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Las 10 mejores películas de Studio Ghibli

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26-02-2018

Con casi 35 años de existencia, Studio Ghibli acumula algunos de los mayores éxitos en toda la historia de la animación, convirtiéndose además en el gran valuarte de la técnica tradicional contemporánea.

La popularidad de Walt Disney, DreamWorks, BlueSky e Illumination han hecho pensar que los gigantes animados son exclusivos de la unión americana. Esto sería cierto de no ser por Studio Ghibli, el titán oriental que ha dado la cara por el resto del mundo y que ha defendido los métodos artesanales de la técnica tradicional.

Buena parte de sus éxitos radican en el genio creativo de Hayao Miyazaki, catalogado por muchos como el Walt Disney japonés, y cuya obra se ha caracterizado por la utilización de la fantasía nipona para la exploración de temas políticos, sociales o mediambientales que aquejan al mundo entero.

El futuro de Ghibli luce incierto ante la situación de Miyazaki, quien actualmente deambula entre el retiro y el retorno. Ni siquiera estas dudas han evitado que la audiencia siga ubicando la obra del estudio entre las máximas joyas de la animación mundial.

¿Cuáles son las mejores películas de Ghibli? Aquí te lo decimos:

Se levanta el viento (Dir. Hayao Miyazaki, 2013)
(Vía)

Se levanta el viento suele ser catalogada como la cinta más polémica en toda la obra de Hayao Miyazaki. De inicio, porque pocos comprendieron que un eterno pacifista adaptara la vida de Jiro Horikoshi, quien diseñara los aviones empleados por el ejército japonés durante la II Guerra Mundial. A esto sumemos su abrupto uso del realismo tras una carrera caracterizada por la magia. Finalmente porque marcó su despedida con un retiro que se mantiene –al menos parcialmente– hasta nuestros días. Nada de esto evita que Se levanta el viento ascienda entre los principales logros de Ghibli, no sólo por su perfección técnica, sino por su mensaje que rinde homenaje a los genios de la humanidad y les exime de toda culpa por el mal uso de su tecnología.

La tortuga roja (Dir. Michael Dudok de Wit, 2016)
(Vía)

Algunos puristas creen que La tortuga roja no debería ser catalogada como una auténtica película de Ghibli, tanto por la coproducción de Wild Bunch, la dirección del holandés Michael Dudok de Wit y el hecho de que sólo seis animadores japoneses contribuyeron en su realización. Sin embargo, tampoco debemos olvidar que el proyecto surgió tras una petición del propio Hayao Miyazaki, y fue producido y supervisado por el presidente de Ghibli, Toshio Suzuki. El resultado es un híbrido exquisito que combina los mejores elementos de la animación nipona y europea para narrar la historia de un hombre varado en una isla desierta cuya supervivencia cambia tras el encuentro con una tortuga roja. La cinta carece de diálogos, pero sus imágenes son suficientes para transmitir un sólido mensaje de paz y amistad incluso en los momentos de crisis.

Ponyo y el secreto de la sirenita (Dir. Hayao Miyazaki, 2008)
(Vía)

La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro y El increíble castillo vagabundo marcaron el punto más elevado en la carrera de Hayao Miyazaki, por lo que muchos cuestionaron su regreso al cine meramente infantil con Ponyo, sobre un niño que establece una tierna relación con una criatura mágica del mar. El realizador acalló cualquier duda con una historia que si bien resultó digerible para los más pequeños, también se caracterizó por su enorme profundidad al adoptar elementos de obras clásicas como La sirenita de Hans Christian Anderson y El anillo del Nibelungo de Richard Wagner. A esto sumemos sus cualidades artísticas, al olvidarse del CGI para convertirse en una de las últimas películas realizadas completamente con técnicas tradicionales. Aunque esto representó un enorme desafío, el cineasta justificó su decisión al Daily News tras explicar que “el mundo podrá dirigirse a la alta tecnología, pero me gustaría que Studio Ghibli fuera como un barco de madera que navega con velas. Claro que podemos hundirnos. No sé si seamos lo suficientemente fuertes”. Al final, el genio de la animación lo fue, pues Ponyo se convirtió en uno de los mayores éxitos críticos y financieros en toda la historia del estudio.

Kiki: Entregas a domicilio (Dir. Hayao Miyazaki, 1989)
(Vía)

La cinta relata la historia de una joven bruja que aprovecha sus habilidades voladoras para convertirse en mensajera, lo que le permite salir adelante en su nueva vida independiente. En el papel, Kiki puede lucir como una película mucho más sencilla que otras obras de Ghibli. Esto no es completamente cierto, pues la protagonista representa la transición de la infancia a la edad adulta: un personaje aislado, que intenta ser fuerte cuando está llena de dudas emocionales y que debe aprender los valores propios de su nueva edad. Sin embargo, las metáforas del personaje son mucho más complejas, pues algunos consideran que la hechicera también es un reflejo de una sociedad japonesa altamente tradicional que muchas veces se rehúsa a abrazar otras costumbres, lo que dificulta su acceso absoluto en un mundo cada vez más global.

