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CRÍTICAS Cine

Mi papá se llama Lola – Crítica

Calificación Cine PREMIERE: 3
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08-02-2019

A pesar de lo que su título en español parece apuntar, Mi papá se llama Lola es un drama sobre la compleja relación entre un padre transexual y su hijo.

Título original: Lola Pater
Año: 2017
Director: Nadir Moknèche
Actores: Fanny Ardant, Tewfik Jallab, Nadia Kaci
Fecha de estreno:08 de February de 2019 (MX)

Lejos de aludir a un drama sobre la compleja relación entre un padre transexual y su hijo que se reencuentran después de más de 20 años, sin que el hijo supiera algo sobre el cambio de sexo de su padre, el título Mi papá se llama Lola, endilgado por la distribuidora a esta cinta francobelga, parece el de una comedia. Pero el cuarto largometraje de Nadir Moknèche, aunque no está exento de humor, no se detiene en él. Y tampoco se vuelca en el melodrama ni en aspectos moralizantes.

El también guionista opta por una historia sobre la identidad, los prejuicios, la aceptación, la intolerancia, el afecto, la ausencia, el dolor, el duelo, el abandono, el amor y los lazos entre un padre y su hijo. Y lo hace a partir de un tema complejo como es el cambio de sexo, que se presta a la reflexión y el debate porque implica un posicionamiento inicial por parte del público, pero no desde la perspectiva entre decidir o no hacerlo, sino desde la de una cuestión de género a partir de una óptica netamente masculina. Además de que alude a la paternidad y al nulo ejercicio de la misma.

Zino (Tewfik Jallab), el hijo, va a buscar a su padre, Farid (excelente Fanny Ardant), de quien tiene vagos recuerdos pues un día simplemente se marchó para no volver jamás. No lo busca para querer cerrar círculos, pues siente un profundo rencor por el hombre que los abandonó, sino porque ha muerto su madre, Malika (Lubna Azabal, actriz recurrente en la filmografía de Moknèche), y debe arreglar el asunto de la herencia, para lo cual requiere la firma del padre. Lo que desconoce es que este ya no es Farid, sino Lola, una entusiasta maestra de baile con la que deberá interactuar cuando ella decida viajar a París para arreglar las cosas, como es en principio hacerle saber que decidió cambiar de sexo.

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Zino, quien trabaja como afinador de instrumentos musicales, deberá primero superar no sólo sus rencores añejos, sino sus propios prejuicios. Mientras que Lola deberá aprender a superar las barreras impuestas por su hijo para poder construir una relación con él. Moknèche sabe que las relaciones padre/hijo, contrario a las de madre/hijo que se desarrollan mayoritariamente de manera natural, se basan en una construcción afectiva artificial para poder afianzar aquello que se ha dado en llamar la figura paterna, como ocurre en cintas como la argentina El abrazo partido o incluso en El perfecto asesino. Y al saberlo, ha decidido llevar por ese cauce su película.

Apoyado en una fotografía estéticamente funcional cortesía de Jeanne Lapoirie (Nikita, 1990), en una actuación destacada de la veterana Ardant, quien se mueve a medio camino entre la desmesura, la desfachatez, la elegancia y la desesperanza, y en un score de Pierre Bastaroli (que ha trabajado en cine únicamente en las cuatro películas de Moknèche) que puntualiza las emociones con sobriedad, la historia de Mi papá se llama Lola avanza desprovista de dramatismos innecesarios.

Alude al cambio de sexo sin moralizar, pero sí invitando a la reflexión y se centra en una relación en la que ninguno de los involucrados sabe dónde pisar. Moknèche hace un filme interesante, pero con una evidente intención de no caer en excesos, de no volcarse en el melodrama, de poner en la mesa un tema complejo como el de la transexualidad sin meterse hondamente en él pues todavía provoca ámpula. Hay una contención que impide que Mi papá se llama Lola trascienda más allá de una anécdota interesante que alimenta un filme interesante resuelto con pulcritud y eficacia. Las vetas del duelo y el dolor quedaron arrinconadas en un segundo plano, por ejemplo, y a la relación padre/hijo, a pesar de todo, le hace falta dejarse llevar por sus complejidades.

Si te interesó esta nota, Cine PREMIERE te recomienda ver:
  • El abrazo partido (Daniel Burman, 2004)
  • Una mujer fantástica (Sebastián Leilo, 2017)
  • Manchester junto al mar (Kenneth Lonergan, 2016)

Nadie quiere acompañarlo al cine porque come palomitas hasta por los oídos e incluso remoja los dedos en el extraqueso de los nachos. Le emocionan las películas de Stallone y no puede guardar silencio en la sala a oscuras. Si alguien le dice algo, él simplemente replica: "stupid white man".

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