Revsita del Mes Suscríbete
Podcast de Cine PREMIERE #144 – Depredadores millonarios

El depredador, Locamente millonarios

September 2018

Suscríbete a la revista Media Kit

Síguenos Social

Suscríbete al Newsletter Newsletter

Recibe las mejores noticias de cine, series, trailers y críticas

TOPS Listas

Las mejores películas LGBT de los últimos años

Por:

19-02-2018
películas lgbt

Recopilamos las mejores películas LGBT de los últimos años, las cuales destacan por la representación que hacen de este colectivo y sus diversas experiencias.

Para la gente que no forma parte de una minoría, los conceptos de visibilidad y representación en los medios de comunicación -y en específico, en las películas LGBT-, pueden ser un poco difíciles de comprender. En los últimos años, la principal queja que existe entre las audiencias cuando se habla de diversidad suele ser: “¿por qué todos los personajes tienen que ser gay?“.

No obstante, cuando uno ve las estadísticas de organizaciones como GLAAD, uno puede darse cuenta de dos cosas: la primera, que no todos los personajes en el cine son homosexuales (sólo 23 de los 125 filmes que fueron estrenados en 2016 por alguno de los grandes estudios en Estados Unidos tenían personajes que formaban parte del colectivo LGBTQ+) y la segunda, que cuando estos personajes existen, muy pocas veces tienen la oportunidad de contar su historia, ya sea porque sirven como elementos de la trama de alguien más, o en el peor de los casos, porque actúan como personajes incidentales.

Gran parte de la riqueza del cine, y de cualquier arte, reside en la oportunidad que tenemos de vernos reflejados en alguien más, de ocupar otras vidas durante cierto tiempo y más importante aún, de entender al otro mientras nos ponemos en sus zapatos. Por lo anterior, es de suma importancia que estudios independientes, directores y artistas sigan contando historias que desafíen lo establecido y confronten a las audiencias con una experiencia humana diferente.

Por eso hicimos una recopilación con las mejores películas LGBT que se han estrenado en los últimos años (y que para mala suerte del público, no han tenido una corrida comercial importante en nuestro país). En este punto, cabe mencionar que tratamos de alejarnos de aquellos filmes que son una elección obvia en este tipo de listas (Secreto en la montaña, Milk, Luz de luna, La vida de Adele, etcétera) con la intención de explorar títulos y directores menos conocidos y darle una oportunidad a películas que esperan ser descubiertas por todas las audiencias, en especial por aquellas personas que más las necesiten.

Ratas de playa (Beach Rats, 2017)

Dirigida por Eliza Hittman, Ratas de playa (como se estrenó en México durante un breve periodo en la Cineteca Nacional), cuenta la historia de Frankie (Harris Dickinson), un joven de Brooklyn que pasa sus días fumando mariguana con sus amigos. Sin embargo, Frankie vive un conflicto interno que lo obliga a buscar citas por internet con hombres mayores mientras trata de evadir, como sea posible, la enfermedad de su padre que parece haber infectado a toda su familia.

Estrenada en el Festival de Sundance del año pasado, donde Hittman obtuvo un premio por su dirección, Beach Rats es una fuerte exploración del conflicto que genera la homosexualidad en un ambiente donde la masculinidad es tóxica y opresiva. La cinta no ofrece respuestas fáciles, está muy lejos de los finales felices a los que Hollywood nos tiene acostumbrados y además, hace algo que pocas películas LGBTQ+ se atreven hacer hoy en día: confrontar al espectador e incomodarlo con la experiencia de Frankie, quien es un personaje desagradable y a pesar de ser una víctima de su situación, está muy lejos de los estereotipos que suelen existir en filmes como éste.

El centro de mi mundo (Die Mitte der Welt, 2016)

Basada en un libro del escritor alemán Andreas Steinhöfel, El centro de mi mundo es una película alemana dirigida por Jakob M. Erwa que tuvo algunas funciones en México durante el pasado Festival Mix de Diversidad Sexual en Cine y Video. En esta cinta, Phil (Louis Hofmann) es un joven de 17 años que regresa del campamento de verano para ver su vida perturbada por el nuevo chico de su escuela y la extraña conducta de su gemela, Dianne, quien pasa los días peleando con su madre. La relación que Phil entabla con Nicholas (Jannik Schümann) termina siendo tan intensa que lo obliga a replantearse quién es, en ese momento, el “centro” de su mundo.