El increíble castillo vagabundo (Dir. Hayao Miyazaki, 2004)
(Vía)

El viaje de Chihiro abrió la magia de Ghibli al mundo entero y centró la atención en el próximo estreno del estudio: El increíble castillo vagabundo. La cinta –inspirada en la novela de Diana Wynne Jones– narra la historia de Sophie, una joven convertida en anciana por una bruja y quien recurrirá al apoyo de un hechicero con la esperanza de regresar a su estado normal, sólo para descubrir que el personaje también necesita ser salvado de sus propios demonios. Quizás esta película no igualara los éxitos de su antecesora, pero esto no le impide ser una de las grandes joyas del estudio. Buena parte de su encanto radica en el uso de simbolismos para cada uno de sus personajes, donde el castillo representa al propio Howl, Calcifer los deseos ardientes del corazón y Sophie la experiencia obtenida con la edad adulta. Mención aparte para la historia, pues su realización en plena guerra entre Estados Unidos e Irak la dotó con un intenso mensaje antibélico, donde Hayao Miyazaki critica directamente la personalidad de quienes fomentan estos males. A pesar de ello, el cineasta también mantiene sus esperanzas y concluye que hasta las personas más tiránicas son capaces de cambiar en beneficio del bien común.

Mi vecino Totoro (Dir. Hayao Miyazaki, 1988)
(Vía)

Studio Ghibli nunca tuvo mucha confianza en Mi vecino Totoro e incluso estaba listo para un tropezón financiero que intentó evitar con la doble proyección de una película más madura como La tumba de las luciérnagas. Al final, la criatura no fracasó durante su estreno, pero tampoco tuvo una gran aceptación entre el público. La situación cambió cuando la figura de Totoro fue puesta en venta, pues las audiencias niponas fueron capturadas por su simpatía, le convirtieron en referente inmediato del estudio y lo ubicaron entre los personajes más populares de la animación mundial. Un desenlace justo para la que la sido definida como la cinta más personal en la filmografía de Hayao Miyazaki, sobre dos niñas que se mudan al campo para estar cerca de su madre enferma, ignorantes que ahí conocerán una criatura mágica que les ayudará en sus penas.

Nausicaä: Guerreros del viento (Dir. Hayao Miyazaki, 1984)
(Vía)

Quizá Nausicaä no fuera realizada por Ghibli, pero los aficionados le abrazan como tal por ser obra de Hayao Miyazaki –no sólo en la dirección, sino que está basada en su manga homónimo– y porque su éxito motivó la creación del estudio al año siguiente. La cinta se desarrolla en un mundo post-apocalíptico, donde la princesa Nausicaä debe encontrar la manera de evitar un conflicto que podría conducir a la utilización de una arma ancestral y marcar el fin del planeta entero. Una cinta sumamente poderosa y que pretende transmitir un mensaje de paz al criticar la cada vez más peligrosa tecnología bélica. A esto sumemos su fuerte carga ecologista, pues más allá del universo decadente en que se desarrolla, una de las razas involucradas en el conflicto es integrada por insectos mutantes gigantes que son considerados peligrosos y atacados sin piedad. El resultado final ha permitido que Nausicaä sea considerada una de las mejores películas de todos los tiempos.

La tumba de las luciérnagas (Dir. Isao Takahata, 1988)
(Vía)

Quizá Hayao Miyazaki sea el mayor referente de Ghibli, pero esto no lo convierte en su único genio creativo, siendo La tumba de las luciérnagas el mejor ejemplo de ello. El director y co-fundador del estudio, Isao Takahata, aprovecha el cuento autobiográfico de Akiyuki Nosaka para realizar una de las obras más desgarradoras en toda la historia del cine animado, sobre un joven nipón que intenta proteger a su hermana menor de la hambruna, las enfermedades y otros horrores surgidos tras la culminación de la II Guerra Mundial. Aunque muchos han aplaudido su mensaje pacifista, el cineasta ha reiterado que su primera intención nunca fue criticar la guerra, sino el aislacionismo de algunos sectores de la sociedad, provocado en muchas ocasiones por la indiferencia hacia la desgracia ajena.

La princesa Mononoke (Dir. Hayao Miyazaki, 1997)
(Vía)

La princesa Mononoke fue considerada por años como el mayor logro en la carrera de Hayao Miyazaki. La trama fusiona historia antigua y viejas leyendas del país oriental para abordar un doble mensaje de ambientalismo y pacifismo. Después de todo, la cinta se centra en una batalla entre una comunidad minera y los usurpados dioses del bosque. Aunque suene a temas recurrentes en la filmografía del estudio, su riqueza radica en la manera en que ambos son transmitidos, pues se trata de una historia sin héroes ni villanos bien definidos y donde cada parte lucha por un mejor estilo de vida en el mundo cambiante. Esta clase de conflictos obligan al surgimiento de héroes improbables, que contra todos los pronósticos, son los únicos capaces de lograr un cambio verdadero.

El viaje de Chihiro (Dir. Hayao Miyazaki, 2001)
(Vía)

Mi vecino Totoro refrendó a Ghibli entre las audiencias niponas, pero El viaje de Chihiro marcó su consolidación en el mundo. La historia –que ha sido comparada con Alicia en el País de las Maravillas y El mago de Oz– sigue a una niña que debe adentrarse en el mundo de los espíritus para rescatar a sus padres, quienes fueron transformados en cerdos por una bruja oriental. La película ha sido aclamada por sus tributos a la cultura japonesa con toda clase de personajes fascinantes, pero también por aprovechar su mitología para la construcción de un singular coming of age. Estas cualidades no pasaron desapercibidas para la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que la reconoció con el Oscar a Mejor película animada por encima de filmes mucho más taquilleros como Lilo & Stitch o La era de hielo. Estos factores fueron fundamentales para que El viaje de Chihiro popularizara el anime por el mundo entero, concediera nuevos bríos a la técnica tradicional y se ubicara entre las máximas joyas animadas de todos los tiempos.

Algún día me uniré a los X-Men, la Alianza Rebelde o la Guardia de la Noche. Orgulloso integrante de Cine PREMIERE desde el 2008.

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