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REVISTA Columnas

Mi reconciliación con el blockbuster

Por:

10-12-2008

Fue hace cinco años. Lo recuerdo con claridad. En una entrevista de trabajo para entrar a Cine PREMIERE, en el último escaño, el buen Eddie Scheffler me indicó, tras haberme preguntado mi gusto fílmico y escuchar mi respuesta –ya saben, puro cine "de arte"–, la realidad de la cobertura de cine: "A mí me encantaría […]

Fue hace cinco años. Lo recuerdo con claridad. En una entrevista de trabajo para entrar a Cine PREMIERE, en el último escaño, el buen Eddie Scheffler me indicó, tras haberme preguntado mi gusto fílmico y escuchar mi respuesta –ya saben, puro cine "de arte"–, la realidad de la cobertura de cine: "A mí me encantaría tener a, no sé, Irene Jacob o Wim Wenders en la portada, pero no es lo que vende. Ya aprenderás". Sobra decir que conseguí el trabajo y que aquí ando. Recuerdo que salí de la oficina –no en la que laboramos ahora, sino un edificio en Montes Urales que se encontraba en plena remodelación, se sentían los martillazos todo el día, y el polvo– contento por lo que había sentido era una buena entrevista, pero también medio sacado de onda. Una de mis primeras labores en CP fue checar las pruebas de color de el especial de El retorno del rey. "Sí, me dije, ahora mi vida será hablar de blockbusters". Me siguen gustando más las películas pequeñas, las de aliento más autoral, pero en estos cinco años he aprendido a reír, llorar y emocionarme con los blockbusters.

Creo que era un tanto, o un mucho, elitista en cuanto a las películas que veía, y me había perdido de verdaderas joyas de la exageración y el abandono. Porque así hay que ver a los blockbuster: como una ópera que entre más exagerada, melodramática, palomera, mejor. En estos cinco años he podido ir a sets de bodrios como Poseidón y La momia 3 pero que, sin embargo, me han dejado maravillado con la pericia artesanal de estos profesionales del maquillaje, del diseño de arte, de la, repito, exageración. No se puede juzgar al sushi y a una hambuguesa de McDonald’s con la misma vara. Así es en el cine.

Disfruté enormemente partes de La guerra de los mundos, la belleza de Scarlett fotografiada por Michael Bay en La isla, las explosiones y más explosiones de 007: Quantum. Y es un goce diferente, es un goce que nos dice que nada es demasiado grande para Hollywood, que en la pantalla el mundo no se rige bajo las mismas reglas y que se puede ser artísticamente vulgar, ser ostentoso, comerciar con la sorpresa.

Sí, cinco años después lo declaro: ¡que vengan más jaladas hollywoodenses!

Bienvenidas

Es investigador del Programa de Culturas Digitales de la Universidad de Sydney. Es el editor fundador de cinepremiere.com.mx y escribe sobre cine, televisión y tecnología en diversos medios nacionales e internacionales.

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