección de Cristo (2016), Noé (2014) o Hijo de Dios (2014), entiende lo que intento decir.

Supongo que a eso se debe mi sorpresa al haber encontrado en la película María Magdalena un interés mayor y distinto al que suele ofrecer el género. Se trata de una discreta y delicada reinvención en clave feminista de uno de los mitos más perdurables del cristianismo: el de la prostituta arrepentida y redimida por un río de lágrimas. Garth Davis, realizador australiano bien conocido por la celebrada Camino a casa (Lion) y por su coautoria, junto a Jane Campion, de la interesante Top of the Lake, tomó el encargo de Universal y Focus Features para dirigir el guion de la dramaturga Helen Edmundson, escrito con el apoyo de la semi-debutante Phillipa Goslett.

El guión escrito inicialmente por Edmunson, conocida por llevar a la escena londinense valientes interpretaciones de figuras como Mary Shelley o Juana de Asbaje, seguramente estuvo escrito a la luz del decreto vaticano que en 2016 permitió el ingreso de Magdalena al santoral oficial, con fiesta y liturgia como la de cualquier otro; una carta jugada en buen momento por la curia romana, unos meses antes de que el movimiento Me Too tomara la palestra global. No tengo pista alguna sobre la fe practicada por las guionistas, el elenco ni el propio Davis, pero el mayor alivio de la película es que esto resulte irrelevante: por una vez, se trata de una cinta de corte bíblico cuyo empaque de ideas, calidad interpretativa y coherencia estética apela por igual al espectador laico que al convencido. Su diálogo con el feminismo contemporáneo, de hecho, es más directo y está mejor estructurado que el que pudiera tener con el canon cristiano.

La película María Magdalena sigue el camino de su protagonista (Rooney Mara) desde sus días de juventud en Magdala hasta su decisión de abandonar el hogar paterno para acompañar a Jesús de Nazaret (Joaquin Phoenix) en las que serían sus últimas semanas de vida, antes de predicar en Jerusalén. Lo que Edmundson y Goslett eligen contar no son los episodios bíblicos al uso, sino los espacios silenciados, las elipsis entre un cuadro y otro de entre aquellos narrados por los evangelistas, aquellos en los que el predicador y su compañera permanecían lejos del resto, alimentando un vínculo de solidaridad fraterna que, de acuerdo al guion y a la dirección del propio Davis, habría sido juzgado, errónea e históricamente, como una relación carnal que finalmente habría redimido a ambos, a él como tentado, a ella como pecadora.

Como la propia Biblia, la cinta tiene mucho menos interés como registro comprobable de hechos históricos que como parábola más o menos universal de la solidaridad, la piedad o la compasión; pero a diferencia de los mismos evangelios, escritos después de todo por cuatro hombres educados en la cultura judeoárabe mediterránea, pone el énfasis en la relación igualitaria entre hombres y mujeres como motor de esa misma espiritualidad. Aunque a ratos demagógica, con un tono cambiante y errática en varios momentos, la película tiene tacto para mantener a raya su propio ímpetu moralizador dejando hablar a secuencias sensoriales como la que tiene lugar al interior de una colonia de enfermos en las montañas, filmada y montada con elegancia, ejecutada por precisión y dramatizada con mesura. Son éstos los momentos en los que la película es más hábil en dialogar con el espectador contemporáneo, y no las recreaciones de la última cena, la resurrección de Lázaro o la crucifixión, que aunque se presentan con sobriedad y elegancia lacónica, no dejan de ser teatrales.

El mayor mérito aquí es de Phoenix y Mara, quienes con discreción, contención y una gestualidad bien matizada, se ocupan de construir dos personajes creíbles que, por mostrar destellos de una humanidad prosaica, no siempre parecen conscientes de su relevancia en el futuro orden de las cosas. Y eso, para mí, es un alivio. Lo mismo sucede con Pedro (Chiwetel Ejiofor) y Judas (Tahar Rahim), quienes aprovechan el espacio disponible para elaborar figuras ligeramente más complejas y menos monolíticas de lo que dicta el mito; ambos aportan matices dramáticos que ayudan a sobrellevar los episodios más conocidos y cansinos del relato.

Mención aparte merece la banda sonora, última compuesta por el fascinante Johan Johannsson (La llegada, Sicario), quien falleciera apenas tres semanas antes del estreno londinense, y la cámara de Greig Fraser (Rogue One, Foxcatcher, Lion), un fotógrafo con la misma habilidad para iluminar interiores que para desplazarse en paisajes con luz natural o en decorados artificiales, dándole a María Magdalena una integridad visual sólida que se cuenta entre sus mayores méritos.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • Lion: camino a casa (Garth Davis, 2016)
  • El evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964)
  • La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988)

Periodista, cinéfilo y lector compulsivo, conductor en Mi cine tu cine (Once TV), locutor, jazzero y tragón. Miembro de la Semaine de la Critique de Cannes en 2014 y del Berlinale Talents Press. Estando antes en París, pasaba más tiempo dentro del cine que afuera, así que volví a la Ciudad de México en donde el cine es más barato y, digan lo que digan, se come mejor.

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