Alejándonos un poco del drama que comúnmente es asociado con las películas LGBTQ+, El centro de mi mundo es un filme coming of age que toca todos los puntos que se esperan del género, pero al darles una resolución distinta a la que esperamos, convierte la historia de Phil en una más humana y realista de lo que tenía obligación de ser. Esperanzadora sin caer en lo cursi y divertida sin llegar a ser una comedia, Die Mitte der Welt es un retrato sobresaliente de un adolescente homosexual que está tratando de encontrar su lugar en el mundo.

Closet Monster (2015)

Dirigida y escrita por Stephen Dunn, Closet Monster sigue a Oscar Madly (Connor Jessup) mientras trata de entender su sexualidad y lo que siente por Wilder (Aliocha Schneider), un compañero del trabajo. Sin embargo, gracias a la actitud homofóbica de su padre, Oscar sólo puede platicar con su hámster, Buffy (Isabella Rossellini), quien trata de ofrecerle consejos cada vez que tiene algún problema.

El debut cinematográfico de Stephen Dunn es un coming of age que a primera vista puede parecer peculiar y fuera de lo común. Sin embargo, el filme aborda temas complejos de una forma original y accesible para todas las audiencias: el divorcio de sus padres, la escena de violencia de la que fue testigo cuando era pequeño y el conflicto que le genera a Oscar su propia homosexualidad son sólo algunas de las problemáticas que Dunn desarrolla en su guion sin que este caiga en lo excesivamente dramático o didáctico. Por el contrario, gracias a una cinematografía que remite a lo onírico, Dunn hace del imaginario de Oscar un lugar que puede parecer desolado en ocasiones, pero también un mundo donde incluso el más grande dolor es una bella experiencia.

Tangerine: chicas fabulosas (Tangerine, 2015)

Tangerine probablemente fue una de las películas más divertidas de 2015 y una de las pocas que trata el tema de la prostitución por parte de personas transgénero. La cinta, que fue filmada con tres iPhones 5s, te lleva de las risas al drama para terminar con una escena que ataca tus emociones de forma inesperada.

En Tangerine, Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodriguez) acaba de salir de prisión cuando su amiga Alexandra (Mya Taylor) le cuenta por accidente que su novio y pimp, Chester (James Ransone), la engañó con una mujer cisgénero mientras estuvo presa. Esto ocasiona una serie de enredos que llevan a Sin-Dee Rella por varias partes de California y que la ven tratando de encontrar a su nueva enemiga, Dinah (Mickey O’Hagan). La película finalmente alcanza su clímax en una memorable escena dentro de una tienda de donas, donde la amistad entre Sin-Dee Rella y Alexandra es puesta a prueba.

El director Sean Baker, quien pronto estrenará en México El proyecto Florida (2017), logra construir una historia que te atrapa desde la primera escena. De igual forma, las actuaciones por parte de Mya Taylor y Kitana Kiki Rodriguez parecen de actrices que llevan años en la industria, por lo que es un tanto sorprendente descubrir que éste fue su debut cinematográfico. Con una exploración de una de las subculturas menos vistas en la pantalla grande y el logro de contratar a dos personas transgénero como protagonistas, Sean Baker hace de Tangerine una película que trasciende sus logros tecnológicos para darnos una experiencia única de Hollywood, California.

Spa Night (2016)

Dirigida por Andrew Ahn, Spa Night es una película que explora la vida de David (Joe Seo), un joven coreano-americano, que está en el clóset mientras trabaja en un spa en Los Ángeles, California. Sin embargo, la cinta también es la historia de un joven que descubre su sexualidad en medio de todas las expectativas que tiene su familia sobre su futuro, las cuales son acentuadas por el contexto cultural en el que viven.

Spa Night es menos erótica de lo que su título sugiere, pero no por esto es menos íntima en su exploración del personaje interpretado por Joe Seo. Durante toda la película, el espectador se vuelve un voyeur de la vida de David, quien a su vez es un observador de todo lo que ocurre a su alrededor, en especial de una dinámica familiar que la mayoría de las veces lo limita y lo reprime. Con silencios que abundan y un ritmo lento, Spa Night está llena de momentos donde el conflicto va más allá de las palabras y las secuencias que presenta son de una sensualidad sutil pero compleja con todo lo que trata de decir acerca del despertar sexual del protagonista.

El extraño del lago (L’Inconnu du lac, 2013)

El cruising es una actividad frecuente dentro de la comunidad LGBTQ+. Sin embargo, también es una práctica que ocurre en silencio; todos han escuchado hablar de ella, pero nadie se atreve a nombrarla en voz alta. Bajo este escenario, El extraño del lago se convierte en un thriller con toques de drama que retrata con creces la desesperación, urgencia y riesgos que conlleva este tipo de actividad.

Franck (Pierre Deladonchamps) visita frecuentemente el lago donde varios hombres van en busca de encuentros y un poco de sol. Ahí, Franck conoce a Henri (Patrick d’Assumçao), un hombre con el que suele platicar pero cuya relación nunca se vuelve física. Su “amistad” se ve fracturada con la llegada de Michel (Christophe Paou), quien se convierte en una obsesión para Franck. Con el paso de los días, Franck se enamora perdidamente de Michel, quien resulta ser un asesino buscado por la justicia.

La cinta dirigida y escrita por Alain Guiraudie es un logro cinematográfico notable porque logra hacer de una historia de amor, un thriller que es a partes iguales atractivo, sexy y lleno de suspenso. Asimismo, Guiraudie explora la soledad latente entre los hombres homosexuales y cómo el sexo a veces llena y agranda estos vacíos emocionales que terminan destruyendo a quien los padece. Además del conflicto sentimental, el director también examina los impulsos físicos naturales de los seres humanos y hasta dónde puede llegar un individuo para satisfacerlos. Combinados estos aspectos, El extraño del lago se convierte en un filme que te mantiene al borde de tu asiento, pero que también te confronta con preguntas que no son nada sencillas de responder.

Lovesong (2016)

Dirigida por So Yong Kim, Lovesong cuenta la historia de Sarah (Riley Keough), quien llama a su mejor amiga, Mindy (Jena Malone), para invitarla a un roadtrip después de sentirse abrumada por la vida tan solitaria que lleva. Es en este viaje que Sarah y Mindy terminan conectándose más allá de lo que imaginaron posible, pero gracias a un malentendido, Mindy termina alejándose de Sarah durante tres años. Después de este tiempo, Mindy sorprende a Sarah con una invitación a su boda, evento en el que ambas se darán cuenta de los errores que cometieron todo este tiempo.

El punto fuerte de Lovesong es el cuestionamiento que plantea sobre la conformidad heterosexual a la que algunas personas se sienten sujetas. En papel, Sarah y Mindy son la pareja perfecta y ambas lo saben; no obstante, el desenlace de su historia es triste por lo poco que sus personajes hacen al respecto. Esta conformidad por parte de sus protagonistas no hace de la cinta algo fácil, sencillo o predecible; por el contrario, Lovesong confronta al espectador con la máxima pregunta por excelencia: ¿hubieras hecho algo diferente? Con un evento tan importante como tu boda (y por ende, el resto de tu vida) a la vuelta de la esquina, en la vida real no existen cambios de último minuto.

God’s Own Country (2017)

God’s Own Country podría ser un versión actualizada de Secreto en la montaña – con menos cowboys y cortes de cabello modernos-, pero la historia escapa la latente sombra de esta cinta y alcanza un grado de intimidad con sus personajes que Ang Lee nunca logró en su proyecto. Despojado de tramas secundarias innecesarias, el debut cinematográfico de Francis Lee se centra en Johnny (Josh O’Connor), un joven que es responsable de la granja de su padre, pero que pasa su vida enojado y alcoholizado. Afortunadamente, Johnny encuentra un soporte inesperado en Gheorghe (Alec Secareanu), un trabajador rumano que llega a ayudar a la familia con las tareas de la granja a cambio de un lugar para dormir. A través de las actividades que realizan juntos, ellos inician una relación que cambia por completo la actitud de Johnny hacia su vida y las limitadas posibilidades que ésta le ofrece.

Es tal la ternura que existe en la historia de God’s Own Country que es muy fácil pasar por alto sus errores. Aunque la relación entre Johnny y Gheorghe es por momentos tóxica y otras veces inverosímil -en toda la película nunca nos explican qué es lo que Gheorghe ve en Johnny, por ejemplo-, O’Connor y Secareanu venden tan bien sus papeles que es imposible no cruzar los dedos en favor de su romance.

A pesar de que nunca se exploran otros conceptos llamativos a profundidad -como la relación que puede existir entre la violencia y la homosexualidad de Johnny-, debemos concederle al filme que éste explota la fragilidad de su protagonista de otras formas que visualmente también son muy interesantes: ya sea a través de la dinámica que se desarrolla durante sus encuentros con Gheorghe o de los simples gestos que intercambia con él en algunas escenas, la evolución de Johnny trasciende la trama del chico que acepta su homosexualidad para darnos una historia más compleja que ve a un hombre luchando con la idea de mostrarse vulnerable ante otro ser humano.

120 latidos por minuto (120 Battements par minute, 2017)

Existen varias teorías respecto al porqué esta cinta no fue tan exitosa en América como lo fue en Europa, pero la más aceptada es aquella que señala la incomodidad que aún nos genera hablar de temas como el VIH y el SIDA dentro de la comunidad LGBTQ+. El acuerdo general indica que el VIH es un virus que cobraba vidas en la década de los 80, pero que hoy  se puede prevenir (e incluso olvidar, según algunas personas). Sin embargo, el tema del VIH no ha pasado de moda en absoluto y 120 latidos por minuto es una película que a pesar de transcurrir en los 90, todavía es relevante en nuestra época.

Tomando como experiencia su participación en la agrupación ACT UP, el director Robin Campillo cuenta la historia de un grupo de activistas que trata de generar consciencia sobre el VIH en la sociedad francesa de principios de los 90, al mismo tiempo que confrontan a la farmacéutica Melton Pharm por las investigaciones que se realizaron sobre el virus y que la corporación retiene sin ninguna explicación. Conforme avanza la historia, 120 latidos también se enfoca en el creciente romance entre Sean Dalmazo (Nahuel Pérez Biscayart) y Nathan (Arnaud Valois), un nuevo integrante de ACT UP que es testigo de los estragos del SIDA a su alrededor.

El mayor logro de la cinta es el retrato, sin complejos, implacable y diverso, del colectivo LGBTQ+. Mientras otras películas LGBT (como Llámame por tu nombre, por ejemplo) evaden poner etiquetas y valga la redundancia, llamar las cosas por su nombre y mostrarlas tal y como son, 120 latidos no tiene miedo de incomodar a su espectador. Campillo nos muestra, al mismo tiempo, el placer que existe en cualquier relación homosexual y la tragedia que conlleva el padecer una enfermedad como lo es el SIDA; pero en medio de todo eso, el director también cuenta una historia de esperanza y lucha que debería inspirar a cualquier joven LGBTQ+ a conocer la historia de todos aquellos que vinieron antes.

Hoy quiero regresar solito (Hoje Eu Quero Voltar Sozinho, 2014)

El cine brasileño a menudo tiene buenas películas que se pierden gracias a la mala distribución que existe en otros países. Sin embargo, Hoy quiero regresar solito logró escapar de este problema y fue un éxito desde que se presentó en 2010 como un cortometraje realizado por el director Daniel Ribeiro. De hecho, el éxito del cortometraje fue tan grande que Ribeiro consiguió el presupuesto necesario para explorar la historia de sus personajes en forma de largometraje, el cual obtuvo reconocimientos en la edición 64 del Festival Internacional de Cine de Berlín y que hasta la fecha ostenta el título como uno de los más vistos en Brasil el día de su estreno.

Hoy quiero regresar solito cuenta la historia de Leonardo (Ghilherme Lobo), un joven ciego que busca reclamar su independencia en medio de la sobreprotección que le brindan sus padres. Durante su lucha, él conoce a Gabriel (Fabio Audi), un chico del que termina enamorándose y que termina ayudándolo a superar sus miedos.

Esta coming-of-age brasileña no tiene mayores pretensiones excepto la de contar una historia que derrocha inocencia gracias a la relación entre sus personajes y a las actuaciones de los protagonistas. Se agradece también que incluso cuando la cinta es bastante ligera respecto al manejo del tema LGBTQ+, ésta nunca pierde el piso o se olvida de los problemas que alguien como Leonardo podría enfrentar en el mundo real. Pocas veces tenemos la oportunidad de ver historias donde personajes homosexuales tengan un final feliz (y creíble, sin ser exagerado), pero Hoy quiero regresar solito cumple esta tarea a la perfección.

Soy fan de los slasher y me gustaría vivir en una película de terror. De grande quiero ser como Sidney Prescott. Algún día escribiré un best seller. Me gustan los libros, las series y obviamente, el cine.

Notas relacionadas

También podría interesarte:

Comentarios